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13/1/18

El irresistible encanto de lo cutre

Poster The Disaster Artist


Dir.: James Franco
Dir.: James Franco, Dave Franco, Seth Rogen, Alison Brie, Ari Graynor, Jackie Weaver, Paul Scheer, Josh Hutcherson, Megan Mullally, Jason Mantzoukas
¿De qué va?: Cuando Greg Sestero, un aspirante a actor, conoce al extraño y misterioso Tommy Wiseau en una clase de interpretación, entablan una amistad única y se mudan a Hollywood para convertir sus sueños en realidad. Al ver que demostrar su talento es una tarea muy complicada, deciden hacer su propia película.

Reseña: Hay expresiones artísticas que, a pesar de ser auténticas chapuzas, tienen algo que nos seducen. Pero eso no sucede de forma intencionada, sino que se produce de forma natural, se tiene o no se tiene. Miren sin ir más lejos la restauración del Ecce Homo. La señora lo hizo con toda su buena voluntad, y aunque el resultado fue una abominación, acarreó una fama mundial para su su pueblo y su iglesia inimaginable de cualquier otra forma. Porque hay veces que el empeño suple con creces la ausencia de talento y oficio. Así lo certifica James Franco en The Disaster Artist, comedia que recrea las circunstancias en las que se rodó The Room, considerada como una de las peores películas jamás rodadas.

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Franco y los guionistas Scott NeustadterMichael H. Weber (los de (500) días juntos), toman la figura de Tommy Wiseau, una suerte de Ed Wood del siglo XXI, y como ya hizo Tim Burton en el biopic sobre el director de Plan 9 del espacio exterior, lo abordan desde el cariño y de la admiración que se puede llegar a sentir con alguien tan desconectado de la realidad como enamorado de la idea de convertirse en una estrella sin tener ni idea de interpretación, de cine ni de la industria audiovisual. No obstante, The Disaster Artist no se revela como un homenaje al cine cutre hasta el final, siendo ante todo la historia de amistad entre Tommy Wiseau y Greg Sestero, encarnados respectivamente por los hermanos James y Dave Franco. Este bromance no dista demasiado de las comedias sobre Peter Panes modernos que se pusieron de moda hace unos años gracias a Judd Apatow (Virgen a los 40, Superfumados, Paso de ti...), en los que la amistad masculina se sitúa por encima de cualquier mujer o atisbo de madurez… aunque uno tenga que acabar asumiendo que su colega del alma no está bien de la cabeza y que supone un impedimento para avanzar en la vida.

The Disaster Artist3

Porque por mucho que James Franco no quiera ridiculizar a su héroe particular, en ningún momento disimula el comportamiento errático que tuvo el director/actor/guionista durante el rodaje de su película, lo cual también permite a Franco ofrecer no solo un trabajo de caracterización mimético (lo que hace con la voz es desternillante) sino sacar adelante una de las interpretaciones más divertidas del cine reciente. Claro que el alcance de la broma tiene un límite, y se encuentra en el conocimiento previo o interés que se pueda tener acerca de la película que lo empezó todo. Porque si no se ha visto The Room, o al menos sus momentazos vía Youtube, o simplemente no se siente una especial curiosidad por este tipo de cine de culto extravagante, la película pierde enteros, al depender exclusivamente del atractivo que pueda suscitar un personaje tan bizarro y censurable  como Tommy Wiseau, cuyos misterios y secretos se mantienen en secreto para no desmontar ese extraño misticismo que hay montado en torno a él. Aunque, como bien se demuestra con la larga lista de cameos de celebridades de la que goza la película, personajes así, que parecen venidos de otro planeta, como el propio James Franco en muchos momentos (¿recuerdan la debacle de su labor presentando los Oscar?) son capaces de despertar una simpatía que otros con más talento y el mismo ego no pueden aunque se esfuercen. Al final, siempre nos ponemos de parte de los perdedores, de aquellos que, a diferencia de nosotros, no tienen miedo a hacer el ridículo, aunque lo hagan con creces, y por eso es inevitable que acabemos de ver The Disaster Artist sin imitar eso de “I did not hit her! I did noooooot. Oh, hi Mark!”.

7’5/10

9/1/18

La parada musical de los monstruos

Poster El gran showman


Dir.: Michael Gracey
Int.: Hugh Jackman, Michelle Williams, Zac Efron, Rebecca Ferguson, Zendaya, Keala Settle, Sam Humphrey, Austyn Johnson, Cameron Seeley
¿De qué va?: Tras perder su trabajo como oficinista, P.T. Barnum, deseoso por darle a su esposa y a sus dos hijas la vida que siempre les había prometido, se embarca en un arriesgado y ambicioso proyecto: crear un gran y asombroso espectáculo circense. Para ello, Barnum buscará artistas únicos capaces de ofrecer un show que pueda ser cualquier cosa salvo convencional.

Reseña: Los musicales son necesarios, sin importar que sean buenos o malos. Bueno, mejor que sean buenos, pero piensen lo siguiente: ¿hacen falta más películas de terror de sustos baratos o comedias sin gracia de humoristas venidos a menos? No. En cambio, el musical, ese género tan puramente cinematográfico, tan decadente a la par de característico de la Edad de Oro de Hollywood, no puede desaparecer del todo, o el Séptimo Arte perderá parte de su magia, la que hace que cualquier cosa sea posible, incluso que dos personas se pongan a cantar en medio de una discusión. Por ello, siempre hay que celebrar que lleguen a los cines películas como El gran showman, un proyecto que ha querido sacar adelante Hugh Jackman desde que presentó aquellos fabulosos Oscar, allá por el año 2009.

El gran showman

Tiene mérito que la película haya conseguido salir adelante, casi diez años después de que empezara a gestarse, y que se trate de un musical completamente original, basado en la vida y obra de P.T. Barnum, sí, pero sin partir de ningún material previo y con un repertorio de canciones propias. Desde el mismo prólogo, se hace patente que el ritmo y las coreografías van a hacerse con el protagonismo… aunque termina por volverse en contra de la propia película. 105 minutos es una duración muy ajustada para un musical, y aunque muchas canciones funcionen para avanzar la trama, a veces lo hacen a costa de elipisis que de forzadas resultan hilarantes (¿nadie más se acordó El tango de la muerte de Los Simpsons al final del número de A MIllions Dreams?). Por otra parte, resulta cuanto menos curioso que la historia dedique tan poco tiempo a mostrarnos los números del circo en torno al que gira todo. Parece que ya por tener a una mujer barbuda, a un enano vestido de Napoleón y a un par de acróbatas ya sabemos de qué va el asunto y no hace falta que los veamos en acción, salvo cuando protagonizan algún que otro número musical reivindicativo.

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Al final, la asunción de dignidad y empoderamiento de los “freaks” no resulta tan importante en la trama como la búsqueda de aceptación de Barnum en la alta sociedad, y la película está tan empeñada en mostrarle como un buen y visionario samaritano que no puede hacer otra que pasar muy de puntillas por los aspectos susceptibles de resultar polémicos (el trato a los trabajadores del circo, su relación con la cantante Jenny Lind…), por lo que todo resulta muy blanco y naíf, con muy poca chicha. Las canciones molan, eso sí, la mayoría son pegadizas y están bien escenificadas, aunque su estilo ni la película sean lo suficientemente extremos (como sí lo fue Moulin Rouge) para que ese toque Maroon 5 que tienen case por contraste con la época en la que está ambientada la historia. Pienso que a Michael Gracey, especialista en efectos visuales y director debutante, le faltan tablas y personalidad para poder hacer del film un gran y perdurable musical, pues se corre el peligro de que para el año que viene nadie ,ni los que trabajaron en él, lo vayan a recordar.

