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26/10/16

Belleza efímera

Poster Sunset Song

Basada en uno de los grandes clásicos de la literatura escocesa, Sunset Song se sitúa en pleno siglo XX y sigue la evolución a lo largo de los años de Chris, la hija mayor de una familia de granjeros que aprende a ser autosuficiente y a vivir el amor sin permitir que éste le anule como persona. Su crecimiento se sucede al igual que los cambios de estación, de forma sutilmente gradual, sin brusquedad. Su historia es empoderamiento femenino en tiempos en los que tal cosa ni siquiera existía. El director, Terence Davies, que tiene ahora en cartelera Historia de una pasión, huye de los ornamentos típicos del melodrama de época clásico, impidiendo que el vestuario, la banda sonora o la ambientación desvíen la atención de lo que considera más importante: el crecimiento vital de Chris y su fuerte vínculo con la naturaleza que le rodea.

Sunset Song

“Sólo la tierra perdura. El mar, el aire y la gente son sólo un suspiro.” Esta frase sintetiza a la perfección la consigna del film: las personas van y vienen en la vida de Chris, mientras los tiempos convulsos, los felices y la guerra son finitos, se van de la misma forma que llegaron, sin previo aviso, elípticos, mientras que esta mujer está en cierta manera anclada a su tierra, a su granja, experimentando en su propia piel todo lo que sucede a su alrededor, pero permaneciendo inamovible. La interpretación de la desconocida Agyness Deyn aporta serenidad, entereza y emoción al personaje de Chris, quien sólo busca la felicidad al lado de su amado Ewan (Kevin Guthrie), si bien la guerra y la presión social y eclesiástica acabará interponiéndose entre los amantes. El radical cambio de carácter que experimenta Ewan a su vuelta del frente es el único elemento brusco y maniqueo de un relato que hasta entonces había destacado por la naturalidad con la que se concatenaban los acontecimientos.

Sunset Song2

En Sunset Song están varias de las improntas del cine de Terence Davies: una hermosa fotografía cuya luz baña los escenarios como si de un cuadro barroco se tratase, los cánticos colectivos como aliento en los momentos difíciles, una mujer que se enfrenta al patriarcado casi sin pretenderlo, un romance condenado a la tragedia… y un ritmo pausado pero firme que espantará a los más impacientes. Es el melodrama de época que haría Terrence Malick si no se lo hubiera tragado ese pozo onanista y new-age en el que se encuentra.

7/10

8/8/16

Pánico en el backstage

Poster Green RoomUna banda de música punk de gira por Estados Unidos en busca de bolos es contratada para actuar en un bar que resulta ser un club de neonazis. Tras la actuación, uno de los jóvenes integrantes de la banda ve algo que no tendría que haber visto, y todos ellos son encerrados en una habitación del local, a la espera de que el jefe del lugar decida cómo resolver la situación. Jeremy Saulnier (Blue Ruin) dirige y escribe Green Room, último film en sumarse a la estirpe de thrillers ambientados en espacios pequeños y cerrados, no aptos para espectadores claustrofóbicos.

Un ruinoso local  con una luminosidad color verde enfermizo que contrasta con la armonía del bosque que lo rodea es el escenario donde se desarrolla la acción de esta película en la que, a diferencia de la gran mayoría de las otras cintas de asedios, nada se deja a la improvisación. Las presas han sido acorraladas por los depredadores, y la eventual supremacía de uno de los bandos dependerá del que lleve a cabo la estrategia más hábil. Las potenciales víctimas están atrapadas en un territorio que les es ajeno y hostil, pero los verdugos necesitan ser cuidadosos con la matanza para que no dejar cabos sueltos que puedan incriminarlos. Así, Saulnier establece un tenso juego estratégico a vida o muerte construido con gran inteligencia, aunque su imprevisibilidad inicial se diluye conforme se va acercando un desenlace satisfactorio pero menos impactante de lo que cabría esperar, aunque con un genial punto y final cargado de humor negro.

Green Room

El film también  tiene a su favor unos jóvenes protagonistas más empáticos de lo habitual en el género de terror, consiguiendo que nos preocupemos por su supervivencia. Por supuesto que toman decisiones desafortunadas, pero al menos resultan creíbles en su desesperación y en la forma que aprenden a combatir a sus adversarios, destacando un Anton Yelchin perfecto en su pesimismo y torpeza y una magnética Imogen Poots. Frente a ellos, se encuentra Patrick Stewart en las Antípodas de su afabilidad habitual, imponente como el calculador e impasible líder de los violentos neonazis. Pese a la falta de claridad de algunos aspectos de la trama, Greem Room es una efectiva y brutal pieza de suspense a pequeña escala rodada con audacia que revitaliza el clásico juego del gato y el ratón a base de música punk y dentelladas y a escopetazo limpio.

7/10

23/7/16

Los ricos dumplings de siempre

Poster Kung Fu Panda 3El panda Po está de vuelta. Justo cuando entra en crisis porque su maestro lo ha nombrado su sucesor y nadie, ni siquiera él, cree que tenga madera de maestro, su padre biológico aparece por sorpresa en su aldea. Sin embargo, el feliz reencuentro se verá interrumpido ante la amenaza de Kai, un villano sobrenatural que se alimenta de la energía de todos los maestros de kung fu. Será entonces cuando Po emprenderá un viaje junto a su progenitor para llegar a la tierra secreta de los pandas, donde deberá aprender una poderosa técnica mística para poder derrotar a Kai.

La primera Kung Fu Panda (2008) estaba bastante bien, muy divertida y vistosa gracias a su estilo oriental y sus continuos homenajes al cine de artes marciales. Su secuela, estrenada tres años después, también me gustó, pero ahora mismo lo único que recuerdo de ella es la revelación final, ese valle escondido de pandas que adquiere buena parte del protagonismo de esta tercera parte, y que es tanto su mayor aliciente como su principal aportación a la saga. La ternura que desprenden esos pandas que se desplazan de un lado a otro rodando y que siguen la norma del mínimo esfuerzo es lo más reseñable de una trama que vuelve a tirar de la desconfianza hacia las habilidades de Po (como si no les hubiese salvado el pellejo a todos en dos ocasiones) y cuya moraleja no es más que una variación de la de sus predecesoras: no hay por qué ser alguien que no eres para ser mejor, simplemente hay que ser uno mismo y sacar el máximo potencial que llevamos dentro.

