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30/12/19

Cats – Horror vacui



Dir.: Tom Hopper
Int.: Francesca Hayward, Laurie Davidson, Robbie Fairchild, Jennifer Hudson, Judi Dench, Ian McKellen, Idris Elba, Rebel Wilson, James Corden, Taylor Swift, Jason Derulo
¿De qué va?: En el basurero de los gatos Jélicos, una tribu de gatos deberá decidir como cada año cuál ascenderá a una nueva vida jelical.

Reseña: En un episodio de la última temporada de Unbreakable Kimmy Schmidt, Titus Andromedon descubría que el elenco de la representación teatral de Cats estaba compuesto por espectadores que subían al escenario y se inventaban un gato al que interpretar. Por su parte, a la protagonista de Crazy Ex-Girlfriend le flipaban todos los musicales… salvo Cats, que fue “homenajeado” en un episodio donde era salvajemente parodiado. La obra de Andrew Lloyd Weber se ha convertido en una broma recurrente, pero algo tiene que tener para que haya sido un éxito musical tan longevo. Eso habrán tenido que pensar los productores de su adaptación cinematográfica, olvidándose convenientemente de que hay historias e ideas que no encajan igualmente bien en todos los medios artísticos. Cats es una de ellas.


Desconozco qué pensarán los fans de la obra original sobre la adaptación que ha perpetrado Tom Hopper, o cuán fidedigna es al material original, pero la historia, tal y como está planteada cinematográficamente hablando, no tiene sentido ni desarrollo alguno. Básicamente, es una hora y cincuenta minutos de números musicales consecutivos presentando diferentes gatos: la perezosa, el gordo, el mago, los gemelos sibilinos…. cuando apareció el gato express ya no daba crédito de la monotonía desvergonzada de la que hace gala la película. Sus responsables creen que una panda de gatos antropomórficos danzando y cantando pueden suplir la ausencia absoluta de argumento, pero nada que ver, pues los números musicales ni son pegadizos, ni espectaculares, ni tienen nada que pueda mantenernos cautivos durante todo el metraje.


La dirección artística no me parece especialmente atroz. De hecho, es una de las únicas cosas que convierten la película en algo especial, por muy desafortunada que sea. No se preocupen si sienten una mezcla de repudio y atracción hacia esos furries, porque sí, hay algo sensual en ellos pese a que todos estén capados y a que no tenga sentido que unos vayan desnudos y otros con abrigo de piel. Esta película no tiene lógica ni la necesita. Y aunque no hay que restarle mérito al equipo de efectos especiales por haber hecho todo lo buenamente posible, se nota que la postproducción se ha terminado con prisas para llegar a tiempo a la fecha de estreno por ciertos elementos que no terminan de encajar, como algunos planos de rostros “temblorosos” o las manos humanas de Judi Dench en el último acto… un error que se ha corregido con una versión “parcheada” que al parecer no ha llegado a los cines españoles.


De verdad que yo iba a ver Cats libre de prejuicios y dispuesto a pasármelo genial, pero me ha sido imposible. Y no es por el aspecto de los gatos, ni por las cucarachas humanoides, ni por toda la ristra de decisiones cuestionables, sino por lo aburrida que resulta. El reparto, tan extraño como la propia película, va de unos entregados Judi Dench e Ian McKellen a un horrible Idris Elba, y entre medio tenemos a Rebel Wilson y James Corden haciendo chistes de gordos, la anecdótica intervención de Jason Derulo y Taylor Swift y a Jennifer Hudson llorando a moco tendido y esperando que  el temazo de Memory haga por ella lo mismo que hizo I dreamed a dream por Anne Hathaway en Los miserables (2012). Spoiler Alert: no va a pasar. Los actores desconocidos son los que más protagonismo tienen, pero cuentan con escaso margen para despuntar ante el circazo montado a su alrededor. No contento con realizar una película tan poco empática con la comunidad transgénero como La chica danesa (2016), Tom Hopper ha hecho un film que se supone que tendría que ser un homenaje a los mininos, pero que termina por crear un nuevo concepto de infierno: números musicales hasta el infinito presentando gatos con nombres y características a cada cual más absurda. Sopor y terror aunados como nunca.

3/10

28/12/19

La verdad – Familia y divismo




Dir.: Hirokazu Kore-eda
Int.: Catherine Deneuve, Juliette Binoche, Ethan Hawke, Clémentine Grenier, Manon Clavel, Alain Libolt, Christian Crahay, Ludivine Sagnier, Roger Van Hool
¿De qué va?: Fabienne Dangeville es una aclamada actriz del cine francés, amada y alabada. Cuando publica sus memorias, su hija Lumir regresa de Nueva York, donde vive con su familia, para la presentación. El reencuentro entre madre e hija no tardará en convertirse en un enfrentamiento: se revelarán verdades, se ajustarán cuentas, se hablará de amor y de resentimiento.

Reseña: Muchos directores laureados por los Óscar y/o por los festivales internacionales aprovechan el éxito y la fama que le otorgan los premios para hacerse las Américas. Como muchos recordarán, no siempre sale bien. No es el caso de Hirokazu Kore-eda pues, si bien arrancó la producción de La verdad (La vérité) meses después de haber ganado la Palma de Oro en Cannes por Un asunto de familia (Shoplifters, 2018), ha preferido irse a París a rodar su primera película fuera de su Japón natal en vez de a Hollywood. La sensibilidad del director nipón casa a la perfección con la europea, de ahí que La verdad parezca rodada por un director local y no por el extranjero que con mirada de turista se ensimisma demasiado en la ciudad que le acoge.


Al igual que el grueso de la filmografía de Kore-eda, La verdad está centrada en una familia, pero no tan humilde como las que suelen protagonizar sus historias. De hecho, humildad es lo que le hace falta a su protagonista, una diva del cine francés que está a punto de publicar un libro de memorias lleno de mentiras y ausencias destacadas que enfadan a su hija, una guionista que ha venido a visitarla desde Nueva York junto a su marido, un actor de segunda, y su hija. Al principio parece que va a estallar un conflicto de gran magnitud entre madre e hija, pero siendo fiel a su sereno estilo, Kore-eda sustituye los gritos por alguna que otra discusión en un tono normal y por esfuerzos dirigidos a que las dos se encuentren y entiendan. Por supuesto que hay momentos incómodos, palabras hirientes y dolorosos recuerdos que salen a la luz, pero el ambiente general es cálido, acogedor y familiar.


