28/6/15

Orgullo sin prejuicios

Banner Please Like Me

Creador: Josh Thomas
Int.: Josh Thomas, Thomas Ward, Debra Lawrance, David Roberts, Renee Lim, Caitlin Stacey, Nikita Leigh-Pritchard, Keegan Joyce
Emisión: 2013 – Actualidad, ABC2 Australia
2 temporadas

Hoy, día del Orgullo LGTB, hay mucho que celebrar, especialmente la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de aprobar el matrimonio homosexual en todos sus estados sin excepción, pero todavía hay mucho por lo que seguir luchando. Ojalá llegue el día en el que un día como hoy deje de tener sentido, porque eso significará que se ha alcanzado la normalización.  El Orgullo es tanto una fiesta que muchos aprovechan para ponerse las botas (perfectamente plausible) como la reivindicación de la visibilidad de algo que durante muchos años nos han intentado (y nos siguen intentando) convencer de que es dañino y vergonzoso cuando en realidad es amor, y es algo real, natural y que no debería ser motivo de exclusión o de privación de derechos humanos.

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Por tanto, qué mejor día que hoy para hablar sobre una serie bastante desconocida pero que va, tal vez sin pretenderlo, de la normalización. Please Like Me es una serie australiana (allá el matrimonio igualitario aún no está reconocido) sobre un veinteañero llamado Josh cuya novia rompe con él porque se ha dado cuenta antes que él mismo de que es gay. Josh empieza entonces la fase de autoaceptación con la respondiente preocupación sobre cómo reaccionará su mejor amigo, sus padres y su entorno, y ya les adelanto que lo hacen de forma completamente natural, sin dramas. Al fin y al cabo, su salida del armario es una nimiedad comparado con la depresión y el intento de suicidio de su madre, con la que se acaba instalando para cuidar de ella.

Plase Like Me

Pero no se lleven a engaños, esto no es un dramón, sino una de esas dramedias en las que los momentos cómicos y los dramáticos se alternan de forma completamente natural, como en la vida misma… y en Girls; Josh Thomas, el creador y protagonista de Please Like Me, podría considerarse el homólogo australiano de Lena Dunham, no sólo por su carácter multifacético y por compartir un estilo narrativo muy similar (ambas son dramedias de 3o minutos y de espíritu hipster) sino porque el personaje de Josh podría ser hermano separado al nacer de Hannah: ambos son carismáticos, ingeniosos, fácilmente inidentificables y dan ganas de darles un par de tortas para que reaccionen ante la realidad; tal vez por eso nos podemos reconocer tanto en ellos.

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De todas formas, lo irritante que puede resultar a veces Josh queda compensado con la ternura que desprenden todos y cada uno de los personajes de la serie. Desde la madre tarumba hasta el amigo distraído, pasando por la novia tailandesa del padre (¡con lo fácil que hubiese sido endosarle el clásico papel negativo de madrastra!) y la tía chapada a la antigua pero pasada de vueltas de todo. Incluso la novia del mejor amigo, un personaje hecho para provocar mofa y del que al final no tienen mucha idea de qué hacer con él, tiene su escena para que le cojamos cariño. La galería de personajes y lo adorables que son es lo que convierte la serie en un ‘happy place’ australiano (el tema de la cabecera ya invita a ello) en el que te lo pasas bien y te preocupas por ellos y esperas que todo les salga bien aunque sepas que no siempre será así. Por cierto, el rodaje de la tercera temporada acaba de concluir así que es de esperar que se emita pronto (ningún canal de habla hispana ha televisado la serie hasta ahora).

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Y terminamos donde empezamos, con el tema de la normalización. Está bien que se hagan series como Looking, centradas en el lobby gay y  en las que todo gire en torno a eso, pero también es importante que se crean historias en las que la condición homosexual del personaje no sea el centro de su trama ni lo que lo defina, sino una parte más de su carácter, como cualquier otra. En Please Like Me, los problemas de la relación de Josh con su madre no tienen nada que ver con su recién descubierta condición sexual, y si bien su primera relación con un chico se resiente porque Josh aún no ha terminado de aceptarse, la siguiente quedará marcada por otras historias. La principal diferencia entre Looking y Please Like Me es que difícilmente la primera pueda interesarle a alguien fuera del colectivo LGTB, pero sí la segunda, porque cualquiera puede sentirse identificado con sus tramas y sus personajes, sin distinción de color de piel, nacionalidad, género o preferencias sexuales. De eso también va la normalización, de no autoexcluirse.