Kung Fu Panda2

Dreamworks Animation vuelve a superarse a sí misma con un apartado técnico espectacular, sacando todo el jugo a la alternancia entre las tres y las dos dimensiones. En cuanto al reparto de voces, cuerdas vocales de lujo presentes en toda la saga como las de Angelina Jolie, Dustin Hoffman, Jackie Chan o Seth Rogen, quedan relegadas a unas pocas líneas de diálogo para dejar espacio a los fichajes de Bryan Cranston, Kate Hudson y J.K. Simmons, este último como el fácilmente intercambiable villano de la función. Kung Fu Panda 3 mantiene el cómodo listón en el que se ha acomodado la saga, con más agilidad, ternura y acción, pero con gags menos jocosos y escasas sorpresas. Ha recaudado unos estupendos 519 millones de dólares a nivel mundial, pero han sido 120 menos que su secuela, síntoma de agotamiento de una saga que debería parar ahora que está a tiempo antes de evidenciar el decreciente desinterés del público, tal y como está pasando actualmente con la quinta entrega de la saga Ice Age.

6/10

9/7/16

La familia crece

Poster Nuestra hermana pequeña
Sachi, Yoshino y Chika son tres hermanas de Kamakura, Japón, que viven en la casa que una vez perteneció a su abuela. Cuando asisten al funeral de su padre, que las abandonó siendo pequeñas, conocen a la hija que éste tuvo con la mujer por la que se separó de su madre, y que ahora tiene 13 años. Pronto, las hermanas se encariñan con ella y la invitan a vivir  en la ciudad. Nuestra hermana pequeña, penúltimo film de Hirohazo Koreeda, ganó el Premio del Público del pasado Festival de San Sebastián, algo totalmente comprensible si tenemos en cuenta que es de esos films en los que uno se quedaría a vivir.

No esperen tremendismo, ni tragedias, ni giros locos que nos descubran la psicopatía de una de las protagonistas. Esta es la cálida historia de tres hermanas que desconocían que su familia estaba incompleta hasta que conocen a la cuarta, a la que acogen bajo su techo con los brazos abiertos, mientras procuran que las acciones y decisiones acometidas por sus progenitores en el pasado no condicionen sus vidas. Por supuesto que surgirán roces entre ellas porque son muy diferentes entre sí, pero es fruto de lo mucho que se quieren y de lo mucho que se preocupan las unas de las otras, y aunque todo esto pueda sonar cursi y azucarado, la película no lo es en absoluto, resolviendo las escenas más dramáticas con sutileza y buen gusto y dando un poco de cancha a la comedia.

Nuestra hermana pequeña2

Koreeda combina la muestra de las curiosas tradiciones japonesas con la modernidad inherente en esos cuatro personajes femeninos fuertes, decididos, generosos y sensibles, pero jamás sumisos, a los que las cuatro actrices protagonistas interpretan con máxima naturalidad. Así, aunque la película dure dos horas, el tiempo se pasa volando entre pequeños hallazgos, comidas familiares, reencuentros, riñas, acercamientos, desengaños amorosos, nuevas amistades, celebraciones y despedidas, y al final, sólo podemos desear que esas cuatro hermanas no se separen nunca y sean siempre felices. Este es uno de esos films que mantienen viva la pequeña llama de esperanza puesta en el ser humano, y es algo que necesitamos con urgencia, ahora y siempre.

8/10

27/6/16

Trincheras emocionales

Poster El amor es mas fuerte que las bombas
La prestigiosa fotógrafa de guerra Isabelle Reed (Isabelle Huppert) muere repentinamente en un accidente de tráfico. Tres años después, la preparación de una exposición sobre su obra trae de vuelta a casa al hijo mayor, Jonah (Jesse Eisenberg), pero al reencontrarse con su padre (Gabriel Byrne) y su hermano menor (David Druid) descubre que la relación entre ellos dista mucho de ser cercana. Mientras el progenitor intenta estrechar lazos con sus dos hijos, cada uno recuerda momentos clave vividos con la desaparecida matriarca, intentando descifrar el misterio que la rodea incluso después de su fatal destino.

Pariente lejano de Lars Von Trier, el cineasta noruego Joaquim Trier viaja hasta Estados Unidos para su tercer largometraje, El amor es más fuerte que las bombas, título que en la traducción pierde la ambigüedad del original, Louder than Bombs. Se trata de su primer trabajo en lengua inglesa, pero el manual de estilo sigue siendo puramente nórdico: personajes de emociones soterradas bajo una apariencia imperturbable, con comportamientos erráticos, y que se mueven en entornos tan modernos e impolutos como asépticos. Por tanto, la emotividad está prácticamente ausente, pero Trier busca la empatía con los personajes por otros medios, colocándonos en el punto de vista de cada uno de los protagonistas masculinos y, a través de una narración fragmentada, revelándonos cómo era la relación con esa misteriosa figura materna cuya desaparición terminó con la dinámica doméstica.


Louder than bombs

La película gira en torno a la incomunicación en el núcleo familiar y a las mentiras y verdades que se ocultan pensando en el bienestar de la otra persona, pero que al final se acaban convirtiendo en ese elefante en la habitación que termina envenenando la relación. También hay otros temas que orbitan conectados a la tesis principal, como la reclusión de la adolescencia, el miedo a la responsabilidad de la edad adulta o las secuelas que puede dejar un trabajo tan duro como el reporterismo de guerra. Los tres actores principales están muy bien, pero la película es prácticamente una carta de amor a Isabelle Huppert, a la que el director le dedica un hermoso primer plano sostenido, y también es necesario mencionar a Amy Ryan, pues, como ya hizo en Birdman, asume un papel muy secundario que irradia una luz y una ternura que despunta entre la frialdad general.