Kore-eda aborda en La verdad la vanidad propia de la estrella de cine con más cariño y curiosidad que ánimo crítico. Por eso, aunque el personaje de Catherine Deneuve sea esencialmente antipático y mezquino, resulta entrañable. Además, cuenta con la complicidad de la propia actriz, que aporta de su propio bagaje una actitud de estar pasada de vueltas de todo y ese estatus de mito y diva que la rodea, lo cual enriquece la tesis que elabora la película sobre el paso del tiempo, la belleza y la inseguridad y vehemencia ególatra del que se dedica a la interpretación. Deneuve cuenta con la no menos fantástica Juliette Binoche para que le haga una réplica a su altura, y también está por ahí Ethan Hawke en un rol menor pero simpático.


La verdad es una sólida y agradable película, pero carece del costumbrismo y ese toque especial que ha consagrado a Hirokazu Kore-eda a nivel internacional. Funciona mejor cuando se entrega a la comedia a través de la lengua viperina de Deneuve que cuando gira al drama, demasiado ligero como para resonar. No obstante, contiene lecturas sobre la volatilidad de los recuerdos, las relaciones maternofiliales, la fragilidad del ego, los remordimientos y la madurez que merecen que acompañemos con gusto a Kore-eda en su incursión europea.

7/10

Esta reseña puedes leerla también en Cinemagavia.

25/12/19

Mujercitas – Las hermanas March según Greta Gerwig



Dir.: Greta Gerwig
Int.: Saoirse Ronan, Emma Watson, Florence Pugh, Eliza Scanlen, Timothée Chalamet, Laura Dern, Meryl Streep, Louis Garrel, James Norton, Chris Cooper
¿De qué va?: Massachusetts, mediados del siglo XIX. Decididas la vida según sus propias normas, las hermanas March, Meg, Beth, Jo y Amy, deberán enfrentarse al reto de llegar a la vida adulta. 

Reseña: Tras el pelotazo que supuso Lady Bird (2017), el anuncio de que Mujercitas sería el siguiente proyecto como directora de Greta Gerwig resultó un tanto decepcionante. Un trabajo de encargo a partir de una novela muy conocida y adaptada al cine y la televisión múltiples veces no resultaba demasiado excitante a priori. Pero no contábamos con la pasión que sentía Gerwig hacia la historia y su autora, Louisa May Alcott, y que se puede apreciar en cada entrevista que concede. Tampoco reparamos en el gran parecido que hay entre Lady Bird y Mujercitas: ambas giran en torno al crecimiento y aprendizaje de dos chicas con una ambición que no cabe en el entorno en el que se han criado. Y que Saoirse Ronan encarne a la heroína de ambos films no hace más que fortalecer ese hermoso vínculo que las une pese al siglo y medio que las separa.


La principal novedad que presenta esta versión de Mujercitas respecto a las adaptaciones precedentes es su estructura: en vez de ser lineal, alterna entre dos líneas temporales, el pasado y el presente. La elección no resulta caprichosa, pues enriquece y da lustre a uno de los temas del libro en los que Gerwig se quiere centrar: el paso del tiempo. Los paralelismos que se establecen entre un pasado cálido, jovial e ingenuo y un presente austero, lúgubre y melancólico conforman una nueva aproximación al crecimiento de las hermanas March que se siente fresca y audaz. Gerwig ha hecho una adaptación fidedigna a la narración original pero con un toque moderno, alejado del encorsetamiento de este tipo de producciones, y que enfatiza temas que hoy en día siguen en boga como la independencia económica de la mujer o el papel que la sociedad le tiene reservado a esta.


La película está tan bellamente escrita como filmada, orquestada e interpretada. Lo único que se le podría reprochar a Gerwig en cuanto a la elección de su reparto es haber ido sobre seguro y elegir intérpretes bastante más mayores de los personajes que encarnan. Pero cualquier reproche se disipa cuando se comprueba lo bien que están todos y, sobre todo, la deliciosa complicidad que se forja desde que aparecen por primera vez las hermanas hablando todas a la vez; cuando la película termina, no dudaríamos en quedarnos a vivir con esa familia. Saoirse Ronan y Timothée Chalamet son unos Jo y Laurie perfectos, Laura Dern es la matriarca y vecina soñada, Meryl Streep está estupenda como la antipática tía March, y es un placer reencontrarse con Chris Cooper en plena forma. Por su parte, Eliza Scanlen es el corazón de la película y la presencia de Emma Watson es agradable pese a que no destaque tanto como el resto. Pero ante todo, es Florence Pugh la que realiza la interpretación más memorable del elenco dando vida a Amy, el personaje más despreciado del relato desde siempre. Pugh y Gerwig se ponen del lado de Amy para que entendamos su postura, otorgándole una humanidad que permite que Pugh se coma cada escena en la que aparece.


Mujercitas viene a confirmar que Greta Gerwig, la directora, ha venido para quedarse y que podemos seguir esperando grandes cosas de ella. La película recurre al metalenguaje para rendir tributo tanto a la novela como a la propia Louisa May Alcott, a la que hace partícipe del relato. En su emocionante e ingenioso desenlace, el film se alza no solo como un homenaje a las mujeres precursoras y a su libertad de elección, sino también al arte de contar historias, entendiéndolo como bálsamo de una realidad mundana y una inquebrantable forma de mantener unidas a las personas a través del tiempo y del espacio.

8/10

Esta reseña puedes leerla también en Cinemagavia. 

23/12/19

Star Wars: El ascenso de Skywalker – El triunfo del fan service



Dir.: J.J. Abrams
Int.: Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Joonas Suotamo, Anthony Daniels, Richard E. Grant, Domhnall Gleeson, Naomi Ackie, Kelly Marie Tran
¿De qué va?: Los supervivientes de la Resistencia se preparan para el enfrentamiento definitivo con la Primera Orden. Mientras tanto, Rey, Finn y Poe se embarcan en una misión que les conducirá al clímax del enfrentamiento entre los Jedi y los Sith.

Reseña: De la misma forma en la que el cliente no siempre tiene la razón, el fan no siempre está en lo cierto. Por supuesto que hay que tener siempre en cuenta al público objetivo, pero no se puede hacer una obra audiovisual o literaria pensando únicamente en satisfacer a este, porque de esa manera se pierde la capacidad de sorpresa, de jugar con las expectativas y expandir mitologías por nuevos y excitantes caminos. Pero al fin y al cabo, el fan es quien manda, paga la entrada y compra el merchandising, así que los estudios están cada vez más preocupados en no hacer nada que les pueda molestar. Los últimos Jedi (2017) entusiasmó a los críticos y a muchísima gente, pero un grupo encolerizado se hizo notar realizando acciones tan ridículas como recoger firmar para cambiar el episodio al completo. Ahora, parece que Disney y J.J. Abrams les dan la razón con un final de la saga de Star Wars que hace la vista gorda con muchas de las cosas que pasaron en el film de Rian Johnson.