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El gran showman aúna maneras de musical moderno con un espíritu un tanto anticuado; véase si no el poco agradecido rol de las dos mujeres con más protagonismo de la historia: la fiel, devota y pasiva esposa (una Michelle Williams de sonrisa forzadísima) dedicada a cuidar de las hijas y apoyar a su marido, sin sueños propios, y la cantante Jenny Lind (Rebecca Ferguson), que exhibe un comportamiento de mujer despechada muy plano y muy visto. Al fin y al cabo, este show pertenece a Hugh Jackman, que ha sido uno de los máximos responsables en ponerlo en pie, y que exhibe todo su talento, carisma y generosidad en cada minuto que comparte en pantalla junto a sus compañeros de reparto (Zac Efron debería de estarle muy en deuda). A él debemos agradecerle el viaje, aun sabiendo que con un poco más de riesgo y locura, El gran showman hubiese dado para algo más que para el placer culpable que resulta ser.

6/10

29/12/17

Señoras Bien

Poster Muchos hijos un mono y un castillo

Dir.: Gustavo Salmerón
¿De qué va?: Muchos hijos, un mono y un castillo. Son los deseos con los que soñó Julita desde niña, y los tres se han convertido en realidad. Cuando el menor de sus hijos se entera de que su madre ha perdido la vértebra de su bisabuela asesinada, guardada a lo largo de tres generaciones, la familia emprende una búsqueda entre los más peculiares y extraños objetos que Julita ha ido acumulado a lo largo de sus más de ochenta años.

Reseña: Si algo nos han enseñado programas como Callejeros, es que la geografía española está llena de personajes curiosos y carismáticos con historias que superan cualquier ficción. ¿Alguien se acuerda de la señora de Valencia que salía al portal de su casa forrada de bolsas de basura porque su vecina le tiraba pipí? Pues eso. Gustavo Salmerón no ha tenido que irse muy lejos de casa para encontrar la inspiración para su primer largometraje, pues su familia, y en particular su madre, dan para una buena comedia absurda. Y es que la matriarca, Julita, es una señora que parece una fusión entre los prototipos de heroína del cine de Almodóvar, John Waters y Berlanga, sin resultar extrema o caricaturesca al ser tan auténtica como la vida misma, y eso se nota desde que la vemos al principio de la película, sentada frente a la cámara mojando sus galletitas en el café.

Muchos hijos un mono y un castillo

Lo de Julita de joven fue muy de cuento de hadas: encontró su príncipe azul y los dos fueron felices,comieron perdices en un castillo y tuvieron muchos hijos. Incluso ella llegó a tener en un mono algo parecido al típico amigo animal que toda princesa Disney que se precie debe poseer. Pero los cuentos se acaban, llega la crisis, y hay que abandonar el castillo y empezar una nueva vida en un lugar más humilde, no sin antes vaciar la fortaleza de tesoros y recuerdos. Así, el documental utiliza como macguffin la búsqueda de un par de vértebras de un antepasado perdidas en algún sitio para desgranar la historia de Julita y de su familia, al tiempo que organizan una mudanza imposible. Y entre anécdotas varias, cajas, cajas y cajas de objetos inútiles, confesiones inauditas, risas y lamentaciones, se filtran observaciones lúdicas sobre el paso del tiempo, la muerte, la familia o el apego hacia las posesiones que acumulamos con los años, y que al fin y al cabo son piezas con las que se va construyendo el puzzle de la vida.

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Muchos hijos, un mono y un castillo es una de las comedias más eficaces de este año gracias al show que supone Julita ante la cámara, una señora con la que perderíamos la paciencia rápido, pero que nos lleva a su terreno a través de la pantalla con su desparpajo y sus ocurrencias. Aun teniendo Julita frases y momentos realmente impagables, lo mejor es la intimidad y la ternura con la que Salmerón capta la relación de sus padres, de la misma forma que retrata la resignación ante su presente y la nostalgia por su pasado. Esta es una de esas películas que pasan desapercibidas si no se produce el efecto recomendación y el fenómeno boca a boca, así que (¿por una vez?) háganme caso: si tienen la oportunidad de verla no la dejen pasar, y es que difícilmente encontrarán alguna pieza que retrate de forma tan divertida y original el casticismo y a la familia española como reflejo de la historia del país.

8/10

22/12/17

El crepúsculo de los ilusos

Poster Wonder Wheel


Dir.: Woody Allen
Int.: Kate Winslet, Juno Temple, Justin Timberlake, Jim Belushi, Jack Gore, Max Casella, David Krumholtz
¿De qué va?: Ginny es un ex actriz que trabaja como camarera cuya aburrida existencia de casada con el rudo operario de la noria de Coney Island dará un vuelco durante el verano en el que conoce a un apuesto salvavidas con aspiraciones de dramaturgo y a Carolina, su hijastra, que tiene problemas con ciertos gangsters.

Reseña: El cine de Woody Allen nunca ha destacado precisamente por su optimismo, pero hay una evidente tendencia en sus últimos obras a la amargura, ya sea a través de personajes sin salvación posible (Blue Jasmine), de reinterpretaciones de la orquestación del crimen perfecto (Irrational Man) o de la dulce melancolía por un amor del pasado que no podrá repetirse (Café Society). Que su último trabajo, Wonder Wheel, esté ambientado en los años 50, reafirma el renovado interés del cineasta por bucear en tiempos con más encanto y… ¿mejores?, pero lo de que la historia tenga un parque de atracciones como telón de fondo no indica ni por asomo que esta vaya a ser una de las comedias ligeras con las que algunos años nos ameniza el neoyorkino.

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La película, con tan solo cuatro personajes principales y unos pocos escenarios, se presenta como una tragedia griega en la que el deseo, la traición, las mentiras y el desamor se entrecruzan para definir el destino de los actores. Pero hay mucho más, porque todos ellos cargan o acabarán cargando al final de la historia con el peso y las consecuencias de errores fatales para los que no hay redención posible. Poco importa que se hayan producido por amor, o celos, con buenas o malas intenciones, o por equivocación, porque el daño está hecho y es irreparable. Solo queda vivir anclado en el pasado, recordando mejores tiempos, o soñando con expectativas de futuro inalcanzables, y evadirse de la vida como buenamente se pueda, ya sea mintiéndose a sí mismo, o por medio de actos de rebeldía, como hace el pirómano y cinéfilo hijo de la protagonista.

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Toda esa amargura y frustración vital de la que está empapado el film queda patente en el rostro de Kate Winslet, que no es ajena a roles de mujeres atrapadas en vidas que no les satisfacen (Revolutionary Road, Juegos secretos, Un dios salvaje…). Pero en su primera colaboración con Woody Allen, la actriz inglesa está particularmente antipática y neurótica, lo necesario para dar credibilidad y entidad al personaje, y aunque no se encuentre entre los papeles más memorables de su carrera (básicamente porque tiene muchísimos que resultan excepcionales), posee grandes momentos, como cuando le confiesa su pasado bajo el muelle a un afinado Justin Timberlake, o en el último acto de la narración. Juno Temple como la dulce joven en busca de recomenzar su vida y Jim Belushi como el marido gañán corto de miras completan un cuarteto protagonista que se beneficia de la buena mano que siempre ha tenido Allen para la dirección de actores.