26/6/15

Mormona llena eres de gracia

Poster Electrick ChildrenHabía una vez, una chica de 15 años que vivía feliz en una idílica comunidad mormona fundamentalista del oeste americano donde pasaba los días atendiendo a las enseñanzas de su predicador, que también era su padre, y jugando con sus hermanos y hermanas. Pero una noche, Rachel encuentra una vieja cinta de cassette donde escucha una canción de rock que la cautiva. Semanas después, descubre que algo raro le está ocurriendo: está embarazada, y el responsable sólo puede ser aquel hombre que le canta que “no le deje colgado al teléfono”. Ni corta ni perezosa, Rachel se escapa de la comunidad en su búsqueda, a un lugar totalmente desconocido para ella: Las Vegas.

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Este argumento tan pintoresco pertenece a Electrick Children, ópera prima de la directora y guionista Rebecca Thomas que fue financiada parcialmente a través de una campaña de Crowdfunding, y rodada siguiendo el manual de cine con sello Sundance, esto es, música indie, personajes singulares, factura cuidada y numerosos planos de una gran belleza plástica. Nada sorprendente en la forma pero sí en el contenido. Su premisa daría pie a un siniestro drama a lo Martha Marcy May Marlene o a una comedia disparatada como la serie Unbreakable Kimmy Schmidt (buenísima, ya hablaremos de ella próximamente) pero en vez de eso, Thomas ha optado por realizar una singular e intrigante historia ‘coming-of-age’ de una joven (la angelical Julia Garner) que se cuestiona sus convicciones religiosas y morales cuando se inicia en la cultura pop y conoce a chavales tan diferentes como igual de desorientados que ella, debiendo decidir a qué mundo pertenece, si a su pacífica comunidad familiar o al excitante pero algo decepcionante mundo exterior.

Electrick children

La película sorprende al no emitir juicios fáciles sobre el modo de vida mormón, dejando que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones a través de un devenir de los acontecimientos que no siempre están a la altura de la premisa, pero que desembocan en un desenlace sugerente a la par de enigmático. Aunque puede que la película no deje huella ni sea más que una llamativa curiosidad, da para debate y consigue que nos quedemos tarareando por largo tiempo los versos que dejaron preñada a nuestra heroína. “Don’t leave hanging on the telephone…”

6’5/10

22/6/15

La veda del dino queda reabierta

Poster Jurassic World

Dir.: Colin Trevorrow
Int.: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Nick Robinson, Ty Simpkins, Vincent D’Onofrio, Jake Johnson, Omar Sy, Irrfan Khan, BD Wong
¿De qué va?: 22 años después de los acontecimientos acaecidos en Isla Nublar, el parque temático de dinosaurios con el que soñó John Hammond funciona a pleno rendimiento. En busca de nuevos visitantes y de continuar en el candelabro, los científicos del complejo crean un nuevo dinosaurio de especie desconocida y mucho  más inteligente de lo esperado que empieza a causar estragos en la isla.

Reseña: Hace unos meses estaba en un cine viendo Insurgente cuando de repente me sentí distraído por varias lucecitas. Eran las pantallas de los móviles de todos los adolescentes que había en la sala, hablando por WhatsApp, sin prestarle demasiado atención a una película que habían pagado por ver. Jurassic World, el reboot/secuela de Jurassic Park, parte de la misma problemática: la chavalería de hoy en día no se deja engatusar con facilidad; lejos queda el impacto que causó en el mundo entero el ver en la gran pantalla dinosaurios de un realismo asombroso, así que hay que buscar otra vía para acaparar el interés de la platea: más grande, más dientes, más bestia.