Lo único que ha recuperado Abrams de Los últimos Jedi es la conexión especial entre Rey y Kylo. Lo demás es un “borrón y cuenta vieja” que recupera la esencia de El despertar de la fuerza (2015) al situar la nostalgia en el epicentro de todo. Eso funcionó en aquel entonces por lo bien que encajaba con la presentación de los personajes, pero volver a ello tras un episodio que fue revolucionario en tantos aspectos supone varios pasos atrás. Y es que los guiños nostálgicos están esparcidos en una trama tremendamente perezosa que se reduce a llevar a los protagonistas de un punto a otro en busca de un Macguffin, visitando planetas con paisajes mil veces vistos en la saga e introduciendo nuevos personajes desaprovechadísimos. Infrautilizar a Keri Russell es casi tan de juzgado de guardia como la destitución a extra con frase de Kelly Marie Tran, la actriz que más sufrió la cólera de los fans radicalizados en contra de Los últimos Jedi.


El ascenso de Skywalker tiene multitud de decisiones cuestionables, como traer de vuelta a un villano de la saga clásica sin coherencia interna alguna, las apariciones metidas con calzador de Carrie Fisher a partir de descartes de las anteriores películas, o traer de vuelta a Lando Calrissian (Billy Dee Williams) para una aportación testimonial que si se hubiese quedado fuera del montaje no habría afectado en nada a la historia. Y qué decir del guiño a la comunidad LGTBIQ, tan risiblemente insignificante. La película parece hecha cumpliendo con un listado de cosas que tiene que haber en una película de Star Wars, ejecutándolas sin mucha imaginación, como ocurre con la batalla final o la revelación del pasado de Rey. Es como si J.J. Abrams se hubiese llevado las manos a la cabeza con la deconstrución del mito Jedi que hizo Rian Johnson en la película precedente y haya querido volver a las raíces del canon sin ningún tipo de lubricación.


No todo va a ser malo: Daisy Ridley y Adam Driver están fantásticos, en detrimento de John Boyega y Oscar Isaac, cuyos personajes se reducen a comparsas sin evolución alguna.. Hay una criatura, Babu Krink, que es de lo mejor del film, mucho más que la introducción del nuevo robot. Y por supuesto que tiene momentos emotivos y épicos, pero acaba por tomar más peso la decepción de estar ante un desenlace de trámite aquejado de la falta de una mejor planificación inicial de la trilogía. El ascenso de Skywalker está gustando a una parte del público, pero lo más probable es que la acabemos recordando más pronto que tarde como uno los episodios más flojos de la saga, un cierre cobarde y complaciente dirigido a contentar a los fans que la auparon como una de las sagas cinematográficas más importantes de la historia del cine. Enhorabuena a los ganadores.

5’5/10

19/12/19

Fin de siglo – Antes no, ahora tal vez



Dir.: Lucio Castro
Int.: Juan Barberini, Ramón Pujol, Mia Maestro
¿De qué va?: Dos hombres se encuentran por casualidad en Barcelona. Lo que parece un encuentro de una noche entre dos extraños se convierte en una relación épica que abarca décadas y en la que el tiempo y el espacio se niegan a jugar según las reglas conocidas.

Reseña: Hace unas décadas, para tener sexo casual, los gays tenían que ir a algún bar, a un parque, o al baño de un centro comercial o de una estación de autobuses. Ahora, basta con descargar una aplicación en el móvil y deslizar el dedo por la pantalla para encontrarlo a pocos metros, aunque también los hay que siguen prefiriendo el método analógico. Las formas en las que nos relacionamos han evolucionado, y con él, el abanico de opciones se ha ampliado, de modo que ahora es tan lícito que una pareja homosexual forme una familia con hijos (pese a quien le pese) que haya quien decida permanecer soltero de por vida. La ópera prima del argentino Lucio Castro, Fin de siglo, es el encuentro entre dos hombres en una Barcelona que ejerce de escenario y testigo de cómo han cambiado las relaciones homosexuales en cuestión de 20 años.


La película arranca rememorando Weekend (2011), con el encuentro sexual entre dos hombres que no se conocen y que podría dar pie a algo menos casual de lo esperado. Sin embargo, en cierto momento se produce un corte abrupto que nos lleva a otro punto de la historia, iniciándose la película por derroteros ambivalentes entre la realidad y la imaginación al más puro estilo del cine de Hong Sang-soo. No es la única similitud con las películas del director coreano: apenas hay tres personajes en el relato y las conversaciones más importantes suelen producirse con comida mediante y animadas por el alcohol. Esta irrupción temporal y narrativa constata esos cambios de los que hablábamos en el anterior párrafo, como la disipación del miedo a contraer ETS, la reducción del alarmismo y la desinformación sexual, o los encuentros instantáneos a través del móvil. No obstante hay algo que permanece igual: el fantasma de la soledad, haya o no haya sido invocado.


Juan Barberini y Ramón Pujol se conocen, follan, conversan, pasean, se vuelven a conocer y transitan por diferentes realidades en una película cuya ambigüedad narrativa acaba por eclipsar al retrato generacional, que ya tenía suficiente chicha como para justificar el film por sí solo. A Castro le puede la preocupación por subrayar la condición autoral de su propuesta, con esos planos arbitrarios de la ciudad condal o cierta cita literaria sobreimpresa en la imagen, pero en definitiva, Fin de siglo resulta una interesante y singular adición al cine LGTBIQ+ que juega con sus convenciones dando pie a múltiples interpretaciones.

7/10

18/12/19

Proxima – Mamá espacial



Dir.: Alice Winocour
Int.: Eva Green, Matt Dillon, Zélie Boulant, Lars Eidinger, Aleksey Fateev, Sandra Hüller, Trond-Erik Vassal
¿De qué va?: Sarah Loreau es una astronauta francesa que se entrena en la Agencia Espacial Europea, en Colonia. Allí vive con Stella, su hija de ocho años. Al ser la única mujer del programa, siente la presión de sus compañeros, además de la profunda tristeza de vivir durante un año separada de su hija, ya que va a formar parte de una misión que la alejará de nuestro planeta.