Louder than bombs2

Lástima que la resolución quede bastante corta y simplona, aunque, analizándolo desde otra perspectiva, tal vez esa haya sido la intención de Trier, demostrar que los conflictos se pueden resolver con una escueta conversación en la que que se digan esas cosas que, por muy obvias que puedan ser, deben ser dichas y escuchadas.

7/10

12/6/16

(In)fertilidad deseada

Poster EmbarazadosSi el estreno durante el año pasado de El desconocido demostró que en España se pueden hacer competentes thrillers al más puro estilo hollywoodiense, Embarazados es la respuesta española a la nueva comedia americana, que tiene a Judd Apatow como su gran artífice y que se caracteriza por girar en torno a hombres que se quedaron anclados en la adolescencia, metidos en historias de amor que no tienen tanto que ver con el proceso del enamoramiento como con los problemas que sufren las parejas en tiempos del Tinder, de la crisis económica, del WhatsApp y de la fecundación in vitro.

Embarazados nos presenta a Fran y Alina, una pareja, ya más cercana a los cuarenta que a los treinta, que está intentando tener un hijo. Sin embargo, un ginecólogo les advierte de que los espermatozoides de Fran son “pocos, vagos y anormales” y que Alina está premenopáusica, así que lo más fiable para procrear sería un tratamiento de fecundación artificial. El problema es que, mientras que Alina está segura de querer hacerlo, Fran no lo ve tan claro… y ya está el conflicto servido. La directora y guionista Juana Macías demuestra haber hecho los deberes, situando su película en la línea de Lío embarazoso, Eternamente comprometidos y Si fuera fácil, abordando las crisis de pareja y de la edad aunando comedia y drama. Sin embargo, es en el drama donde el film se torna más interesante y funciona mejor, gracias en buena medida a una perfectamente calibrada Alexandra Jiménez, que se hace dueña y señora de la cinta en detrimento de su partenaire, Paco León.


Embarazados

En el terreno cómico es donde Embarazados flojea más. El trillado acompañamiento musical no le hace ningún favor a los gags, mientras que las tramas secundarias y los secundarios no se distancian ni lo más mínimo del tópico: el amigo gañán (Ernesto Sevilla), el friki (Alberto Amarilla), la hermana mayor (Ainhoa Aierbe), el médico chiflado (Karra Elejalde)… ni la becaria cachonda (Elisa Mouliaá) falta a la cita. En definitiva, Embarazados es una correcta comedia romántica, hija de su tiempo y bastante certera a la hora de retratar algunos de los conflictos de pareja más habituales de hoy en día, pero no es lo suficientemente redonda para despuntar, aunque sí mejor que coetáneas más populares y taquilleras como 8 apellidos vascos. Si hay algo en lo que destacada sobremanera Embarazados es en la forma tan obvia y escasamente disimilada en la que introduce el ‘product placement’ de varias marcas que habrán invertido pasta en el proyecto, sobre todo de una, presente en una escena que parece un spot televisivo metido con calzador en mitad de la película; muy en la línea de esa mítica escena de El show de Truman.

6/10

24/4/16

La vida no es tan bella

Poster El hijo de Saul
¿Pueden haber aún nuevas formas de abordar la Segunda Guerra Mundial y el holocausto nazi? El húngaro László Nemes demuestra que sí, que a pesar del gran número de películas que han plasmado uno de los capítulos más oscuros y abominables de la historia del ser humano, aún es posible volver a él sin caer en la reiteración y la monotonía, gracias a su ópera prima, El hijo de Saúl, con la que ha conseguido, no sólo que Hungría gane su primer Oscar a la mejor película de habla no inglesa, sino que experimentemos el horror de un campo de concentración nazi en primerísima persona.

A lo largo de toda la película jamás nos separaremos de Saúl, un prisionero judío húngaro que forma parte del equipo que se encargaba de quemar los cadáveres de sus compañeros gaseados y limpiar las cámaras de gas. El magnífico prólogo ya establece la forma en la que seremos partícipes de esta historia: vamos a oír más de lo que consigamos ver, y nuestra imaginación hará el resto. Tampoco nos enteraremos mucho de lo que está ocurriendo en la pantalla, un efecto probablemente buscado para provocar desconcierto y confusión, pero que conlleva cierto riesgo, pues al no poder encontrar algo a lo que aferrarnos para seguir el hilo de la narración, el desinterés y la desconexión emocional puede hacer acto de presencia. También es verdad que es una película hecha para ser vista en una sala de cine, a oscuras y sin posibilidad alguna de escape o evasión.

El hijo de Saul2

Esa falta de apego afectivo también va ligada con la no menos atrevida premisa argumental: Saúl es un prisionero, muerto en vida, que se obceca con darle una sepultura digna a uno de los niños asesinados en la cámara de gas. El impertérrito Saúl se pasea por todo el campo de concentración, causando estragos allá donde pasa y ganándose el odio tanto de los soldados alemanes como de sus propios compañeros prisioneros. Su misión particular es la excusa perfecta para exponer el infierno que se vivía en aquellos campos desde que los prisioneros entraban hasta que sus cuerpos inertes eran deshechos, pero el impacto producido por la barbarie puede diluirse ante la irritación producida por sus acciones. El hijo de Saúl es muy buena película, con un inicio y un final perfectos, escenas muy potentes y un trasfondo ligeramente esperanzador que se deja entrever en la confianza puesta en unas nuevas generaciones que aprendan de los errores cometidos en el pasado, pero eché en falta un poco de orientación entre tanto caos para darle el medio punto que separa el notable bajo del alto.

7’5/10

29/3/16

Retratando celebridades insólitas

Poster The End of the TourLo de meterse en las casas de los famosos y/o artistas para descubrir cómo son en la intimidad no es algo que haya inventado Bertín Osborne, sino una práctica habitual en el periodismo para intentar descifrar las figuras más enigmáticas e interesantes del panorama cultural. The End of the Tour arranca con la noticia del suicido del escritor David Foster Wallace, desencadenando en David Lipsky el recuerdo de cuando pasó 5 días entrevistándolo en su casa y durante sus últimos compromisos del tour promocional de su obra más aclamada, La broma infinita (1996).