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Llegados a este punto, es absurdo esperar que Woody Allen vaya a hacer algo distinto a lo que nos tiene acostumbrados. Los temas son familiares y recurrentes, pero están desarrollados con la notable habilidad analítica y reflexiva del cineasta. Lo más singular de Wonder Wheel es, sin duda alguna, el trabajo de fotografía de Vittorio Storaro, quien después de recuperar el brillo del Hollywood dorado en Café Society ilumina la Coney Island de los 50 con unos bellísimos tonos crepusculares, que mutan de frío a cálido y viceversa conforme cambia el tono y el devenir de la escena, y a veces, en un mismo plano. Es algo digno de ver y de admirar y que proporciona la estampa perfecta a una película tan hermosa como áspera, marcada por una pesadumbre contagiosa.

8/10

20/12/17

La Fuerza se transforma

Poster Star Wars


Dir.: Rian Johnson
Int.: Mark Hamill, Carrie Fisher, Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Domhnall Gleeson, Kelly Marie Tran, Laura Dern, Benicio Del Toro, Andy Serkis
¿De qué va?: La Primera Orden se ha vuelto más poderosa y tiene contra las cuerdas a la Resistencia, liderada por la General Leia Organa. Mientras tanto, la joven Rey tendrá que definir su futuro y su vocación, mientras que Luke Skywalker evaluará el futuro de los Jedi ante su llegada.

Reseña: Con El despertar de la fuerza, J.J. Abrams llevó a cabo la complicada empresa de revitalizar una de las sagas cinematográficas más veneradas de la historia, presentando nuevos personajes que enganchasen tanto a las nuevas audiencias como a los que crecieron con las películas originales. No obstante, si de algo se le acusó al Episodio VII, fue de jugar demasiado sobre seguro, siguiendo un esquema y una narrativa que parecía un remake autoconsciente de Una nueva esperanza. Ahora las quejas vienen porque su continuación, Los últimos Jedi, es demasiado diferente, que no es lo suficientemente Star Wars. ¿En qué quedamos entonces?

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Para empezar, la película de Rian Johnson no es tan revolucionaria como se comenta por ahí. Disney y Lucasarts no lo hubiesen permitido, como ha ocurrido con el spin-off de Han Solo que se estrenará el año que viene. Pero sí que hay notables novedades y cambios en la saga, desde detalles imperceptibles, como que a diferencia de las entregas anteriores, no haya un gran salto temporal con respecto a El despertar de la fuerza, hasta otros mucho más destacados y polémicos,  como desmitificar la orden Jedi o diluir el lado oscuro y el bueno en una escala de grises en la que se mueven Rey (Daisy Ridley) y Kylo Ren (Adam Driver), quienes gozan de una dinámica y una química que se encuentra entre lo más destacado del conjunto. Si ya lo decía Luke Skywalker en el tráiler de forma premonitoria : “Esto no va a salir de la manera que crees”. De hecho, y sin entrar en spoilers, el encuentro entre el mítico héroe y Rey no es como todo el mundo se imaginaba, ni los planes de los buenos salen como cabía esperar, lo cual permite que la película indague en temáticas más complejas que las entregas previas; que una producción de este calibre deje caer, aunque sea tímidamente, que en el mercado armamentístico participan tanto los ‘malos’ como los ‘buenos’, es algo realmente loable.

Star Wars: The Last Jedi

Kylo Ren (Adam Driver)

Photo: Lucasfilm Ltd. 

© 2017 Lucasfilm Ltd. All Rights Reserved.

Y sí, hay bichitos adorables cuya función principal es la de vender peluches (¡ni que fuera la primera vez que ocurre!), y su humor no siempre está bien insertado, pero no son más que detalles que pasan a un segundo plano cuando hay tantas cosas que celebrar, como la evolución de Kylo Ren, lo bien aprovechada que está Leia en esta ocasión (mucha pena tener que despedirnos de la gran Carrie Fisher), el arco dramático de Luke Skywalker (Mark Hamill), que le confiere al personaje una complejidad jamás vista en la trilogía original, o que haya más mujeres que en todas las películas previas juntas, y jugando papeles activos y vitales en la historia. No hay ningún intérprete que desentone, lo cual corrobora el excelente trabajo de casting que se hizo para la película precedente y valida las incorporaciones de Kelly Marie Tran, Laura Dern y Benicio Del Toro. La trama se divide en tres líneas argumentales paralelas de forma eficiente y la acción es todo lo trepidante que cabría esperar de una película de Star Wars, con secuencias de una potencia visual arrolladora como los sucesivos enfrentamientos que acontecen en el planeta minero durante el último acto.

Star Wars: The Last Jedi

Poe Dameron (Oscar Isaac)

Photo: David James

©2017 Lucasfilm Ltd. All Rights Reserved.

Tantos riesgos que toma la película que algunos pueden considerarse errados. Sin embargo, después del festival de la nostalgia que supuso El despertar de la fuerza, era justo y necesario un cambio de rumbo para que la saga pudiese ofrecer algo novedoso e impredecible, y se ha sido conseguido con creces, aunque pueda provocar división. Su emocionante desenlace deja la saga en una situación incierta, en la que cualquier cosa podría ocurrir, y eso, en una galaxia lejana tan conocida, no deja de ser algo muy estimulante

8/10

18/12/17

Expiación por sangre

Poster Sacrificio Ciervo Sagrado

Dir.: Yorgos Lanthimos
Int.: Colin Farrell, Nicole Kidman, Barry Keoghan, Raffey Cassid, Sunny Suljic, Alicia Silverstone, Bill Camp
¿De qué va?: Steven es un cirujano que es forzado a hacer un inimaginable sacrificio después de que su vida empiece a venirse abajo, cuando el comportamiento de un adolescente que ha tomado bajo su protección se torna siniestro.

Reseña: Desde que se dio a conocer mundialmente con Canino (2009), Yorgos Lanthimos  ha establecido un estilo que no puede dar lugar a equívocos en el espectador que ya conoce algo de su cine. Su humor negrísimo, su ausencia de reparos a la hora de enseñarse con sus personajes o el carácter impávido que estos presentan ya es marca de la casa, y si ya has probado y no te ha gustado, dudo que si te vaya a gustar El sacrificio de un ciervo sagrado, pues lejos de depurar o subvertir su estilo, Lanthimos lo expande en busca de nuevas formas de incomodar y repugnar al espectador, así como de juguetear con el aspecto más vil, oscuro y retorcido de la condición humana.

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Claro que ese tipo de personajes e interpretaciones que se basan en recitar un diálogo sin apenas transmitir alguna emoción eran más lógicos y tenían más sentido en Canino, por lo peculiar de la familia protagonista, y en Langosta (2015), por situarse en un futuro distópico en el que las relaciones interpersonales han sido completamente deshumanizadas. En el último film de Lanthimos chirría un poco que un matrimonio de médicos y sus hijos actúen de esa manera tan marciana y robótica, pero tiene un sentido, que no es otro que ponerles a continuación en una situación límite que se escapa a su control y raciocinio, de la mano de un chaval con intención de destrozar a esa familia de una forma tan cruel como enigmática. Lanthimos se inspira en la historia de la mitología griega que da título al film (eviten saber de ella para no comerse un buen spoiler) para formular una retorcida venganza por la que un hombre debe dejar a un lado todo aquello en lo que creía y pagar por sus pecados y errores de una forma primitiva, sí, pero justa siguiendo los cánones por los que se regía el mundo cuando Grecia aún actuaba como cuna de la civilización occidental.