Reseña: Valentina Tereshkova fue la primer mujer en viajar al espacio. Fue en 1963, tan solo dos años después de que la misma hazaña fuese realizada por un hombre, y aún así, como otros tantas profesiones, la del astronauta siempre se ha considerado como un trabajo dirigido especialmente a hombres. Pero muchas mujeres han cumplido su sueño de viajar al espacio, tal y como se puede ver en una serie de fotografías que se muestran durante los créditos finales de Proxima, el film de Alice Winocour que gira en torno a Sarah, una mujer que se prepara para su primera misión espacial con la angustia de estar separada de su hija de ocho años, un preámbulo del año que pasará sien ella mientras conviva con las estrellas.


La película muestra las duras sesiones de entrenamiento a las que deben someterse los astronautas, las cuales conllevan un esfuerzo extra para Sarah al tener que estar demostrando constantemente que merece estar ahí y que no va a suponer una carga. Se trata de una percepción inducida por un entorno arraigadamente machista que se atisba en un programa espacial que directamente suprime las necesidades básicas femeninas y en los comentarios rancios de algún que otro compañero (Matt Dillon en su registro habitual de cabrito). Al mismo tiempo, Sarah tiene que lidiar con la cada vez más pronunciada distancia física y emocional con su hija, que pasa del miedo inicial a perder a su madre a la rabia por echarla de menos y no tenerla cuando la necesita. Por supuesto que Sarah tendrá dudas, pero el principal valor de Proxima es la evidencia de que la conciliación laboral es posible, incluso en casos tan extremos como el que nos presenta la película.


Sarah es encarnada por Eva Green, en un rol completamente diferente al que nos tiene acostumbrados, recordándonos además que el francés es su lengua materna. La actriz resulta completamente verosímil y cálida como una mujer que se desvive tanto por su profesión como por su hija, estableciéndose un tierno vínculo maternofilial entre ambas que ejerce de músculo emocional del film. Proxima es una hermosa película que se ampara en imágenes en vez de discursos y de un estilo cuasi documental para honrar la figura de las madres que viajaron al espacio y, en extensión, a todas aquellas mujeres que demuestran que tener hijos no es sinónimo de sacrificar sus sueños y su realización personal. A fin de cuentas, la película se alza como una metáfora singular sobre el inevitable momento en el que debe romperse el cordón umbilical para que la relación entre una madre y su hijo se fortalezca aún más.

7/10

16/12/19

La hija de un ladrón – Salir adelante




Dir.: Belén Funes
Int.: Greta Fernández, Eduard Fernández, Álex Monner, Frank Feys, Gerard Oms, Paula Alarcón, Borja Espinosa, Daniel Medrán
¿De qué va?: Sara ha estado sola toda su vida. Con 22 años y un bebé de seis meses, Sara tiene muy claro lo que quiere: trabajar, recuperar a su pareja y formar una familia normal con su hermano pequeño y el padre de su hijo. Lo único que le impide conseguirlo es su padre. Todo se complica cuando Manuel, tras años de ausencia y una larga estancia en la cárcel, decide reaparecer en la vida de su hija.

Reseña: Drama social. Pocas palabras ahuyentan más al público que esas dos juntas. No hay que culparles: este género se ha granjeado una fama terrible por culpa de un grueso de películas con espíritu aleccionador que se regodean en la miseria de sus protagonistas, se ensañan con su sufrimiento y apuntan con el dedo al espectador, haciéndoles sentir culpables por su situación de privilegio. Pero existen otras fórmulas de hacer un cine pegado a la calle y a la realidad sin caer en el sermón, despojándose de cualquier clase de artificio. Este último es el caso de La hija de un ladrón, el muy interesante y sugestivo debut en largo de Belén Funes.

Partiendo de su propio cortometraje, Sara a la fuga (2015), Funes muestra los esfuerzos de una joven de clase baja por mantenerse a flote. Con la cámara pegada a su nuca, la acompañamos a lo largo de su rutina y vamos descubriendo todo aquello que forma parte de su vida: un padre ausente que reaparece, un hermano del que quiere conseguir la custodia, un bebé a su cargo, un ex-novio que no está en su misma sintonía, la esperanza de encontrar un trabajo mejor, el temor de quedarse en la calle… Hay información que podría considerarse relevante que nunca obtendremos, como la razón por la que el padre de Sara estuvo en la cárcel, pero esa ambigüedad no va en contra de la historia; más bien todo lo contrario, pues enriquece el realismo de un film que en ningún momento se permite recrearse en el drama ni en compadecerse de su protagonista ni de sus circunstancias;  como muestra un botón: Sara tiene una deficiencia auditiva, pero en ningún momento es utilizado como un hándicap ni como motivo para sentir lástima por ella.


Greta Fernández encarna a esta heroína sin capa con absoluta naturalidad. La dignidad de Sara sostiene y eleva al conjunto, al tiempo que las relaciones que mantiene con su entorno evidencian que necesita y busca el cariño de unas personas que, por un motivo u otro, no se lo pueden proporcionar. Lo verdaderamente triste es que ella no termine de asimilar que necesita dejarles marchar para poder construir unas relaciones nuevas y más sanas. La hija de un ladrón es una pequeña y honesta película que, al igual que las mejores películas de los hermanos Dardenne, plasma en detalle una realidad cotidiana sin afectación. Más admirable que emocionante, se revela como un homenaje a las mujeres a las que no les queda otra opción que vivir al día, exprimiendo todos los recursos a su alcance para poder traer comida a casa sin flaquear ni lamentarse, pese a que tengan todo el derecho del mundo a hacerlo.

7/10

6/12/19

Puñales por la espalda – Un cadáver para incriminarlos a todos



Dir.: Rian Johnson
Int.: Daniel Craig, Ana de Armas, Chris Evans, Jamie Lee Curtis, Michael Shannon, Toni Collette, Don Johnson, Christopher Plummer, LaKeith Stanfield, Katherine Langford, Jaeden Martell
¿De qué va?: El renombrado novelista de misterio Harlan Thrombey invita a su extensa familia disfuncional a su mansión en su 85 cumpleaños con la esperanza de reunirlos a todos. Cuando es encontrado muerto en su mansión, el inquisitivo detective Benoit Blan es llamado para investigar. Muy pronto, todos en la familia se vuelven sospechosos.

Reseña: Rian Johnson debutó en el cine deconstruyendo el noir en clave adolescente con la estupendísima Brick (2005) y desde entonces se ha dedicado precisamente a eso, a dar giros de tuerca y jugar con las convenciones de géneros y temas que ya parecían agotados: policías y ladrones (Los hermanos Bloom, 2008), paradojas temporales (Looper, 2012) e incluso algo tan aparentemente intocable como la saga Star Wars (Los últimos Jedi, 2017).  Johnson no ha querido embarcarse en una nueva trilogía de la saga creada por George Lucas sin antes meter mano a otro de sus géneros favoritos: el whodunit, o lo que es lo mismo, la novela policíaca que gira en torno a un asesinato y múltiples sospechosos que tiene a Agatha Christie como principal referente. Puñales por la espalda (Knives Out) parte de una premisa que podría haber salido de un relato de Christie, pero descubriremos más pronto que tarde que no es lo que aparenta ser.