No hace falta conocer la obra de Foster Wallace para ver la película, pues los derroteros van por desarrollar el duelo entre los dos escritores: uno que no sabe muy bien cómo saborear las mieles del éxito que tiene entre manos, porque lo único que quiere es seguir dando clases en su pequeña universidad, pasar el tiempo en casa con sus perros y huir de la alargada sombra de la depresión, y otro que siente, por una parte, envidia de su enorme talento, y por la otra fascinación, al tratarse de  un individuo tan normal como brillante, tan cercano como enigmático.

The End of the Tour

Entre risas y enfados, acuerdos y desacuerdos, tiras y aflojas, la historia se beneficia del cálido acercamiento a los personajes y la afinada dirección de actores de James Ponsoldt, algo que ya se veía en las también estupendas Tocando Fondo (2012) y The Spectacular Now (2013), y que ya se podría considerar como parte de su impronta personal. Jason Segel se revela como mejor actor de lo que había demostrado hasta ahora exteriorizando la confusión, la soledad y la inseguridad de Wallace, mientras que Jesse Eisenberg le da una buena réplica como su receloso entrevistador. The End of the Tour no es de esas películas que provoca fácilmente reacciones entusiastas, pero siempre resulta interesante y es honesta en el acercamiento a su figura central, pues en vez de enfatizar su carácter trágico se decanta por ser, en última instancia, una celebración del arte y de la vida de aquellas personas que dejan huella, por muy escueta que haya sido su intervención en nuestras vidas.

7/10


Poster LifeLife también gira en torno a la relación entre un artista en los albores de su éxito y otro que se fija en él para intentar lanzar su carrera. A punto de estrenar Al este del Edén, un aún desconocido James Dean aceptó protagonizar un perfil fotográfico realizado por Dennis Stock para la reputada revista Life en el año 1955. El fotógrafo pasó unos días con Dean en Nueva York y en la ciudad natal de éste, un pueblo de Indiana, y su fotoreportaje acabaría alcanzando una enorme notoriedad al tratarse del único material de carácter intimista que se realizó en torno a la figura del actor, pues murió poco después en un fatídico accidente de tráfico.

La película de Anton Corbijn no resulta tan certera a la hora de plasmar la relación entre sus personajes protagonistas como The End of the Tour. Se supone que Dean y Stock forjaron una estrecha y efímera amistad, pero lo que se trasmite es más bien una relación profesional para beneficio mutuo pese a no terminar de soportarse el uno al otro. La trama tira por lo convencional centrando el conflicto de Stock (un correcto Robert Pattinson) en la distante relación con su hijo pequeño, idéntica a la que hemos visto en cientos de películas (salvo por el momento en el que le vomita encima), mientras que James Dean es retratado tal y como nos lo imaginábamos: un joven ambivalente, reservado y un poco bocazas, rebelde ¿sin causa? al que da vida Dane DeHaan en una interpretación que no termina de cuajar del todo.

Life

En determinado momento de la película, el director de Warner, encarnado por Ben Kingsley, le dice a James Dean: “Todo lo que te ocurra en esta vida no va a ser por accidente”. Así de sutil es Life, que tal vez podrá saciar la curiosidad de algunos mitómanos que quieran descubrir cómo se hizo la célebre sesión de fotos, pero tampoco aporta nada ni especialmente revelador ni especialmente interesante sobre la búsqueda de la fama y del éxito, ni sobre la figura de James Dean, ni sobre su relación con Dennis Stock. Ni chicha ni limoná.

5/10

28/1/16

Lo que perdimos en la guerra

Poster Testamento de juventud
Vera Brittain fue una escritora, feminista y pacifista inglesa que abandonó sus recién empezados estudios en la universidad de Oxford para convertirse en enfermera y ayudar a los combatientes de la Primera Guerra Mundial, en la que lucharon su hermano, su novio y unos amigos. Su obra más celebreda fue Testamento de juventud (1933), libro de memorias que abarca su vida durante aquel conflicto y sus comienzos como pacifista, al cual le siguieron dos continuaciones: Testamento de amistad (1940) y Testamento de experiencia (1957).
BBC Films produce una película que adapta el primer libro de su trilogía de memorias, de tal forma que asistimos a las circunstancias en las que Vera dejó aparcada la carrera universtaria por la que había peleado tanto para trabajar como enfermera al estallar la guerra, y a cómo esa vivencia la marcó para siempre. Pese a tratarse de una historia real, la película no se libra de cierta sensación de déjà vu, fruto de la prolífica producción de películas y series belicistas y de época de la que goza la industria cinematográfica británica, todas tan correctas como similares entre sí. Además, la dirección de James Kent, que debuta en el largo tras labrarse una carrera en la televisión inglesa, no imprime un estilo particular y distintivo al film, que recuerda un poco a Expiación en algunos aspectos, pero careciendo del brío de Joe Wright.

Testamento de juventud2

Sin embargo, Testamento de juventud consigue despuntar por encima de buena parte de sus congéneres gracias a tres factores muy potentes: en primer lugar, la banda sonora de primera categoría compuesta por el siempre estremecedor Max Richter; en segundo lugar, una conmovedora interpretación protagonista a cargo de  una fabulosa Alicia Vikander, arropada por un competente elenco de secundarios en el que figuran Emily Watson, Dominic West, Taron Egerton, Miranda Richardson, Hayley Atwell y Kit Harington (este último no desentona, por si alguien se lo estaba preguntando). Y en tercer lugar, una historia que engancha durante dos horas y que expone con delicadeza y aflicción  el sinsentido y los horrores de la guerra, sin distinciones entre bandos. Se echa en falta que explorase un poco más el activismo pacifista de Vera, pero aún así, se alza como un notable drama, más antibelicista que romántico, que no desmerece atención pese a su lanzamiento directo al mercado doméstico en nuestro país.