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Lanthimos logra una atmósfera insana, desasosegante y extraña recorriendo en travellings los interminables pasillos del hospital donde trascurre buena parte de la trama y acercándose a través de zooms a los personajes, acompañado de una música que crispa los nervios. Con una técnica que recuerda a Kubrick en El resplandor (1980) y una temática afín al Funny Games (1997) de Haneke (la destrucción de una familia de clase alta a través de la arbitrariedad de la violencia), el director griego moldea esta pesadilla que no está exenta de sus toques de humor negrísimo, aunque resultan más escasos que en sus trabajos precedentes. También goza de la complicidad de un reparto que da vida a unos personajes tan deliberadamente poco empáticos, empezando por un Colin Farrell soberbio, sobre todo cuando su personaje está ya prácticamente abatido y contra las cuerdas. A su lado, se encuentra Nicole Kidman en uno de esos arriesgados trabajos fuera de lo común que tanto le gusta interpretar como a nosotros disfrutar, pues son en los que siempre brilla más. Mención especial merece Barry Keoghan como el catalizador de los males a los que se enfrenta la pareja protagonista. El joven actor realiza una interpretación realmente inquietante, digna del niño diabólico de La profecía (1976).

The Killing of a Sacred Deer

El sacrificio de un ciervo sagrado es, a fin de cuentas, puro Lanthimos. Una película a la que el bienestar del espectador se la trae al pairo, que plantea muchas más preguntas de las que resuelve y que parte de situaciones ilógicas y surrealistas para poner en solfa la comodidad y la estabilidad alcanzada por la clase alta occidental, dispuesta a cualquier cosa para que eso no cambie. Tal vez nunca lleguemos a comprender las decisiones que toman los personajes del cine de Lanthimos, pero si somos honestos con nosotros mismos, descubrimos que ese comportamiento que nos causa tanta repugnancia no nos resulta tan poco familiar después de todo.

8/10

13/12/17

Una familia de genios frustrados

Poster The Merowitz Stories


Dir.: Noah Baumbach
Int.: Adam Sandler, Ben Stiller, Dustin Hoffman, Elizabeth Marvel, Emma Thompson, Grace Van Patten, Danny Flaherty, Adam David Thompson, Judd Hirsch, Rebecca Miller, Adam Driver
¿De qué va?: Los Meyerowitz son una peculiar familia neoyorkina capitaneada por Harold Meyerowitz, un veterano artista del que se está preparando una retrospectiva de su carrera. Con motivo de esta celebración, se reúne el clan al completo, formado por los dos hijos de su primer matrimonio, Danny y Jean, y su tercer hijo, Matthew, un exitoso ejecutivo, además de su cuarta esposa, Maureen. Será entonces cuando salgan a la luz las taras psicológicas de los tres hermanos con sus traumas e inseguridades.

Reseña: Netflix lleva arrastrando un problema gordo desde que empezó a involucrarse en la producción y distribución de películas bajo su propio sello: no sabe visibilizarlas. Se habló mucho de Máquina de guerra y de Hasta los huesos antes de que se añadieran a su catálogo, pero cuando al fin llegaron, nada más se supo de ellas. A diferencia de series como Stranger Things o Narcos, sobre las que no paran de bombardearnos, las películas originales de Netflix se han perdido en la multitud… exceptuando, quizás, a Mudbound (de la que puede que hablemos algún día próximo), la gran apuesta de Netflix de cara a esta temporada de premios. No es la única película que la compañía podría promocionar de cara a los Oscar, porque tiene una joyita, The Meyerowitz Stories, con la que podrían llegar lejos, pero parece que la han dejado de lado a pesar de que se presentó en el último Festival de Cannes con una excelente acogida; incluso se habló de que podría haber rascado algo en el palmarés, si no fuera porque el presidente del jurado, Pedro Almodóvar, hizo unas mediáticas declaraciones en contra de la participación de Netflix en cualquier festival de cine.

Meyerowitz Stories

En cualquier caso, The Meyerowitz Stories es una ‘rara avis’ dentro del catálogo de originales de Netflix porque es una película de autor con todas las de ley; no podía ser de otra manera siendo de Noah Baumbach, el alumno más aventajado de Woody Allen. La atmósfera pija/bohemia/cultural típicamente neoyorkina del cineasta se respira en toda la cinta, y también hay reminiscencias a Los Tenenbaums de Wes Anderson por eso de ser una familia excéntrica en la que no hay ni un solo miembro que no esté atormentado. También hay un poco de las tiras cómicas de Peanuts, pues los hermanos Meyerowitz poseen una triste comicidad y un carácter melancólico muy similar al de Charlie Brown y compañía. Pero, ante todo, The Meyowitz Stories es una película de Noah Bambauch, porque, al igual que sus trabajos anteriores (Frances Ha, Mistress America, Cuando éramos jóvenes, Margot y la boda…) gira en torno a personas que se creen más especiales de lo que en realidad son, y que hacen sufrir a los que están a su alrededor por esa frustración vital que no terminan de aceptar, aunque no se den cuenta de ello. Aquí, todo empieza con el patriarca, un escultor de carrera mediocre ensombrecido a su pesar por el éxito de un amigo y volcado en su hijo favorito, el ejecutivo de éxito, mientras que a los otros dos, que están un poco perdidos por la vida, los trata con una condescendencia nada disimulada. Y a pesar de todo resulta imposible detestar a ese señor debido a lo entrañable que resulta un senil Dustin Hoffman dándole vida.

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La película está dividida en cinco episodios, que son casi como viñetas repletas de diálogos inteligentes, gags recurrentes y momentos candorosos como aquel en el que el personaje de Adam Sandler toca y canta una canción al piano con su hija, interpretada por Grace Van Patten, una estudiante de cine cuyos trabajos no tienen ningún desperdicio. Por cierto que Sandler no había estado tan bien desde Punch-Drunk Love, y es que cuando se aleja de esas chorradas de vergüenza ajena que suele hacer (y que Netflix le está costeando en los últimos años) puede ser un actor competente, limitado, pero cercano y empático. Ben Stiller, aunque sí que ya ha demostrado sobradamente de lo que es capaz, está en mejor forma que nunca y protagoniza una escena particularmente emotiva. El plantel se completa con Elizabeth Marvel y Emma Thompson, una apocopada y la otra excesiva, dos muestras radicalmente opuestas de excentricidad. En definitiva, lo que diferencia The Meyerowitz Stories de muchas de esas películas con sello Sundance sobre familias americanas raritas es la perspicacia de Baumbach y del reparto al plasmar el candor y la amargura de los miembros de una familia distanciada que se reencuentra en el punto en el que descubren que nadie se libra de los traumas de la juventud, los sinsabores de la vida y las relaciones insalvables… pero que siempre se sobrellevan mejor si son compartidas.

8/10

8/12/17

Amor a la mexicana

Poster Coco

Dir.: Lee Unkrich, Adrián Molina
¿De qué va?: A pesar de la desconcertante tradición familiar de prohibir estar en contacto con la música, Miguel sueña convertirse en un consumado éxito como su ídolo, Ernesto de la Cruz. Desesperado por demostrar su talento, Miguel acaba en la impresionante y colorida Tierra de los Muertos donde emprenderá un extraordinario viaje para desvelar la verdad que hay detrás de su historia familiar.

Reseña: Hasta ahora, Pixar había rendido homenaje a juguetes, bichos, coches de carreras, monstruos, y un largo etcétera, pero nunca a una cultura, a un país en particular (Brave no cuenta porque Escocia era lo de menos). Coco llega para cambiar eso y presenta asimismo a Miguel, el primer protagonista de una película del estudio del flexo que no es caucásico. Hace unos años ya se estrenó un film animado, El libro de la vida, inspirado en las tradiciones del Día de los Muertos de México, pero no poseía demasiadas virtudes más allá de la vistosa y colorida animación. Coco es harina de otro costal, pues es Pixar en todo su esplendor y, como todas las joyas de su corona, funciona de forma notable a tres niveles diferentes: forma, fondo y trasfondo.