La película arranca con la presentación de la excéntrica galería de sospechosos de asesinar a la cabecilla de su clan, un anciano multimillonario al que todos necesitaban para mantener su cómodo estilo de vida… aunque también con algún que otro motivo para querer quitarlo de en medio. Lo que parece que será un relato clásico de un detective resolviendo un misterio pronto muta en algo distinto, donde lo de menos es la identidad del asesino, y si bien parece que Johnson revela información de forma prematura, tiene suficientes cartas bajo la manga para mantener en vilo al espectador y retorcer la trama a lo largo del resto del metraje. Sin embargo, el divertimento que ofrece Puñales por la espalda resulta moderado, y aunque parece que en cualquier momento se va a liar parda, la trama nunca termina de explotar.


Parte de la responsabilidad de que la película no resulte todo lo divertida que podría haber sido tiene que ver con lo desaprovechado que está su elenco de estrellas, concretamente aquellos que encarnan a los parientes del fallecido. Tras la presentación de cada uno de ellos, son relegados a un segundo plano en beneficio de Daniel Craig y, sobre todo, de Ana de Armas, el “arma secreta” de la película. Como brújula moral del circo de personajes presentes en el film y heroína a su pesar, la actriz cubana se luce, resultando tan empática e identificable que consigue que su puritanismo no nos haga arquear una ceja. Pese a lo bien que está ella y lo bien que se lo pasa Daniel Craig como detective pasado de rosca, nos quedamos con ganas de más momentos absurdos por parte de Toni Collette, Jamie Lee Curtis y todas esas alimañas que conforman la familia Thrombley.


Tenía las expectativas muy altas con Puñales por la espalda, pero no ha resultado ser tan redonda como cabría esperar. Si bien juega bastante bien con las expectativas del espectador y retuerce los lugares comunes del género, se cree más lista y rompedora de lo que en realidad es, algo que se agrava si es comparada con la reciente y superior en todos los aspectos Parásitos, con la que guarda alguna semejanza temática. A pesar de ello, no deja de ser un lujoso entretenimiento adulto de los que ojalá Hollywood hiciese más, e incluye una oportuna crítica social sobre el desdén y la hipocresía con la que los americanos tratan a los inmigrantes latinos, ya sean republicanos o demócratas. Y qué ganas me ha dejado de echar una partida al Cluedo.

7/10

4/12/19

Frozen II – Sintiendo la llamada



Dir.: Chris Buck, Jennifer Lee
¿De qué va?: El reino de Arendelle ha dejado de ser seguro, y un secreto del pasado de Elsa será la clave para salvarlo. Ella, su hermana Anna y sus fieles amigos se adentrarán en lo desconocido y viajarán por un antiguo bosque encantado en busca de respuestas.

Reseña: Isa P. no mató a Frozen (2013); fue la sobreexposición. Al menos para mí. Me gustó mucho la película, pero estaba tan en todas partes que la acabé aborreciendo. Tampoco entendía por qué le hacían mucho más caso que a otras producciones de Disney igual de meritorias como Vaiana (2016). Y mejor no hablemos de ese inaguantable e interminable cortometraje navideño que se proyectaba antes de Coco (2017)…. Debido a todo esto, encaré su inevitable secuela sin demasiada expectación, y cual fue mi sorpresa al redescubrir aquello que me había gustado tanto cuando vi la primera parte, en los albores del fenómeno en el que acabó convirtiéndose, y luciendo una madurez que le sienta de fábula.


Han pasado seis años desde el lanzamiento de Frozen, y se nota, no solo en una animación más depurada y espectacular, sino en los personajes, que desde el comienzo del film ya están cantando sobre lo que implica hacerse mayor, tomar decisiones y de las cosas que nunca cambian… Pero algo sí que va a cambiar, pues Elsa recibirá “la llamada” que embarcará a los protagonistas en una aventura a través de un bosque encantado bastante diferente a la que los convirtió en una familia. Elsa, Anna, Kristoff y Olaf, cada uno tiene su particular conflicto personal ya presentado en la canción del principio, pero lo mejor de todo es lo positivas que son sus relaciones: se quieren, se respetan, se apoyan, se escuchan, se dan abracitos, se preocupan los unos de los otros… Es pedagogía que no resulta ni aleccionadora ni moralista y de la que podríamos aprender todos, tanto niños como adultos.


Los personajes evolucionan tanto a través de sus relaciones como de un repertorio musical al mismo nivel que el del film original, o puede que hasta un poco mejor. Aquí tenemos dos himnos como Let it Go al precio de uno: Into the Unknown y Show Yourself. Cada uno de los protagonistas tiene un número individual (¡qué gran elenco de voces tiene su versión original!), siendo destacable el Lost in the Woods que entona Kristoff, una parodia de balada rock ochentera. Como en su precedente, en Frozen II hay drama, acción pero también mucho humor, incluso algún que otro gag autoparódico. Casi todos los chistes están concentrados en Olaf, que si bien parece el típico amigo que siempre se esfuerza en ser gracioso, debemos reconocerle que goza de un buen coñazo de momentos inspirados. Tampoco es que tenga mucha competencia, pues ninguno de los nuevos personajes destaca, salvo un pequeño lagarto que hará que Disney venda muchos peluches estas Navidades.


La importancia de los elementos naturales en la historia de Frozen II, al igual que los poderes de Elsa, favorece que la película se convierta en un espléndido espectáculo visual. Sin embargo, el trasfondo místico y espiritual es un tanto confuso, y se entremezcla con el pasado de Anna y Elsa con revelaciones que van desde lo obvio a lo embarullado. Con todo, Frozen II es una secuela notable que se esfuerza en ofrecer algo diferente y acorde con el tiempo que ha pasado desde que se estrenó su primera parte, y que expone la importancia de conocer y enmendar los errores del pasado para asegurar un futuro mejor. Gustará tanto a los fans de la original, salvo a algunos que la tengan colocada en un pedestal, como a aquellos que “la dejamos ir” tras todo el revuelo que se formó en torno a ella…. al menos de momento. No descarto que en unos meses acabemos también hartos del Into the Unknown.