7/10

10/1/16

La pubertad duele

Poster The Diary of a Teenage GirlMinnie Goetze tiene 15 años, vive en el San Francisco de los años 70 y acaba de perder la virginidad. Lo ha hecho con el novio de su madre, un tipo mucho mayor que ella, atractivo y simpático, que la ha hecho sentir por primera vez como una mujer, hermosa y sexual. Minnie se intriga por lo que significa practicar el sexo por primera vez, intentando percibir algún cambio en sí misma, y así empieza un diario, grabado en cassettes de audio, en los que poder encauzar todo el torrente de emociones por el que va a atravesar hasta descubrir en qué persona adulta quiere ser el día de mañana.

Marielle Heller debuta en el cine con The Diary of a Teenage Girl, adaptación cinematográfica de la novela de Phoebe Gloeckner que combina pasajes escritos con viñetas de cómic, lo cual también se ha traslado a la película a través de la pasión por dibujar de Minnie, con algunas ensoñaciones animadas y conversaciones imaginarias que mantiene con la dibujante a la que admira. No obstante, su cabeza no hace más que dar vueltas en torno al sexo, a los penes, a su propia vagina, a experimentar, a intentar diferenciar entre pasión y amor, y todo esto es el mayor hallazgo de la película: abordar el despertar sexual de una quinceañera sin tapujos, de forma franca, sincera, íntima, sin ingenuidad, pero sin incidir en los aspectos más provocadores. No es elegante, ni burda, Heller logra encontrar un térmido medio perfecto para hablar sin cortapisas de algo de lo que ninguno de nosotros se atrevería a confesar jamás sobre nuestras primeras experiencias sexuales, al tiempo que esquiva los lugares comunes del manierismo del cine indie norteamericano.

Diary of a Teenage Girl2

Antes dije que el mayor hallazgo de la película era su tratamiento del sexo en la adolescencia. Eso es una verdad a medias. En el film también se produce otro gran descubrimiento: Bel Powley. La joven brinda una interpretación descarnada y valiente de una chica que tiene un problema tan mundano y universal como el de estar desorientado durante la pubertad. Powley es atractiva pero no entra en el prototipo de belleza de Hollywood, aporta veracidad a la historia y facilidad de identificación. Cuenta con el respaldo de la siempre estupenda Kristen Wiig como su inestable progenitora, igual de perdida que ella (puede que hasta más), y de Alexander Skarsgård como ese hombre que la inicia sexualmente, cuyo hechizo de seducción oculta una inseguridad tremenda. The Diary of a Teenage Girl es una de las películas que mejor han retratado el despertar sexual femenino, por lo que ni es apta para todos los públicos ni es confortable, porque demuestra que por mucha ayuda y educación que se pueda dar, el equilibrio es fruto de la catarsis personal que experimenta cada uno. 

8/10

19/12/15

Nunca Jamás ya no es lo que era

Ya que Disney se está haciendo de oro sacando versiones en carne y hueso de sus clásicos animados, los demás estudios de Hollywood no quieren ser menos y se han sumado al carro de los cuentos que cobran vida. A la espera de que Universal muestre su versión de La Sirenita, Warner se ha atrevido con una nueva película de Peter Pan, y digo atreverse porque, salvo por la cinta animada de Disney, todas y cada una de las películas sobre el niño que no quería crecer han sido veneno para la taquilla, y Pan: Viaje a Nunca Jamás no ha sido menos: 126 millones de dólares recaudados a nivel mundial para un presupuesto de 150. Eso tuvo que doler.


Con estos datos, se esfuma la intención de sacar adelante una nueva franquicia cinematográfica. ¿Acaso se estrena hoy en día algún blockbuster sin tal intención? El fracaso de Pan ha sido fruto del hartazgo del público ante el enésimo intento de Hollywood por vender algo conocido de forma perezosa, bajo el barniz comercial de moda. Y eso que la película no está tan mal. Tanto su director, Joe Wright, que tiene talento para mejores cosas que para este tipo de encargos, como su reparto, insufla de energía y vitalidad a una función cuyo problema radica en su propia concepción, en un guión que imagina cómo llegó Peter Pan al país de Nunca Jamás tirando de manual y de conceptos manidos del género épico y fantástico. ¿Cuántas películas llevamos que giren en torno a la profecía de EL ELEGIDO que llegará para acabar con la tiranía y salvar el mundo de su opresión? Demasiadas.


La película se olvida convenientemente de la tesis de la obra original de J.M. Barrie, sobre el refugio en la eterna infancia como negación de la realidad, para centrarse en un incipiente héroe en busca de su madre desaparecida (otro tema sobadísimo) al tiempo que entabla amistad con Tigrilla y su futuro enemigo, Garfio. El mayor problema de Tigrilla no es que Rooney Mara sea demasiado blanca para dar vida a una india aborigen, sino una caracterización tan plana y simplona que la convierte en un personaje anodino, sin nada especial que la caracterice, al igual que ocurre con el Barbanegra de Hugh Jackman.


El debutante Levi Miller resulta ser un Peter Pan competente, mientras que Garrett Hedlund es quien le pone más ganas, pero por desgracia para él, continúa una inmerecida mala racha a la hora de buscar franquicia cinematográfica, tal y como le ocurrió con Tron: Legacy. El origen de la enemistad entre Peter Pan y Garfio, reservada para esa secuela que nunca llegará, habría sido una historia más atractiva que la que vemos aquí, en la que las virguerías visuales de Wright son encomiables pero acaban agotando por acumulación. Al menos, es razonablemente entretenida, y debería servir para que en los despachos de Hollywood se lo piensen dos veces antes de invertir millonadas en refritos tan descaradamente inanes.