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Empezando por el envoltorio, Pixar alcanza una nueva cota de brío visual y técnico que parecía imposible de superar. Si bien el nivel de detalle, colorido y diseño de escenarios y personajes del más allá resulta espectacular, lo que nos deja realmente anonadados es el fotorrealismo de las facciones de Coco, la entrañable anciana que da título (y motor emocional) al film. Las referencias a la cultura mexicana y a sus figuras más célebres es tan respetuosa como afectuosa, sin partir nunca de la perspectiva del turista. En cuando al fondo, a la historia, quizás sea el aspecto menos conseguido dentro del nivel de excelencia en el que se mueve el film, pues la narración se limita a conducir al protagonista de un lado a otro para conseguir determinado fin, con algún que otro contratiempo en el camino que le obliga a tomar una ruta diferente, pero que hace avanzar la historia de forma demasiado estructurada y con poca imaginación, pero nada que pueda resultar tedioso o intolerable. Y además, el repertorio de canciones, entre versiones y temas originales, es animado, pegadizo y no se abusa de él.

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Por último, llega la mejor parte, de qué va Coco realmente. El film se vale de la veneración a los difuntos que se realiza en México para hablar de la familia, del respeto hacia nuestros antepasados y de la relativa importancia de las tradiciones. Porque a todos nos gustan, nos mantienen seguros y adheridos a algo, pero cuando coartan la libertad de las personas, no se les deja ser quiénes son en realidad, no tiene nada de malo ponerles fin y reemplazarlas por unas nuevas y mejores; resulta curioso cómo contradice el mensaje rancio y conservador del interminable corto navideño de Frozen que se proyecta antes del film. Coco explora muy bien temas tan peliagudos para niños y no tan niños como el conflicto entre mantenerse fiel a uno mismo o a la familia, la aceptación de la muerte o el dolor del olvido, preparando un caldo de cultivo que desemboca en un clímax perfecto, durante una sencilla y tierna escena que hace que toda la emoción y las lágrimas broten como sólo Pixar sabe hacer: hablándole directamente a nuestro niño interior. Y claro, así uno acaba rendido ante esta deliciosa ranchera que celebra la música, la familia, la vida y la muerte con alegría y mucho corazón. 

8/10

29/11/17

¿Otra partidita al Cluedo?

Poster Asesinato en el Oriente Express


Dir.: Kenneth Branagh
Int.: Kenneth Branagh, Michelle Pfeiffer, Daisy Ridley, Penélope Cruz, Willen Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Josh Gad, Olivia Colman, Leslie Odom Jr.
¿De qué va?: Durante un viaje en el legendario tren Orient Express, el detective belga Hercules Poirot investiga un asesinato cometido en el trayecto, y a resultas del cual todos los pasajeros del tren son sospechosos del mismo.

Reseña: Ya lo sabemos de sobra: hay que hacer nuevas versiones de clásicos porque la gente no ve películas que sean de hace más de dos años. No hay otra explicación posible para la razón de existir de Asesinato en el Orient Express, pues no hay espacio para la reinterpretación desde otro enfoque de uno de los relatos más conocidos de Agatha Christie, ya que todo está perfectamente calculado para que las piezas encajen y el desenlace sorprenda a aquel que no conozca la historia. Bueno, sí que hay una explicación más: que Kenneth Branagh se lo pase pipa dando vida a Hercules Poirot, una interpretación del personaje más simpática y mejor trazada que la que brindó Albert Finney en el film del año 74. De hecho, ya se ha anunciado que Branagh repetirá dirigiendo y protagonizando otra adaptación de las historias protagonizadas por el detective belga, Muerte en el Nilo.

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Pero volviendo al Orient Express, lo que tenemos entre manos es una intriga como las de antaño, narrada con elegancia y pulso, y que suscita interés incluso cuando se conoce de antemano el desenlace del misterio. Sin embargo, la repartición del metraje entre los numerosos personajes del elenco provoca que algunos queden reducidos a una caricatura, como es el caso de Penélope Cruz, que para que se note que su personaje es muy devoto tiene que hacer alguna mención religiosa en cada diálogo que tiene aunque vaya metido con calzador. Por el contrario, Michelle Pfeiffer, Daisy Ridley y Josh Gad tienen varios momentos de lucimiento en los que le consiguen robar el el foco a Branagh, dueño y señor de la película, que para algo la dirige y protagoniza. Su afición por Shakespeare se hace patente especialmente en un desatado y teatral acto final en el que el polivalente artista da un intenso monólogo como si estuviera sobre un escenario, pero funciona, porque no hay efectismos, ni giros de guion locos, ni moderneces que valgan, solo un misterio bien construido que encierra un dilema moral y ético sin respuestas fáciles.

Oriente Express

A pesar del regusto añejo y del toque Branagh, la película en general es tan impersonal como el gélido paisaje digital que rodea al expreso. Se ve, se disfruta con moderación y se olvida igual de fácil; lo mismo que pasa con otras muchas hoy en día. La diferencia es que al menos en esta ocasión no sentimos que nos traten como tontos y que el nivel de talentos involucrados está por encima de la media habitual, aunque algunos de ellos estén infrautilizados. En realidad, una película así, un entretenimiento adulto deliciosamente anticuado, y que funcione tan bien en taquilla, es raro de encontrar en estos tiempos. Por tanto, que se quite de en medio el sosaina y paranoico de Robert Langdon que Hercules Poirot ha llegado para quedarse.

6/10

19/11/17

Más revueltos que agitados

Poster Justice League


Dir.: Zack Snyder
Int.: Ben Affleck, Gal Gadot, Henry Cavill, Jason Momoa, Ezra Miller, Ray Fisher, Amy Adams, Jeremy Irons, Ciarán Hinds, Diane Lane, Connie Nielsen, J.K. Simmons
¿De qué va?: Impulsado por una restaurada fe en la humanidad e inspirado por el sacrificio realizado por Superman, Batman decide reclutar nuevos aliados con habilidades extraordinarias para poder defender al planeta de una amenaza llegada del espacio exterior.

Reseña: Con cada noticia nueva que nos llega referente a los proyectos de DC y Warner lo vemos más claro: esta gente no sabe qué hacer con su franquicia. La película de Wonder Woman ha sido la única que ha sido acogida con vehemencia, tal vez más por la necesidad de tener una película así que por méritos propios, pero los primeros avances de Liga de la Justicia ya auguraban que las críticas vertidas contra Batman v Superman, especialmente las dirigidas a su insostenible solemnidad, fueron escuchadas, y que se ha intentado aplicar la fórmula ligera y humorística de Marvel, algo que se ratifica con el fichaje de Joss Whedon (Vengadores 1 y 2) para pulir el guion y la película. Sin embargo, a vistas del resultado final, uno tiene la impresión de que Zack Snyder lo ha hecho de forma forzada, una desgana que se le ha contagiado a Ben Affleck en su interpretación del Hombre Murciélago, con lo bien que lo había hecho en la anterior.