8/10

25/11/19

Historia de un matrimonio – De aquel amor, estos lodos



Dir.: Noah Baumbach
Int.: Adam Driver, Scarlett Johansson, Azhy Robertson, Laura Dern, Alan Alda, Ray Liotta, Julie Hagerty, Merritt Wever, Wallace Shawn
¿De qué va?: Nicole es una actriz que dejó una prometedora carrera en el cine comercial para trabajar en la compañía teatral de su marido Charlie, un director de teatro en pleno auge del que ahora se está divorciando. Con un hijo en común, la pareja acaba recurriendo a los abogados y tribunales para zanjar una vida en común llena de heridas abiertas.

Reseña: Chico conoce a chica. Se enamoran, se casan, tienen un hijo…. se acaba el amor. El nuevo film de Noah Baumbach empieza con postales de un romance pero pronto baja a la Tierra y a la cruda realidad: esta no es la historia de un matrimonio sino de su final. Baumbach se inspiró en el divorcio de sus padres para la película que lo colocó bajo el radar, Una historia de Brooklyn (2007), mientras que para el que probablemente sea su mejor trabajo hasta la fecha, el cineasta ha partido de su separación de la que fuese su esposa durante 8 años, la actriz Jennifer Jason Leigh. El conflicto es el mismo pero el punto de vista es diferente: ya no asistimos al desmoronamiento a través de la mirada de un adolescente, sino en primera persona y desde los lados opuestos de la trinchera.


Al principio Nicole y Charlie quieren separarse de forma amistosa, pero pronto afloran los viejos rencores, los reproches, los desencuentros, y todo adquiere una nueva dimensión cuando los abogados entran en juego. El retrato que se hace de ellos es feroz, mostrándolos como carroñeros que compartimentan estupendamente su vida y su trabajo: en el juzgado van directos a la yugular para destrozar a su oponente, pero fuera de él se llevan de fábula sin importar el reguero de víctimas que dejan atrás. Historia de un matrimonio es bastante ecuánime al abordar el punto de vista de la ex-pareja; cada uno ostenta su verdad, sus razones y sus errores. No nos costará demasiado entender a ambos, los motivos por los que se enamoraron y las razones de su separación, y por eso, verles discutir en una impresionante y verbalmente violenta escena, nos llega a doler como si se tratase de nuestros propios padres.


Buena parte del mérito de que Historia de un matrimonio resulte una experiencia tan inmersiva es de Baumbach, tanto por un sólido guion que alterna el drama y la comedia con una naturalidad pasmosa como por su excelente dirección de actores. En contadas ocasiones ha estado Scarlett Johansson tan bien aprovechada como aquí. Desborda emoción y carácter y mantiene una eléctrica química con Adam Driver que nace de la discrepancia. Él, siendo uno de los mejores actores de su generación, está más inmenso conforme su personaje se adentra cada vez más en la desesperación. A nadie que haya visto Big Little Lies le pillará por sorpresa lo que hace aquí Laura Dern, pero eso no va en contra de la elegancia, la garra y el carisma con los que abraza su personaje de abogada despiadada. Las aportaciones de Alan Alda, Merritt Wever, Ray Liotta y demás son significativas, pues todos gozan de momentos de lucimiento. El de Driver es una canción y un derrumbamiento, los de Johansson y Dern, sendos monólogos tan bien escritos como interpretados.


Historia de un matrimonio tiene momentos muy divertidos pero acaba sentando como una paliza. Solo se le puede poner un gran pero: lo que al principio parece una propuesta paritaria y ecuánime acaba centrándose en el punto de vista de él, mientras que el de ella se diluye y queda relegado a un segundo plano. Es comprensible hasta cierto punto, pues no deja de ser el relato de Baumbach sobre su propio proceso de divorcio, y al menos, el personaje de Johansson nunca queda desdibujado gracias a que el primer tramo del film le pertenece a ella. La melódica banda sonora compuesta por Randy Newman resulta tan irónica como el propio título de un film que su director ha rodado acentuando a través de la imagen la cada vez más profunda distancia emocional de su pareja protagonista. Es, en definitiva, la Kramer contra Kramer (1979) de aquellos que, en vez de ampararnos en romances aspiracionales, crecimos con ¡Olvídate de mí! (2004), Revolutionary Road (2008), (500) días juntos (2009) y Her (2013) como referentes; hemos dejado de creer en los finales felices, pero al menos, seguimos disfrutando del viaje.

9/10

24/11/19

El irlandés – El crepúsculo de los capos



Dir.: Martin Scorsese
Int.: Robert De Niro, Joe Pesci, Al Pacino, Stephen Graham, Bobby Cannavale, Harvey Keitel, Anna Paquin, Jesse Plemons, Aleksa Palladino, Jack Huston
¿De que va?: Frank Sheeran, veterano de la Segunda Guerra Mundial, estafador y asesino a sueldo, recuerda su participación en el asesinato de Jimmy Hoffa. Uno de los grandes misterios sin resolver del país: la desaparición del legendario sindicalista Jimmy Hoffa.

Reseña: Ahí va un secreto a voces: el cine de mafias no me entusiasma. No comparto esa fascinación hacia ese submundo testosterónico de padrinos, matones, dinero sucio, traiciones, asesinatos y chicas florero. Reconozco el gran valor artístico y cinematográfico de El padrino (1972) y su secuela, de Uno de los nuestros (1990) o Érase una vez en América (1984), pero como quien aprecia un cuadro famoso sin menosprecio pero con indiferencia. También siento un poco de rabia de que cada vez que vaya a comentar una película de este tipo tenga que pedir disculpas por antelación, como si de manera inconsciente supiera que soy corto de miras por no flipar con tales obras magnas. Por todo ello, encaré El irlandés más como un deber que por placer, sabiendo que no podía perderme uno de los acontecimientos cinematográficos de la temporada, pero sin compartir el entusiasmo generalizado porque Martin Scorsese haya regresado al cine de gangsters. 


Efectivamente, El irlandés es una clásica película de mafiosos, pero hay algo que la distingue de sus congéneres y que la hace particularmente interesante: una visión completamente desencantada de la vida criminal. Por supuesto que está bien cargada de corruptelas con múltiples jugadores poco fiables en las que es fácil perderse, pero también tiene espíritu crítico, cierto afán autoparódico y una ausencia absoluta de glamour que viene a confirmar que El irlandés supone para el cine de mafias lo que Sin perdón (1992) fue para el western; un homenaje y una carta de despedida a un género que tiempo atrás lo fue todo. La ambientación y el diseño de producción son, como cabría esperar, perfectos, pero sorprende que los espacios donde se desarrolla la trama sean tan sencillos, mundanales y humildes. Probablemente sea una de las pocas películas de mafiosos (quizás la única) en la que la circulación del dinero y la ostentación de él brille por su ausencia.