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Así es como comienza la película de Colin Trevorrow (cuya ópera prima, Sin seguridad garantizada, no habrá visto ni el 10% de los espectadores de ésta), con una analogía respecto a lo que está pasando actualmente en los despachos de Hollywood, donde se buscan maneras de conseguir que el público siga acudiendo a los cines tirando por la infalible fórmula de siempre en vez de por la nueva y arriesgada, de tal forma que la propia película acaba asimilando el esquema narrativo de la película original de 1993, pero más tecnológica, espectacular y con más dinosaurios, basándose en la misma idea (el caos desatado cuando el ser humano juega a ser Dios) e intentando ofrecer la misma combinación de acción, comedia, drama familiar y terror. Sin embargo, los cambios de tono no están tan suavizados como en aquel entonces, pasando en cuestión de segundos de un gag cómico a una muerte tremendamente cruel, la más brutal de la saga, para luego continuar con el romance fuera de lugar de su pareja protagonista.

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El espíritu de la guerra de sexos presente en las comedias románticas de los años 40 y 50 revive en los personajes de Chris Pratt y Bryce Dallas Howard. Él, como macho alfa y superviviente nato, y ella como la ambiciosa y testaruda ejecutiva sin tiempo para su familia (de ahí se denota un conservadurismo tan rancio como ‘spielbergiano’). Ambos se pelean y se desean y mientras que Pratt se consolida como el nuevo héroe de acción americano (esta vez sin chascarrillos), Howard se alza como auténtica protagonista de la función, correteando enfundada en sus tacones por toda la isla, un apunte no tan anticuado y surrealista como muchos han creído ver, teniendo en cuenta el resto de la película. Además, la pelirroja le otorga carisma a un personaje que parece diseñado para repeler, y reforzar así la figura del héroe masculino.

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Pasando a los secundarios más reseñables, Nick Robinson y Ty Sympkins, son buenos actores y no resultan tan irritantes como los inevitables críos vistos en películas precedentes. Omar Sy se limita a cubrir el cupo destinado a actores europeos en boga, Vincent D’Onofrio resulta un villano de opereta (nada que ver con el magnífico Kingpin que encarna en la serie de Daredevil) y Jake Johnson consigue despuntar en un personaje gracioso pero no cargante que además ejerce una función muy meta, al representar al fan que revindica la obra original por encima de secuelas y demás remedos.

Jurassic World

Leyendo hasta aquí parece que no me ha gustado demasiado Jurassic World, pero la verdad es que sí, y bastante. Es cine de evasión puro y duro, dos horas que se pasan volando y sin tiempos muertos (a ver quién es el listo que se atreve a mirar su móvil), con unos intérpretes que suplen con carisma la simpleza de sus personajes, y con un factor nostalgia que juega mucho a su favor, puesto que sabe cómo gestionarlo: a través de una mirada cariñosa hacia la cinta original (las secuelas quedan un tanto olvidadas) mediante guiños que adoptan múltiples formas, como la inconfundible partitura musical de John Williams.  Y claro, también están los dinosaurios, que ya no parecen tan auténticos, pero nos siguen cautivando y asombrando por igual. Vamos, que esta visita al parque jurásico puede ser toda una experiencia, siempre y cuando nos atengamos a la suspensión de incredulidad.

7/10

19/6/15

O.C: El placer (1952)

Poster El placer¿De qué va?: Tríptico que gira en torno al placer. El primer episodio empieza con un extraño hombre que asiste a un popular baile de máscaras en País, donde se mueve hasta caer extenuado. El segundo tiene que ver con lo que ocurre en un pueblo cuando el prostíbulo cierra al acudir la madame con sus chicas a la comunión de su sobrina, y el tercero sobre la historia de amor entre un famoso pintor y la modelo de todas sus obras.