Justice League

Liga de la Justicia está concebida para que, al fin, el universo cinematográfico de DC despegue definitivamente, consolidando a Superman, Wonder Woman y Batman, al tiempo que se presenta en sociedad a Flash, Aquaman y Cyborg, y así enganchar a los espectadores de cara a sus futuras películas en solitario. De las nuevas caras, Ezra Miller destaca por encima del resto por la naturalidad, la gracia y la inocencia del personaje (un poco en la línea del último Spiderman), y si bien Cyborg resulta un tanto anodino, Thor Aquaman resulta más interesante por las posibilidades que tiene su película individual ambientada en el océano que por el personaje en sí. Los actores están bien escogidos pero la película les hace un flaco favor al presentarlos en un primer acto muy torpón, deslavazado, que salta de un personaje a otro sin construir nada interesante. Incluso cuando llega el supervillano, uno muy cansino, y empieza a sembrar el caos allá por donde pasa, cuesta entrar en lo que estamos viendo, básicamente porque no tenemos ni idea de lo que está ocurriendo hasta que Diana nos pone en antecedentes respecto a la excusa que han montado para que se forma la Liga de la Justicia.

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Batman v Superman tenía muchos problemas, pero iba con todo hasta el final. Liga de la Justicia es un intento de reconducir la saga a algo que, teóricamente, le plazca más a los fans y al gran público, pero por el camino se ha perdido la personalidad a favor de un marvelismo que no era necesario, como ya se demostró en Wonder Woman, la cual gozaba de un equilibrio de tonos e ingredientes perfecto. Tal vez se deba a que, por motivos personales, Zack Snyder no pudiese completar la posproducción, pero el montaje de la película hace aguas por varios lados, y los efectos especiales no están a la altura de una superproducción de esta envergadura. Puede que ya llevemos demasiadas películas de superhéroes a nuestras espaldas, pero es un poco raro que una película que nos presenta a personajes tan célebres de la cultura friki y popular despierten tan poca expectación y se reúnan en una película tan meramente cumplidora como ésta. Porque ya bastante mala tendría que ser para que una reunión de este calibre resultase aburrida. Las peleas son vistosas y entretenidas, pese a que todo aquello que las une resulte un mero y superficial trámite.

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Ciertamente, creo que la marcha de Zack Snyder es lo mejor que le puede pasar a la franquicia de DC. Aquí se necesitan nuevos talentos que aporten ideas nuevas, frescas e innovadoras, y la casa de cómics tiene material de sobra para ir hasta donde Marvel no se ha atrevido a llegar aún. A pesar de los chistes y del abuso de onomatopeyas, Liga de la Justicia es sosa y carente de emoción y de sorpresas, aunque al menos han tenido el detalle de no alargarla innecesariamente más allá de las dos horas de duración. Pero sí que tiene escena a mitad de los créditos y otra al final que anticipa cosas que están por llegar; hasta en eso se han “inspirado” en la casa rival. ¡DC, ubícate ya!

5/10

16/11/17

Saudade do amor

Poster Porto


Dir.: Gabe Klinger
Int.: Anton Yelchin, Lucie Lucas, Paulo Calatré, Françoise Lebrun
¿De qué va?: Jake y Mati son dos extraños en la ciudad portuguesa de Oporto, donde una vez tuvieron una breve conexión. El misterio en torno a los momentos que compartieron permanece, y buscando a través de los recuerdos reviven una noche sin inhibiciones.

Reseña: Antes de marcharse de forma prematura, Anton Yelchin vivió su último romance cinematográfico en Porto, junto a una chica francesa con la que coincidió hasta en tres ocasiones antes de hablar con ella; siendo una ciudad tan pequeña, tampoco es que sea demasiado complicado... El brasileño Gabe Klinger debuta en la ficción con este film; en su haber tenía un documental, Double Play: James Benning and Richard Linklater, sobre el cineclub que fundó este último en Austin, Texas. Aunque a priori parezca lo contrario, Porto tiene pocas similitudes con Antes del amanecer (1995), más allá de versar sobre un americano y una francesa que se conocen y pasan juntos una noche en una ciudad europea. A diferencia de Jesse y Celine, Jake y Mati no pasan el tiempo hablando de todo y conociéndose, es más, jamás llegan a saber algo verdaderamente significativo el uno del otro más allá de detalles superficiales y anécdotas curiosas. Así es como funciona hoy en día, tenemos un flechazo y nos vuelve a asaltar la idea del destino, las medias naranjas y el amor idílico, para poco después volverla a abrazar el escepticismo.

Porto

Porque, tal y como le dice la madre de Mati a su hija, en algún momento tenemos la necesidad de sentir que somos deseados por alguien, aunque seamos conscientes de que estamos proyectando una imagen idílica de nosotros mismos que no se corresponde la realidad. Da igual, el hechizo acabará rompiéndose, pero mientras tanto viviremos un momento en el que estableceremos una irresistible conexión carnal con alguien que quedará grabada en el recuerdo, reviviéndose de tanto en tanto con esa saudade tan típicamente portuguesa. La película de Klinger tiene forma de romance clásico en celuloide y fondo contemporáneo, siendo plenamente consciente de las expectativas y el funcionamiento de los escarceos amorosos hoy en día. Aunque la película deba su título a la ciudad, Porto no tiene tanta presencia en la trama como cabría esperar, pero su ambiente gris, húmedo y melancólico se respira dentro de los restaurantes de colores ocres, en las calles emparedadas y en las fugaces vistas al Duero.

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El desarrollo del film evita la linealidad para presentar primero la vida de ellos dos por separado y luego terminar con la noche en la que se conocieron, empleando diferentes formatos de imagen y de textura, variando entre super 8, 16 mm. y 35 mm., para diferenciar los tiempos narrativos, contrastando la claustrofobia de sus vidas solitarias con la plenitud de los momentos en los que viven su romance, porque en ningún momento el director juzga o ridiculiza a sus personajes, al contrario, se recrea en su idealismo efímero. Por contra, los saltos temporales resultan un tanto confusos, porque la ausencia de información sobre los protagonistas impide muchas veces situarse cronológicamente, pero al menos, Klinger termina la película donde la tenía que acabar, en un falso final feliz que podríamos describir con aquello que decía el perro Arthur a Ewan McGregor en Beginners: “Sabíamos que no funcionaría, incluso antes de conocerla”. Al menos, Porto resulta una bonita despedida de Anton Yelchin, pues la última película que rodó antes de fallecer es una buena constatación del inmenso talento y candor que atesoraba el actor.

7/10

15/11/17

Respirar, vivir y amar

Poster Breathe


Dir.: Andy Serkis
Int.: Andrew Garfield, Claire Foy, Tom Hollander, Hugh Bonneville, Ed Sleepers, Ben Lloyd-Hughes, Amit Shah, Jonathan Hyde, Miranda Raison, Camilla Rutherford
¿De qué va?: A los 28 años, Robin Cavendish contrajo la polio, enfermedad que le provocó una parálisis desde el cuello hasta los pies. Contra toda recomendación médica, su mujer, Diana, le sacó del hospital, siendo el apoyo fundamental para que Robin se sobrepusiese con optimismo y sin límites ante la enfermedad.

Reseña: Me parece curioso que el grueso de la campaña de marketing de Una razón para vivir (Breathe) se centre en imágenes del protagonista erguido y profesando cariño y amor a su esposa, cuando en la película no ha pasado ni media hora y el pobre ya ha contraído la polio y se encuentra postrado en una cama. Tal vez sea porque las películas de enfermedades, aun basadas en historias más grandes que la vida, no vendan tanto como los romances de época, y si tenemos en cuenta que el poster de La teoría del todo era muy similar, podemos concluir que la culpa es de las sillas de ruedas, que no funcionan como reclamo. En cualquier caso, Breathe es una historia de amor y de enfermedad, o sobre cómo lo primero puede ser mejor medicina que cualquier prescripción médica. Es cursi, lo sé, pero es el mensaje de la película, qué quieres que les haga.