Para rematar la jugada, Scorsese ha juntado a tres actores cuya contribución ha sido clave para la mitificación del genero. Robert De Niro tiene que luchar contra unas lentillas que distraen y un efecto rejuvenecedor que no le sienta tan natural como a su compañeros de reparto, pero sale ganando con la que probablemente sea su mejor interpretación tanto de esta década como de la anterior; esa tristeza contenida que se va adueñando paulatinamente de su personaje no es nada fácil de conseguir. Lo de Joe Pesci se basa sobre todo en presencia y talante, mientras que Al Pacino se luce como hace muchísimo que no lo hacía con una interpretación carismática, desbordante y enérgica. Insufla humor al film sin caer nunca en la sobreactuación o la parodia, además de ser quien recita las mejores frases del guion. De lo mejorcito del reparto y del conjunto.


Puede que me hubiese gustado más El irlandés si durase 60 o 90 minutos menos. No es que sea una película densa de ver pero el que abarque varias décadas no justifica sus tres horas y media de duración; difícilmente cualquier película podría hacerlo. Pero curiosamente, se hace más llevadera en su último tramo, cuando termina de describir el ascenso criminal de su protagonista y se centra en su relación con Jimmy Hoffa y en las consecuencias de sus actos, en lo poco que queda por recoger de lo cosechado cuando el chiringuito se acaba. Con la estimable y reivindicable intervención de una silente Anna Paquin, la película concluye adentrándose con elegancia en la pérdida, la soledad, la incomunicación, la culpa, la lealtad y la muerte. Es, al fin y al cabo, el doloroso punto y final que Scorsese necesitaba poner a su relación con el mundo de la mafia.

7’5/10

21/11/19

Madre – El fin del luto



Dir.: Rodrigo Sorogoyen
Int.: Marta Nieto, Jules Porier, Alex Brendemühl, Anne Consigny, Fréderic Pierrot, Guillaume Arnault, Raúl Pietro, Blanca Apilánez
¿De qué va?: Elena recibe una llamada de su hijo de seis años, que le dice que está perdido en una playa en Francia y que no encuentra a su padre. Esas palabras desesperadas de su hijo fueron lo último que Elena supo de él. Diez años más tarde, Elena vive en la misma playa donde desapareció su hijo y conoce a un adolescente que le recuerda a él.

Reseña: Un plano secuencia, una habitación, dos mujeres y una angustiosa llamada telefónica. Con estos elementos, Rodrigo Sorogoyen rodó Madre (2017), un cortometraje cuyo impacto llegó a resonar en la última edición de los premios Óscar. No ganó la preciada estatuilla, pero dejó a todo el mundo intrigado con lo que podría ocurrir a continuación, pues a ese modélico ejercicio de suspense y tensión in crescendo le faltaba un desenlace. La respuesta viene en forma de largometraje homónimo que arranca con el propio corto y continúa con un salto temporal de diez años. Es solo la primera de una serie de elecciones narrativas que dejarán descolocado al espectador, y es que de entre los numerosos caminos por los que podía continuar la historia, Sorogoyen ha optado por uno de los más abruptos y arriesgados.


Madre es la historia de Elena, una mujer que ha sufrido una pérdida tan terrible que su vida ha pasado a girar en torno a la ausencia. Sus intentos de llevar una vida normal son en realidad concesiones de cara a la galería para que la dejen en paz y piensen que está bien. Pero no lo está. Sin embargo, un encuentro fortuito provoca que afloren sentimientos en ella que creía perdidos, y con ellos, una ínfima pero plausible esperanza de dar a la vida una segunda oportunidad. Madre muta de pesadilla a relato sobre la sanación, y lo hace transformando la incomodidad asfixiante del cortometraje por otro tipo de incomodidad, la que nace del desconcierto y de manipular los códigos morales. No es una película fácil, y muy pocos comulgarán con ella, así que prepárense para acalorados debates a la salida de la proyección.


Madre, la película, confirma la revelación que se produjo en el corto precedente: una actriz inmensa llamada Marta Nieto. No es que sea una recién llegada, pues formó parte del elenco de El camino de los ingleses (2016) hace ya más de diez años, pero no había tenido oportunidades de despuntar hasta ahora. Elena es un personaje complejo, antipático y esquivo que Nieto defiende con carácter, nervio y sensibilidad; solo necesita de pequeños gestos, como una sutil sonrisa que se disipa, o una mirada ausente, para expresar el gran abanico de emociones por los que atraviesa a lo largo del film. Si ya se merecía todos los premios por su interpretación en el corto, deberían lloverle las ofertas de trabajo por la fuerza, el magnetismo y la belleza con los que embruja la película.


Rodrigo Sorogoyen se mete de lleno en un poderoso e intimista drama femenino con el que sin embargo resulta complicado empatizar. La playa francesa donde se desarrolla la historia, los suaves movimientos de cámara, el brío de sus planos secuencia y las escasas pero hermosas notas musicales contribuyen a crear una atmósfera profundamente melancólica, pero su capacidad inmersiva se ve lastrada por una deliberada ausencia de asideros emocionales.La actitud de los personajes resulta caprichosa y supeditada a los cambios que demanda una narración que a ratos se torna monótona. Pese a sus problemas, no seré yo quien recrimine a Sorogoyen por haber hecho esta película de Madre y no la que muchos esperábamos, pues hay que reconocer su osadía por haber dado a un conflicto tremendo una vía de escape nada complaciente, pero retorcidamente hermosa.

7/10

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19/11/19

Ventajas de viajar en tren – Las capas de la cebolla




Dir.: Aritz Moreno
Int.: Pilar Castro, Ernesto Alterio, Luis Tosar, Quim Gutiérrez, Belén Cuesta, Javier Botet, Macarena García, Javier Godino, Stéphanie Magnin, Gilbert Melki
¿De qué va?: ¿Le apetece que le cuente mi vida? Con esta desconcertante pregunta la editora Helga Pato es abordada durante un viaje en tren. Su compañero de asiento es Ángel Sanagustín, un psiquiatra experto en trastornos de personalidad. Durante el viaje, Ángel le relata a Helga la sórdida y delirante historia del peor caso clínico al que se ha enfrentado jamás

Reseña: La comedia es el género que más dinero hace en el cine español. Pero no vale cualquier tipo de comedia. Tiene que hacer hincapié en las diferencias culturales, ya sea entre las diferentes regiones españolas o respecto al exterior. También tiene que haber algún tipo de enredo o engaño, que su humor sea blanco y familiar con alguna salida de tono escatológica y, muy importante, estar amparada por una cadena privada que la promocione hasta la extenuación y más allá en sus canales. Por eso, abracemos sin rubor la expresión cliché de “un soplo de aire fresco” al hablar de Ventajas de viajar en tren. Porque es una comedia (o algo) de las que no se hacen en España, diferente, rara y atrevida, con un reparto de lujo y una producción cuidada al detalle. Ahí va otro cliché perfecto para definirla: rara avis.