Reputación: En plena cima artística de su carrera, el francés Max Ophüls dirigió El placer (Le plaisir), basándose en tres cuentos de su admirado escritor Guy de Maupassant: le Masque, la Maison Tellier y le Modèle. En un principio, el tercer fragmento de la película iba a adaptar La femme du Paul, pero por razones financieras y un cambio de productor a última hora, el cuento fue descartado en favor de le Modèle; sin embargo, el casting de actores permaneció intacto. La película fue nominada al Oscar a mejor dirección artística en blanco y negro en 1952 y fue una de las favoritas de Stanley Kubrick, percibiéndose su influencia en varias de sus películas: existen reminiscencias del primer episodio en Eyes Wide Shut (1999) y en La naranja mecánica (1971) se utiliza un plano subjetivo muy similar al que aparece en la película para filmar un intento de suicidio.

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Comentario: Con El placer, uno queda prendado de entrada ante el brío con el que Ophüls mueve la cámara y coreografía cada escena, inusitadamente complejo para una película de época, y con una elegancia extrema que rara vez se ve en el cine de ayer y hoy; véase el baile de máscaras del primer relato o la forma en la que nos presenta la casa de citas, haciendo un recorrido por las habitaciones tan sólo asomándose a las ventanas, como si de una casa de muñecas se tratase. Su poderío visual es lo que capta nuestra atención, pero luego son los relatos que nos cuenta los que hacen que permanezcamos enganchados a esta oda al placer, o mejor dicho, a la nostalgia que despierta al recordar lo que sentíamos cuando éramos jóvenes, cuando éramos inocentes o cuando estábamos enamorados, encargándose la voz en off de subrayar algo que ya está implícito en las bellas imágenes. Personalmente, me gustó más tanto Carta de una desconocida como La ronda, pero ésta también me ha conmovido, siendo una reproducción fidedigna de lo esclavizados que estamos todos a la efimeridad del placer; a fin de cuentas, si durara para siempre dejaría de serlo.

Próximo visionado: Repulsión (1965)

18/6/15

La elección es de la dama

Poster Lejos del mundanal ruido

Dir.: Thomas Vinterberg
Int.: Carey Mulligan, Matthias Schoenaerts, Michael Sheen, Tom Sturridge, Juno Temple, Jessica Barden, Hilton McRae, Bradley Hall
¿De qué va?: Bathsheba Everdene es una muchacha de mediados del siglo XIX  obstinada e independiente, propietaria de una extensa granja y en posición de elegir entre los tres pretendientes que le rondan: Gabriel Oak, un ganadero dedicado a la cría de ovejas; William Boldwood, un maduro y próspero soltero, y Frank Troy, un apuesto y joven sargento.

Reseña: Si usted, querido lector, se plantea dirigir un drama de época, basado en una novela o una historia previamente adaptada, tiene dos posibilidades para destacar por encima del resto: tirar por un planteamiento radical u original, como la María Antonieta de Sofia Coppola o la Anna Karenina de Joe Wright (tan fallida como arriesgada), o bien trabajar mucho los personajes y la trama amorosa para robarle el corazón al espectador, como el Orgullo y prejuicio del citado Wright. De lo contrario, por muy correcto y clásico que haya sido, corre el peligro de quedarse en tierra de nadie y ser parte del montón.

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No sabemos muy bien las motivaciones que condujeron a Thomas Vintenberg, uno de los padres del cine dogma, a realizar una nueva adaptación del clásico literario Lejos del mundanal ruido de Thomas Hardy. Tal vez quería probar algo diferente. Lo cierto es que, en esta ocasión, la dirección de Vintenberg es generalmente sobria, pero tiene algunos detalles personales, como la proliferación de primeros planos con cámara en mano, ciertas escenas bastante duras que destacan por su sobriedad, sin música ni efectos que realcen el impacto, y sobre todo, un encuentro en un claro del bosque de evidente contenido metafórico, perfecta en su ejecución tanto en el guión como en el montaje, y juguetona con el puritanismo de películas de este género. Probablemente, sea una de las mejores escenas que nos dejará la cosecha cinematográfica de este año.