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La historia de Robin Cavendish es la del padre de uno de los productores del film, Jonathan Cavendish, y ha servido para que Andy Serkis (Gollum y César en la trilogía precuela de El planeta de los simios) presente sus credenciales como director después de que su versión de El libro de la selva se retrasase por lo complejo de la postproducción y para no verse eclipsada por la exitosa versión de Disney. Lo cierto es que Serkis demuestra buena mano y buen ojo en la composición de planos, reparando en los detalles adecuados y, básicamente, haciendo aquello que un buen director debe hacer, que es transmitir sentimientos concretos a través de las imágenes, como esa opresión que desprende el hospital donde atienden a los enfermos de polio, o la importancia vital de ese tercer protagonista de la historia, que no es otro que el respirador que acompañará a Robin durante el resto de su vida. Eso sí, el bueno de Serkis no puede evitar caer en el tópico en un irrisorio episodio acontecido en Tarragona donde los protagonistas acaban montando un campamento gitano con flamenquito y guitarras españolas a todo trapo; justo lo que necesitábamos tal y como están las cosas en España.

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Aun con la buena factura y la hermosa partitura compuesta por Nitin Sawhney, como buen biopic que se precie, la fuerza de la película radica en las interpretaciones, especialmente de su pareja protagonistas: Andrew Garfield, en uno de esos trabajos donde tiene que modular la voz y centrar todo su trabajo en la expresión facial que pirran a los que entregan premios, y Claire Foy, fantástica como sostén y cómplice de su marido, aunque habría estado bien incluir alguna escena en la que flaquease y se cuestionase, aunque sea un poco, su nueva vida. No dudo que la determinación de la Diana real fuese así de íntegra, pero esa relación es demasiado idílica tras el bache inicial. Pese a que la película se centre en el matrimonio de Robin y Diana, también se beneficia de la presencia de una cuadrilla formada por familiares y amigos de la pareja que aportan un sentimiento de camaradería y cachondeo vivaz que viene muy bien para contrarrestar el dramatismo del asunto abordado. No obstante, algunos personajes importantes desaparecen entre los saltos temporales de la trama sin dejar rastro pero evidenciando un buen descuido de guion.

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Al igual que el grueso de films de estas características, Breathe es demasiado academicista, más incluso que La teoría del todo. Pasa por todos los lugares comunes de las historias sobre superación personal, incluyendo el discurso motivador recibido con ovación y aplausos, pero lo hace con elegancia y oficio. Si la intención era hacer llegar al gran público la historia de amor entre Robin y Diana y la forma en la que contribuyeron a mejorar la vida de los enfermos, el objetivo se ha cumplido con holgura entre risas y sollozos; prueba de ello es que ,en la proyección a la que asistí, una pareja de personas mayores que estaba sentada una fila más adelante de la mía se quedó sentada durante los créditos finales mientras se abrazaba y se secaban las lágrimas. El amor duradero existe, amigos, aunque cada vez sea más raro de encontrar.

6’5/10

11/11/17

Cenizas a las cenizas

Poster A Ghost Story


Dir.: David Lowery
Int.: Casey Affleck, Rooney Mara
¿De qué va?: Un músico muere en un accidente de coche y vuelve a la casa donde vivía junto a su mujer en forma de fantasma bajo una sábana blanca.

Reseña: Mi abuelo siempre decía aquello de “ten más miedo de los vivos que de los muertos”. Él sabía que las personas que te pueden hacer daño son las que se encuentran en el plano físico, mientras que las que ya no están… en fin, no pueden hacernos nada, salvo hacernos sufrir por su ausencia, aunque el sentimiento no perdure, al no ser nada eterno. Sobre la muerte, el duelo, el recuerdo y el olvido habla A Ghost Story, un pequeño film que dirigió en secreto David Lowery trayendo de vuelta la cómica figura del fantasma cubierto por una sábana blanca, como aquellos espectros impostores a los que se enfrentaba la pandilla de Scooby-Doo, o como el disfraz más recurrido por el grupo de amigos de Charlie Brown en Halloween, y todo para filosofar sobre algo tan poco gracioso como es el miedo a desaparecer, tanto nosotros como nuestros seres queridos.

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El film de Lowery es de esa clase de joyas que no puede ser apreciadas por todo el mundo. Lo pone muy fácil para producir el rechazo en el espectador: es lenta, contemplativa y pretenciosa. Pero si se consigue conectar con ella, resulta una de las experiencias cinematográficas más bonitas y desoladoras de los últimos años. Con un formato de imagen cuadrado con esquinas redondeadas y una paleta de colores grises, se presenta como una instantánea antigua en la que observamos a un fantasma (con Casey Affleck bajo la sábana) que, a su vez, presencia cómo transcurre la vida sin él, anclado a una realidad a la que ya no pertenece, quizás a la espera de cumplir con esa tarea pendiente que, según la sabiduría popular, impide que los espíritus consigan avanzar. El fantasma cumple con su penitencia asistiendo al duelo de su esposa, encarnada por la siempre magnética Rooney Mara, quien consigue que un plano fijo de varios minutos de ella comiéndose una tarta, y asimismo, su dolor, sea una de las imágenes más icónicas y tristes de la cosecha cinematográfica de este año.

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El fantasma conocerá a otro alma en pena también a la espera de algo que tal vez nunca vaya a suceder, mientras la vida continúa su curso a su alrededor, y cuando parece que la ausencia de diálogos dictaminará el desarrollo de la película, de repente Lowery se saca de la manga un monólogo tremendo acerca de lo que implica nuestro paso por el mundo, de lo que permanece y lo que se va, del recuerdo y del olvido, del legado que dejamos y del que nos gustaría dejar. Ciertamente, es un recurso facilón que se saca de debajo de la manga para evidenciar con palabras de qué va toda la cuestión, pero está tan bien escrito y resulta tan fascinante que acaba siendo todo un acierto, y en vez de desentonar, se mimetiza con una narración episódica y circular, pero rica en contenido y plagada de poéticas imágenes tan luminosas como lúgubres. Repito, la fábula de este fantasma triste no es para todo el mundo, requiere un pelín de esfuerzo, pero a cambio, nos atrapa y seduce pese a que nos recuerde lo insignificante y efímero de nuestras existencias… así como lo hermosas que también pueden llegar a ser.

8’5/10

8/11/17

Trueno de oro

Poster Thor Ragnarok


Dir.: Taika Waititi
Int.: Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Cate Blanchett, Mark Ruffalo, Tessa Thompson, Idris Elba, Jeff Goldblum, Anthony Hopkins, Karl Urban
¿De qué va?: Asgard se encuentra en manos de una poderosa amenaza, la despiadada y todopoderosa Hela, que ha robado el trono y ha expulsado a Thor a un planeta al otro extremo de la galaxia. Sin su martillo, el Dios del Trueno se encontrará a sí mismo en una carrera contra el tiempo.

Reseña: Aunque se supone que es uno de los superhéroes más fuertes de Marvel, Thor no había encontrado su lugar en el universo cinematográfico de la factoría. Las ínfulas shakespeareanas que le inyectó Kenneth Branagh en la primera película (2011) no terminaron de cuajar, mientras que su secuela, El mundo oscuro (2016), resultó ser una aventura continuista y alimenticia que el Dios del Trueno terminó de la misma forma en la que la empezó; nada que ver con la evolución desencantada que ha experimentado el Capitán América en su respectiva trilogía. Entonces, ¿qué hacemos con Thor? Joss Whedon plantó la semilla en La era de Ultrón (2015) convirtiéndolo en el alivio cómico, y Taika Waititi la ha hecho germinar con este Ragnarok en el que, al fin, el hijo de Odín despliega todo su poder.