Basada en la novela homónima de Antonio Orejudo, el debut en largo de Aritz Moreno comienza con una extraña conversación en un tren para introducirse rápidamente en una historia que se introduce a su vez en otra historia y así sucesivamente hasta dar forma una especie de Origen (2010) donde realidad y ficción se entremezclan hasta que no se distingue dónde termina una y empieza la otra. Las historias que dan forma al conjunto son peculiares y descabelladas pero, en realidad, todas se basan en filias y trastornos psicológicos muy humanos, como la pérdida de la dignidad por alimentar una relación tóxica o las falsas expectativas que genera la cultura popular y el porno de cara a las relaciones sexuales. El cuidado diseño de producción colorista y de cuento de hadas colisiona armónicamente con la decrepitud y lo grotesco de los relatos, mientras que la sólida dirección de Moreno consigue que todo fluya con la peculiar naturalidad que despliega el film.


De la misma forma en la que el envoltorio choca (en el buen sentido) con el contenido, sorprende para bien ver a actores del star-system español como Luis Tosar o Quim Gutiérrez entregarse a personajes tan extremos e incluso ridículos. Todo el reparto está en perfecta sintonía con el tono de Ventajas de viajar en tren, pero destacan especialmente Ernesto Alterio, Javier Botet y Pilar Castro. Botet protagoniza la mejor historia y Castro la mejor secuencia, una que va acompañada musicalmente por El amor de Massiel, un himno desconocido de la música española que acompaña perfectamente la emoción creciente del momento en el que suena, al tiempo que encapsula en su letra todo el viaje emocional del personaje de Castro. De las mejores secuencias de la cosecha cinematográfica anual.


A Ventajas de viajar en tren le pesa sobre todo una trama que tiene que ver con niños que está innecesariamente estirada. Es el mayor inconveniente que le encuentro a una película extravagante, divertida y necesaria. Porque ya era hora de que el cine español nos obsequiara con un film que no sea apto para todos los públicos, que asquee y sorprenda, que se zambulla en la metaficción y que haga un humor absurdo y marciano que nos retrotraiga a la maravillosa Amanece, que no es poco (1989) tras ese intento fallido de recuperar su espíritu que fue Tiempo después (2018). Ojalá que Aritz Moreno pueda desarrollar una carrera tan estimulante como su insólita carta de presentación.

7’5/10

17/11/19

Doctor Sueño – Pálido resplandor



Dir.: Mike Flanagan
Int.: Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Kyliegh Curran, Cliff Curtis, Zahn McClarnon, Emily Alyn Lind, Zachary Momoh, Jocelin Donahue
¿De qué va?: Décadas después de sobrevivir al Hotel Overlook, Danny Torrance lucha por encontrar algo de paz a pesar de seguir irremediablemente marcado por aquel trauma. Pronto conocerá a Abra, una valiente niña dotada de un poderoso don extrasensorial que le pedirá ayuda para enfrentarse a la despiadada Rose la Chistera y a sus seguidores.

Reseña: Una hipotética secuela de El resplandor (1980) eran palabras mayores… salvo para Stephen King, que nunca se cortó al declarar que la versión cinematográfica que hizo Stanley Kubrick de su novela le horrorizaba… y no en el buen sentido. La continuación llegó a las librerías en 2013 bajo el título de Doctor Sueño (Doctor Sleep), y tras volver a ponerse de moda las adaptaciones de sus relatos gracias al éxito de It (2017), llegó el momento de hacerla realidad. También porque es muy probable que actualmente no haya alguien más idóneo para el encargo que Mike Flanagan, pues, además de haber ya adaptado material de King con buenos resultados en El juego de Gerald (2017), es uno de los mejores y más interesantes directores de cine de terror de la actualidad.


La clave de la eficacia de Flanagan es muy sencilla: está mas interesado en los personajes, su desarrollo y sus relaciones que en asustar al personal… pero cuando se propone meternos el miedo en el cuerpo lo consigue a lo grande, como se puede comprobar en su mejor obra hasta la fecha, la serie La maldición de Hill House (2018). En Doctor Sueño es evidente el interés de Flanagan por trasladar en imágenes la historia de Stephen King con claridad y fidelidad, otorgando tiempo para conocer y explorar los tres vértices sobre los que se sustenta la misma: Danny Torrance, Abra y Rose la Chistera. Sin embargo, tal es la dedicación de Flanagan por construir una narración sin trama ni cartón que en realidad se echa en falta algún golpe de efecto que anime una trama demasiado larga, pagada de sí misma y más previsible y obvia de lo que se cree.


Los únicos golpes de efecto que se reserva el film son alguna que otra escena macabra y las referencias a El resplandor, la película, que se concentran al principio y al final del metraje. Flanagan se ha acercado a la obra de Kubrick con reverencia pero tomando y manipulando sin pudor aquellos elementos que necesitaba para terminar de dar forma a Doctor Sueño. El resultado es una suerte de reconciliación entre King y Kubrick, aunque agrava la diferencia de chicha entre un material y otro, pues el interés hacia lo que ocurre en pantalla sube enteros con cada referencia a El resplandor, al menos para un servidor. Y no es por falta de temas: en Doctor Sueño se habla de la adicción, de la responsabilidad, de la culpa, de plantarle cara a nuestros miedos y de la redención, pero todo esto se traduce en una lucha entre el bien y el mal, entre personas con poderes y vampiros, que no luce demasiado.


Ewan McGregor como Danny Torrance está correcto, pero no hay nada especialmente reseñable en una interpretación que palidece ante la de Rebecca Ferguson, juguetona y perversa dando vida a la gran villana de la función. La actriz insufla vida a una película que, si bien consigue distanciarse lo suficiente de El resplandor, tampoco cuenta con suficientes virtudes y hallazgos como para destacar por sí sola. Aun así, sigo pensando que Mike Flanagan era el director más apropiado para la empresa, pues la cosa podría haber salido mucho peor, y quizás Doctor Sueño nunca estuvo llamada a resonar en la misma frecuencia que los pasillos del maquiavélico Hotel Overlook.

6/10