5'5/10

12/12/15

Gira de musculocas

Uno de los éxitos más sorprendentes y rotundos del año 2012 fue el de Magic Mike. La película de strippers masculinos de Steven Soderbergh amortizó con creces sus 7 millones de presupuesto con los 167 millones de dólares que recaudó a nivel mundial. Aunque una secuela no era necesaria, ya sabemos cómo funciona la industria, así que tres años después nos llega Magic Mike XXL, con el responsable de segunda unidad habitual de las películas de Soderbergh, Gregory Jacobs, ascendido a director, y sin uno de los grandes alicientes de la cinta original, Matthew McConaughey. Algo se tuvo que oler…


Tres años después de que Mike abandonara su vida como stripper, él y los Reyes de Tampa supervivientes se embarcan en un viaje hacia Myrtle Beach para realizar una última y espectacular actuación.  Y ya está, no hay más. Recuperando el espíritu de Spiceworld, Crossroads y otras road-movies infumables, la película sigue el viaje por carretera de estos chicos que, mientras discuten sobre si preparar números diferentes e innovadores (¡Hola A por todas!) y comparten traumas del tipo "no he tenido sexo en tres años", visitan una discoteca de ambiente, estampan su caravana contra un árbol, irrumpen en una reunión de señoras atiborradas de vino lideradas por Andie MacDowell y así hasta llegar a una convención de mujeres que creen que el feminismo consiste en cosificar a los hombres de la misma forma en la que estos lo hacen con ellas.


La Magic Mike original no era una gran película pero tenía sustancia, nos introducía en el mundillo del stripper masculino con una mezcla de admiración y patetismo, pero aquí no hay nada, sólo una excusa para volver a hacer dinero sin otra justificación que la de volver a mostrar a Channing Tatum, Matt Bomer, Joe Manganiello y compañía luciendo pectorales y movimientos de baile. Sí, se mueven muy bien, pero para eso mejor que hubiesen hecho un videoclip musical y no una película de ¡dos horas! basada en la nada absoluta. Incluso se rigen bajo la norma del mínimo esfuerzo al buscarle una nueva chica al protagonista (la siempre desaprovechada Amber Heard) prácticamente idéntica a la de la anterior película (Cody Horn), mientras que Jada Pinkett Smith no consigue estar a la altura de McConaughey como "madame del prostíbulo". Magic Mike XXL es un auténtico esperpento, y ni siquiera lo suficientemente divertida como para convertirla en una obra de culto a lo Showgirls.

2/10

5/12/15

Espía con clase

Poster Operacion UncleAntes  de que Hollywood encontrase en la revisión de cuentos tradicionales y en los superhéroes el filón que necesitaba para mantenerse a flote, lo intentó en los años 2000 con adaptaciones de series televisivas de los 60, 70 y  80: Los ángeles de Charlie (2000), Los hombres de Harrelson (2003), Corrupción en Miami (2006), Superagente 86 (2008)… Sin embargo, ninguna logró convencer ni a los fans nostálgicos ni a los espectadores neófitos, fracasando en su propósito de convertirse en nuevas y lucrativas franquicias en la línea de Misión: Imposible. El último y tardío intento, Operación U.N.C.L.E, no parece que vaya a ser la excepción, pese a tener un acabado más que decente.

Uncle

Basada en la serie de los años 60 emitida en España bajo el título El agente de CIPOL (The Man from U.N.C.L.E.), se ubica en la Guerra Fría para narrar la imposible alianza que se forja entre un agente de la CIA, Napoleon Solo, y uno  del KGB, Illya Kuryakin, para trabajar juntos en una misión consistente en infiltrarse en una organización criminal que trafica con armas y tecnología nuclear. Guy Ritchie dirige la película (de la que en principio se iba a encargar Steven Sorderbergh) con una mesura alejada de su hiperbólico estilo; resuelve las secuencias de acción con aportaciones interesantes, como una cámara aérea que se mueve entre los distintos puntos donde se sucede la acción, contribuyendo a que estemos siempre ubicados, y se olvida de esa cámara lenta de la que tanto abusó en Sherlock Holmes y secuela, logrando un mejor equilibro entre clasicismo y modernidad.

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Elegancia es la palabra que mejor define esta película: los sofisticados y elitistas ambientes italianos, la soleada fotografía, el vestuario impecable, la chispeante banda sonora o el porte y la dicción de sus intérpretes dan fe de ello. Henry Cavill y Armie Hammer dan el pego, aunque no haya demasiada química entre ellos, pero es Alicia Vikander quien siempre consigue desviar la atención hacia ella, incluso cuando se pone a bailar en un desenfocado segundo plano. No es que tenga un gran papel entre manos, pero la actriz sueca tiene una fotogenia y un carácter que no la hacen pasar desapercibida, lo contrario a una película que, en su conjunto, es muy correcta pero que carece de más alicientes.

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A la escasa química en su pareja protagonista debemos sumar una trama de espionaje del montón y poco sorpresiva, una vis cómica que funciona a medio gas y un desenlace que evidencia que esto se trata del episodio piloto de una saga que nunca llegará; los 108 millones de dólares recaudados a nivel mundial se antojan insuficientes para que su equipo, embarcado en proyectos más interesantes y lucrativos, repita en una segunda vuelta. Al menos, tiene el mérito de ser más digna que todas las películas mencionadas en el primer párrafo, aunque también es verdad que el listón no estaba precisamente alto.

6/10

23/11/15

Camino al descalabro

Poster Entourage

Hace cuatro años concluía Entourage (El séquito), serie de la HBO que seguía los pasos de una estrella de cine en ciernes y de los colegas que le seguían en su viaje a la cima de Hollywood. En la reseña que le dediqué en su momento defendí la idea de hacer un spin-off protagonizado por Eli Gold, el visceral representante al que daba vida Jeremy Piven, pero como estaba previsto, su creador, Doug Ellin, se decantó por un largometraje que continuase con la historia de Vince y sus amigos en la gran pantalla. Una película que llega demasiado tarde y que tal vez no era tan demandada por el público como sus responsables creían.

Entourage

Aunque al principio nos vendiesen Entourage como la respuesta masculina a Sexo en Nueva York, nunca llegó a ser un fenómeno social y cultural a la altura de la serie de Sarah Jessica Parker (ni creo que esa fuese su intención). Por eso, no es de extrañar que la película se saldase con un fracaso de taquilla el pasado verano, con 44 millones de dólares recaudados que no amortizarán los 30 millones de presupuesto. Una tv-movie o una temporada especial como la próxima de Expediente X habría sido algo más apropiado o, mejor aún, no hacer nada y dejar la historia tal y como terminó, pues esta película no es más que un sucedáneo en el que sobresalen más los defectos que las virtudes de la serie.