Thor: Ragnarok

L to R: Valkyrie (Tessa Thompson) and Thor (Chris Hemsworth)

Photo: Jasin Boland

©Marvel Studios 2017

No hay que restarle reconocimiento a James Gunn, puesto que el espíritu de Guardianes de la galaxia (2014) sobrevuela por esta colorida y alocada aventura espacial en la que Waititi ha hecho algo que fácilmente podría haber despertardo la ira de los más “talifanes”: no tomarse en serio a Thor, convirtiéndolo en un personaje cómico, juguetón y algo patoso, pese a la gravedad de los acontecimientos que le rodean, al tiempo que pierde tanto a su novia científica como dos de sus rasgos más característicos, el martillo y su melena. El director deconstruye a Thor para reconstruirlo con la complicidad de un Chris Hemsworth al que se le nota que por primera vez está cómodo y disfrutando durante el rodaje, rodeado de un elenco de personajes a cada cual más carismático y con el que el protagonista mantiene una química y una dinámica genuinas. Hemsworth y Mark Ruffalo forman el mejor dúo cómico que ha pasado por el universo Marvel, Tessa Thompson está estupenda en la que parece una respuesta cinematográfica a la televisiva Jessica Jones y Tom Hiddleston revalida a Loki como personaje indispensable en el universo Marvel, mientras que Cate Blanchett tiene en una uña más carisma y presencia que aquel duende malvado de El mundo oscuro y que cualquier otro villano de la franquicia. Y qué decir de Jeff Goldblum, que está en un plano astral por encima de todos nosotros. Aunque la mayor revelación de todas es Korg, el entrañable guerrero de piedra cuya voz proviene del propio director del film.

Thor: Ragnarok

L to R: Bruce Banner (Mark Ruffalo) and Thor (Chris Hemsworth)

Photo: Jasin Boland

©Marvel Studios 2017

Waititi consigue imprimir su característico sentido del humor, que descolocará a muchos, mientras que a los que hayan visto Lo que hacemos en las sombras (2014) y Hunt for the Wilderpeople (2016) les resultará familiar ese cóctel de comedia absurda, honestidad incómoda y chascarrillos cafres. El director también demuestra tener buena mano para la acción, y hace algo tan divertido y original como convertir el film en su tramo final en un beat ‘em up clásico, en la línea de aquellos juegos de la Super Nintendo y Mega Drive tipo Golden Axe o Streets of Rage que consistían en avanzar por un escenario lateral mientras se luchaba junto a los colegas contra una horda de enemigos que venía por todos los frentes; la partitura compuesta por Mark Mothersbaugh no hace más que reforzar esa sensación de videojuego arcade de 16 bits, y sin menoscabar la espectacularidad contenida en escenas tan alucinantes y pictóricas como la de la batalla de las valkirias.

Marvel Studios' THOR: RAGNAROK..L to R: Skurge (Karl Urban) and Hela (Cate Blanchett)..Ph: Film Frame..©Marvel Studios 2017

Le ha costado dos películas en solitario y dos colectivas pero Thor por fin ha encontrado su sitio como líder y protector del pueblo asgardiano, así como vengador con una personalidad propia que va más allá de ser un dios y tener una melena bonita. Ragnarok le da mil vueltas a sus anteriores aventuras en solitario y, tal vez no sea la mejor película de Marvel, pero sí una de las más divertidas, con ninguna pretensión más allá que la de brindar un espectáculo vistoso, desenfrenado y ocurrente que viene muy bien para liberar tensiones y prepararse para lo que se nos viene encima el año que viene con la llegada de Thanos. Ahora sí que podemos afirmar que Thor es nuestro superhéroe Marvel favorito sin que nos miren con el ceño fruncido.

8/1'0

22/10/17

Miserias familiares

Poster El castillo de cristal


Dir.: Destin Daniel Cretton
Int.: Brie Larson, Woody Harrelson, Naomi Watts, Max Greenfield, Josh Caras, Sarah Snook, Bridgette Lundy-Paine, Ella Anderson, Charlie Shotwell, Sadie Sink
¿De qué va?: La periodista Jeannette Walls intenta llevar una vida radicalmente opuesta a la que tuvo en su niñez, marcada por una familia de nómadas inconformistas, y liderada por una excéntrica artista como madre y un padre carismático y entusiasta pero con un severo problema de alcoholismo.

Reseña: Antes de que Brie Larson fuese mundialmente reconocida al ganar el codiciado Oscar por su interpretación en La habitación, ya apuntaba maneras en películas como Las vidas de Grace (Short Term 12, 2013), un drama indie muy pequeñito pero muy sentido ambientado en un centro de menores. Ahora, convertida en una estrella, la actriz vuelve a trabajar con el director de aquel film, Destin Daniel Cretton, en El castillo de cristal, aunque las condiciones de trabajo ya no sean las mismas: con el aumento del caché de Larson y la producción de un gran estudio de Hollywood, esta adaptación cinematográfica de las memorias autobiográficas de Jeannette Walls cuenta con más recursos y está más calculada que Short Term 12, así que, de entrada, la naturalidad y honestidad de aquella brillan por su ausencia en esta segunda colaboración entre actriz y cineasta.

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Y eso que el material de partida es bastante espinoso: Jeannette creció en un ambiente atípico y en cierta manera anarquista, bajo la tutela de unos padres despreocupados y liberales que educaron tanto a ella como a sus hermanos en casa, o más bien, en la carretera, pues se mudaban cada dos por tres, subsistiendo con lo mínimo y bajo la promesa de que algún día construirían ese castillo de cristal que sirve como metafórico título de la historia. Vamos, una versión realista y menos buenrollera que esa fantasía hippie que fue Capitán Fantastic (2016), porque por mucho que el patriarca se empeñara en desarrollar la imaginación y el carácter de sus vástagos, su alcoholismo y comportamiento errático provocaron demasiados estragos en esa familia. Es durante esas situaciones incómodas, como cierta lección de natación en una piscina pública, o una monumental pelea entre los progenitores, cuando la película funciona mejor, pero no son más que escenas aisladas dentro de un conjunto con un acabado más blandito del que la historia requería.

Glass Castle

Porque al final, todo ese resentimiento que siente Jeannette hacia su padre, justificado en buena medida, acaba desembocando en una reconciliación un tanto simplista, basada en esa máxima de que hablarán bien de nosotros cuando hayamos muerto por muy hijos de nuestra madre que hayamos sido en vida. Sí, el perdón es posible, y se puede aprender a querer una persona a pesar de sus claroscuros, pero necesito más argumentos y herramientas para que me convenza y me emocione ese final, y la película no los da a pesar de que sobrepase las dos horas de duración. Los flashbacks ocupan gran parte de la narración, por lo que la participación de Brie Larson queda bastante reducida, imponiéndose una muy efectiva Naomi Watts y, sobre todo, un inmenso Woody Harrelson, que con su presencia y su facilidad para reflejar el carácter volátil y contradictorio de su personaje se hace dueño y señor de un film correcto pero demasiado encorsetado en un molde academicista, y aunque no se regodee tanto en el sentimentalismo fácil como podría, le impide exprimir todo el potencial, ético, social y dramático, que posee la historia.

6/10