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A fin de cuentas, la historia gira en torno a una mujer adelantada a su tiempo (perdón por el tópico), orgullosa de su independencia pero que acaba rindiéndose al amor ante tres hombres con algo único que ofrecerle: uno seguridad y estabilidad, otro locura pasional y el tercero comprensión y ternura. Pocas actrices pueden expresar tanto con tan poco ni aguantar tan bien un primer plano como Carey Mulligan, fantástica como de costumbre. Matthias Schoenaerts también es capaz de traspasar el hermetismo de su personaje para exteriorizar sus emociones, y los otros dos pretendientes, Michael Sheen y Tom Sturridge, también realizan buenos trabajos, a pesar de que este último sea el personaje peor representado; su historia se siente atropellada y su evolución de trazo grueso.

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Lejos del mundanal ruido se queda a medio camino entre la luminosidad de Orgullo y prejuicio y la tenebrosidad del Jane Eyre de Cary Fukunaga. Resulta bastante academicista salvo en los momentos en los que Thomas Vinterberg se olvida del corsé, pero lo peor es que a pesar de que se siga con interés y embelesamiento (la fotografía y la banda sonora son preciosas) no emociona ni conmueve. Con todo, es una película notable, irreprochable en casi todos sus aspectos pero que le falta algo, calidez más allá de sus bellos atardeceres, para hacernos vibrar irracionalmente, de la misma forma en la que Bathsheba aparca sus convicciones para rendirse ante los sinsabores y las alegrías del amor.

7/10

16/6/15

Práctica doble

Poster Aprendiendo a conducir

Dir.: Isabel Coixet
Int.: Patricia Arquette, Ben Kingsley, Grace Gummer, Jake Weber, Sarita Choudhury, Samantha Bee, Daniela Lavender
¿De qué va?: Wendy es una escritora neoyorkina que decide sacarse el carnet de conducir al tiempo que su matrimonio se rompe. Para ello toma clases con Darwan, un refugiado sij que se gana la vida trabajando como taxista e instructor en una autoescuela.

Reseña: Isabel Coixet no es santo de mi devoción. La conocí a través de Mi vida de mí, de la que me enamoré, pero nunca conecté de la misma manera con el resto de sus películas (La vida secreta de las palabras, Elegy, Cosas que nunca te dije…) porque, sobre todo, me parecía que forzaba demasiado el drama. Tal vez por eso, su penúltimo trabajo pero primero de encargo (esta mujer tiene un ritmo de trabajo demencial) , me parece un soplo de aire fresco en su carrera, porque tal y como ella dijo en su presentación en el Festival de Málaga, es su primera película con la que “al salir no te quieres cortar las venas”.

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Basada en un artículo de prensa sobre la experiencia personal de su autora, Aprendiendo a conducir se fundamenta sobre un esquema narrativo presente en multitud de comedias: el choque cultural entre dos caracteres opuestos que acaban por encontrar algo que los une. Por un lado, tenemos a una mujer un tanto histérica y de vida acomodada cuya apacible vida matrimonial se derrumba cuando su marido la deja por una mujer más joven, y por el otro, tenemos a un hombre tranquilo y humilde que trabaja de sol y a sol y se prepara para empezar un matrimonio concertado. La primera debe aprender a emanciparse mientras que el segundo debe aprender a vivir en pareja, con las lecciones de conducir como cauce de su ayuda y comprensión mutua y como metáfora de su aprendizaje vital. Mis prácticas no fueron ni la mitad de agradables ni de valiosas.

Aprendiendo a conducir

La película tira de fórmula clásica y funciona tirando de simpatía, sensibilidad y del buen hacer de sus actores. A pesar del rechazo inicial que podamos sentir por  Patricia Clarkson terminamos encariñándonos con ella, que está tan estupenda como de costumbre, mientras que toda la historia de la cultura sij del personaje de Ben Kingsley no está tratada desde el punto de vista occidental, sino desde dentro y sin incidir en el exotismo. El mayor problema que le encuentro a la cinta, más que el que esté hecha con escuadra y cartabón, es cierto machismo soterrado que da a entender que los hombres son infieles por naturaleza, las mujeres maduras unas mojigatas y las jóvenes unas golfas. No molesta del todo pero ahí está, entre líneas. De todas formas, Aprendiendo a conducir es agradable y optimista (puede gustar más a los detractores de Coixet que a los fans) y está rodada con buen oficio. Tal vez sea tan fácil de visionar como de olvidar, pero es la típica película que puedes ver acompañado de mamá. La mía, por cierto, tampoco sabe conducir y mejor que continúe así.