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Vince (Adrian Grenier) ha decidido que es el momento de probar suerte en la dirección, con una versión contemporánea de El Doctor Jeckyll y Mr. Hyde, pero la situación se complica cuando necesita más dinero para acabar la película, y su antiguo agente reconvertido en productor, Ari Gold, recibe una negativa rotunda por parte de uno de los inversores del proyecto. Con esta premisa, la película intenta traer de vuelta el espíritu de la serie, y lo consigue sólo a medias, cuidando el escaparate pero desatendiendo el interior: mucha supermodelo, mucho coche de lujo de tapicería reluciente, mucho guiño a los fans, muchos cameos, pero poca, muy poca, chicha. Lo mejor de la serie era la sátira que hacía de Hollywood, ver cómo funcionaba la industria por dentro: las negociaciones contractuales, la búsqueda del siguiente blockbuster, la celebración de los éxitos, la asimilación de los fracasos, el papel de la prensa… En cambio, la película parece una larga y tardía celebración de fin de rodaje sin nada nuevo que ofrecer.

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Cada personaje principal goza de una subtrama idéntica a las que protagonizaban en la serie, siendo la principal novedad que Turtle (Jerry Ferrara) se ha quedado en la mitad de su peso anterior y hace alusión a ello en prácticamente todos los diálogos en los que interviene. Los cameos son entre pasables y gratuitos, sin ninguna aparición especialmente relevante salvo, quizás, Haley Joel Osment haciendo de niñato cretino, y el machismo contenido de forma diluida en la serie se muestra aquí indiscutible en el retrato que hace de todas y cada una de las féminas de la trama, con Emily Ratajkowski como nueva mujer objeto por la que todos los hombres babean. Y para rematar, el desenlace es un auténtico circo inverosímil que mata las intenciones realistas de la serie, en la que todo lo que pasaba resultaba cuanto menos un creíble reflejo del estado actual de la industria. En definitiva, Entourage perpetúa la creencia de que continuar una serie con un largometraje es una idea terrible, puesto que, al igual que pasó con Sexo en Nueva York, no sólo no está a la altura de su precedente, sino que empaña su recuerdo y lo convierte en una mera caricatura.

4/10

11/11/15

Terror meta y amor materno

Poster The Final GirlsLas últimas supervivientes (The Final Girls) ganó el Premio Especial del Jurado y el de mejor guión en Sitges. Es una película que sin duda se disfruta mejor en festivales de terror y cine fantástico, rodeado de fans y eruditos del género, pues la película está dedicada a ellos. Hay una diferencia entre consumidores de cine de terror y fanáticos: los primeros se limitan a ver lo que llega a los multicines y su forma de valorar una película es diciendo si “está guapa” o “ es una mierda”. Los segundos ven terror desde la serie A hasta la Z, procedente de cualquier punto del planeta, y son capaces de ver los alicientes en productos en los que los neófitos sólo vemos chorros de sangre y actrices tan buenorras como ineptas.

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Las últimas supervivientes cuenta la historia de Max (Taissa Farmiga), una joven cuya madre (Malin Akerman), aspirante a actriz, falleció trágicamente. Un año después de su muerte, Max accede a asistir a una maratón de una saga de pelis de terror de los 80 en la que su madre encarnaba a una ‘scream queen’, pero un accidente en la sala provoca que tanto Max como sus amigos acaben atrapados en la película, viéndose obligados a defenderse del asesino en serie para poder sobrevivir hasta el final de la película. El film de Todd Strauss-Schulson es una suerte de La rosa púrpura del Cairo del ‘slasher’ ochentero, no tan enfocada en el terror y en los sustos como en el humor, el guiño cómplice y el homenaje paródico a las reglas por las que se rige el subgénero: los personajes estereotipados, el sexo como sinónimo de muerte, la cámara lenta, los flashbacks o esa figura universal de la chica que sobrevive y acaba con el ‘serial killer’ a la que alude el título.

The Final Girls

Aunque Las últimas supervivientes no sea una propuesta tan radical y original como La cabaña en el bosque, tiene algo que la hace única: su ternura. La encontramos en la camaradería que se forja entre los personajes cuando idean entre todos un plan para acabar con el asesino pero, sobre todo, está en la relación entre Max y su madre, o más bien, el personaje que interpretó esta última en la película. Obviamente, Max proyecta en esa representación a su propia madre, intenta salvarla de su fatídico destino, y el resultado es realmente enternecedor, sobre todo en sus últimas escenas, y sin caer en la cursilería. A Las últimas supervivencias le falta gore y mala leche, pero lo compensa con humor, inventiva y corazón, demostrando que se puede hacer buenas parodias sin recurrir al desgastado modelo ‘Scary Movie’.

7/10

31/10/15

Vampiros modernos

Poster Lo que hacemos en las sombrasUn equipo de documentalistas consigue acceso total a un pequeño grupo que forma parte de una sociedad secreta de Nueva Zelanda que realiza cada cierto tiempo un evento conocido como… LA MASCARADA DIABÓLICA. Se da el caso que ese grupo es, en realidad, una cuadrilla de vampiros que comparten casa, y que mostrarán a los reporteros que ser un chupasangre no se diferencia demasiado de ser una persona normal y corriente… salvo en lo de alimentarse de sangre humana y todo lo demás. Lo que hacemos en las sombras es una comedia de terror que gozó de un recorrido triunfal por festivales de todo el mundo durante el año pasado, consiguiendo premios en Sitges y Toronto. Tal es así que Marvel ya se ha fijado en uno de sus directores, Taika Waititi, para que se haga cargo de Thor: Ragnarok.

Lo que hacemos en las sombras

Cohen y su co-director, Jemaine Clement, son los creadores de Flight of the Conchords, una serie de culto demasiado alienada incluso para la HBO, que sólo le concedió dos años de vida. También tiene algo de televisiva Lo que hacemos en las sombras, pues está rodada como un mockumentary (sátira llevada a cabo empleando las técnicas del género documental), un formato que se ha puesto de moda gracias a series como The Office, Parks and Recreation o Modern Family. La gracia de la película reside en abordar la figura del vampiro, un personaje tan mitológico, seductor y misterioso, como si fuera un tipo de treinta y largos, no especialmente triunfador en la vida ni puesto en las nuevas tecnologías, que aún sigue viviendo con sus colegas, con los que se pelea para ver quién es al que le toca fregar los platos esta vez.