7/10

14/6/15

El crepúsculo de las diosas

Poster Viaje a Sils Maria

Dir.: Olivier Assayas
Int.: Juliette Binoche, Kristen Stewart, Chloë Grace Moretz, Lars Eidinger, Johnny Flynn, Brady Corbet, Angela Winkler, Hanns Zischler
¿De qué va?: A los 18 años, la carrera como actriz de María Enders despegó al interpretar en el teatro a Sigrid, una joven ambiciosa y encantadora que ocasiona el suicido de Helena, una mujer que se enamora de ella. Veinte años más tarde, a María le ofrecen interpretar nuevamente la pieza, pero esta vez encarnando a Helena. Con la ayuda de su asistenta, Valentine, María intentará comprender y meterse en la piel de un personaje que detesta.

Reseña: Michael Keaton no fue el único actor que interpretó el año pasado una versión análoga de sí mismo en el cine; Olivier Assayas escogió a Juliette Binoche y a Kristen Stewart para la historia de una reputada actriz europea que se muestra escéptica cuando debe compartir escenario con la nueva estrella joven de Hollywood, una chica cuya vida personal está salpicada de escándalos y que ha protagonizado un blockbuster de superhéroes. Cambiamos a los superhéroes por vampiros y hombres lobo y… bueno, el símil salta a la vista.

Viaje a sils maria

No obstante, el papel de la actriz pujante lo encarna Chlöe Grace-Moretz, mientras que Stewart encarna a la asistenta personal de la protagonista, Binoche, con la que mantiene una relación en la que la realidad y la ficción se confunden en paralelo a los ensayos de la obra de teatro de esta última. Viaje a Sils María es una película con ecos de Persona y Eva al desnudo y con múltiples lecturas y capas: aborda las inseguridades de una actriz madura con miedo a convertirse en lo que siempre ha odiado y a pasar al olvido debido a su edad como tantas otras en el mundo del espectáculo, de la relación dependiente (y fácilmente intercambiable) que las estrellas mantienen con sus asistentes personales, del circo que se monta cuando se prioriza la polémica por delante del arte y de cómo la percepción que podemos tener sobre una obra puede cambiar con el tiempo o desde el ángulo en el que la miremos.

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En ese sentido, Assayas realiza un ejercicio metacinematográfico tanto al dejar a disposición del espectador las herramientas necesarias para que éste ordene las piezas y saque sus propias conclusiones sobre la historia como al dejar que la vida real de sus actrices forme parte de la ficción, algo que queda perfectamente ejemplificado en la escena en la que el personaje de Kristen Stewart defiende la complejidad psicológica implícita en los blockbusters ante una atónita Juliette Binoche (quien, por cierto, rechazó dos veces participar en la saga Jurassic Park). Binoche está magnífica, capta a la perfección el conflicto de su personaje y realiza un portentoso ‘tête-à-tête’ con Kristen Stewart, estupendamente natural, magnética y carismática. Normal que los franceses se hayan enamorado de ella otorgándole el César (el primero a una actriz norteamericana); éste debería ser el punto de inflexión de su carrera. Chloë Grace-Moretz queda relegada a un discreto segundo plano, pero cuando gana presencia hacia el final de la película lo aprovecha al máximo.

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Como objeto de análisis, Viaje a Sils María tiene muchísimo jugo a nivel narrativo, representativo, comunicativo, lingüístico… es verdaderamente fascinante. Como película de evasión, resulta bastante fría y distante, pero porque no le interesa jugar en esta liga. El empeño de Assayas por cerrar con fundidos a negro escenas inacabadas y dejar varios cabos sueltos puede resultar muy frustrante, pero lo que no se puede negar es la buena mano que ha tenido para dirigir a su trío de actrices, y con sólo verlas en acción merece la pena ver la película sin necesidad de bucear en su rico interior, aunque sería una lástima quedarse en la superficie.

7’5/10