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Puede parecer una chorrada, pero lo cierto es que el invento funciona a las mil maravillas y es capaz de agradar tanto a los fans de los vampiros (que tengan sentido del humor) como a sus detractores. Lo cierto es que no se conforma con ser una parodia del universo vampírico, pues su trama, de desarrollo original y sorprendente,  se acerca más a las comedias sobre hombres con síndrome de Peter Pan,  en las que la camaradería entre colegas está por encima de todo lo demás. No encontrarán por ahí vampiros tan entrañables como esta cuadrilla, que producen una ternura semejante a la del reparto de Parks and Recreation, incluso cuando están cargándose a su nueva víctima. Lo que hacemos en las sombras es una de las películas más genuinamente divertidas del año, y una opción perfecta para pasar la noche de Halloween en grande.

8/10

10/10/15

Licencia para matar (de risa)

Poster EspiasTantas actrices rubias, delgadas y monísimas opositando en los últimos años para convertirse en la nueva novia de América cuando ese puesto se lo ha ganado Melissa McCathy sin apenas esforzarse. La actriz no tiene un físico acorde con lo que les gusta exhibir en Hollywood, pero ella solita triunfa tanto en televisión, con la serie Mike & Molly, como en el cine, donde se ha convertido en un fuerte reclamo de taquilla gracias a su innata comicidad y a lo bien que se le da reírse de sí misma. Un filón que explota una vez más en Espías, comedia de acción que la reúne por tercera vez con el director al que le debe su carrera, Paul Feig, y con el que repetirá en el reboot femenino de Los cazafantasmas.

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McCarthy encarna en esta ocasión a una analista de la CIA que de repente pasa de estar siempre sentada en la oficina a llevar a cabo una misión de campo en la que, a pesar de haber sido enviada únicamente para observar y reportar, acabará metida de lleno en una trama de tráfico de armas. Al igual que en las anteriores colaboraciones con Feig, La boda de mi mejor amiga y Cuerpos especiales, la actriz despliega todo su arsenal cómico a través de la apariencia tosca y la verborrea deslenguada de su personaje, pero esta vez por fin tiene un rol protagonista con el que lucirse, llevando todo el peso de la película sobre sus hombros y saliendo  reforzada de que todas, absolutamente todas las interacciones que realiza con los demás intérpretes, son tan hilarantes como diferentes entre sí.

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El amor platónico y no correspondido que siente por Jude Law, la camaradería con su amiga y compañera de trabajo encarnada por Miranda Hart, los enfrentamientos con un sorprendentemente graciosísimo Jason Stathan o los dardos envenenados que se lanza mutuamente con la siempre impecable Rose Byrne. Todos ellos dan la réplica perfecta a McCarthy y aguantan el tipo incluso cuando la escena se alarga en exceso. Los continuos vaivenes y giros del guión marean un poco, pero la película va siempre como un tiro, ofreciendo un entretenimiento más que digno que no se limita a ser una parodia más de James Bond. Espías no es sólo una de las mejores comedias del año, con numerosos gags que se disfrutan a carcajada limpia, sino un manifiesto feminista que, al igual que Mad Max: Furia en la carretera, derriba los clichés machistas que siempre han reinado en el género de la acción, con el plus de que aquí se demuestra que tampoco hace falta tener un cuerpo escultural a lo Charlize Theron para repartir estopa como ellos.

7/10

9/10/15

Formas de sobrevivir

Poster Les combattantsFrancia, país que vio crecer a Antoine Doinel, personaje con el que se inauguró la temática ‘Coming-of-Age’ a través de Los 400 golpes de Francçois Truffaut, es también la nación de la que surge una de las películas sobre el paso hacia la madurez más originales de los últimos años. Les combattants, dirigida y co-escrita por el debutante Thomas Cailley, cuenta la historia de Arnaud, un joven que durante un verano conoce a Madeleine, una chica tan bella como arisca que, en su empeño por prepararse para el fin del mundo, desea apuntarse a un curso que la entrena para alistarse en el ejército. Arnaud decide entonces inscribirse también, aunque Madeleine nunca le haya pedido que lo haga.

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Les combattants toma prestado el carácter alienado de Moonrise Kingdom, la reivindicación de la vida salvaje de The Kings Of Summer y el espíritu rebelde de El club de los cinco para confeccionar un rito de paso que se vale del choque de caracteres entre sus dos protagonistas (él pacífico e inseguro, ella antipática y obstinada) para elaborar una metáfora sobre la complicada situación en la que se encuentran las nuevas generaciones de hoy en día, en un mundo en el que ya no te animan a ser lo que quieras sino a ser lo que el mercado demanda,  a ser práctico antes que soñador y a prepararte para lo peor: guerras, epidemias, catástrofes naturales… Madeleine está tan segura de que el fin del mundo se acerca que quiere estar lista para cuando llegue, y ha levantado una trinchera a su alrededor para que nada ni nadie la distraiga de cumplir su propósito, hasta que Arnaud consigue colarse y le demuestra no sólo que la serenidad es un ingrediente vital en la supervivencia sino que también es mejor tener a alguien que te cubra las espaldas.

Les Combattants

Con dos estupendas interpretaciones principales por parte de Kévin Azaïs y Adèle Haenel, ambos manteniendo una gran química y galardonados en los últimos premios Cesar, un desarrollo argumental imprevisible cargado de mensajes entre líneas y un sarcástico sentido del humor, Les combattants se alza como una comedia juvenil inteligente y robusta que demuestra que el espíritu de  aquel niño que en su huida hacia adelante llegó hasta el mar en busca de un futuro mejor aún persiste, medio siglo después, en algunos jóvenes que no tienen miedo a nadar a contracorriente.

7’5/10