
Si reaccionas de esta forma te has equivocado, pues La camarera no es precisamente lo que parece. Es una comedia que combina francamente bien las dosis románticas con las dramáticas. Nunca llega a ser cursi ni todo lo contrario. Su protagonista no es la típica chica optimista y feliz que lo arregla todo con una sonrisa, sino una mujer que trabaja en un restaurante y que planea abandonar a su horrible marido hasta que ocurre algo que le romperá los esquemas. Su gran habilidad haciendo pasteles será la única vía de escape que encuentre a su rutina diaria. Con cada uno que prepara refleja el estado de ánimo por el que está pasando, un recurso muy hábil que por otra parte te hará abrir el apetito.

La anteriormente conocida como Felicity, Keri Russell, se compenetra perfectamente con su personaje hasta convertirlo en una persona de carne y hueso, con sus fortalezas, debilidades y contradicciones. La secundan una pintoresca galería de secundarios perfectamente definidos que amenizan el metraje, incluyendo a la propia directora de la película, Adrienne Shelly, que desgraciadamente falleció antes de que se estrenara la película durante un altercado con su vecino.

Lo malo de la película es que tal vez se deje entrever un mensaje antiabortista, pero como ya comenté hace poco sobre el tema de los films con mensaje, a no ser que defiendan lo indefendible o se muestren radicales mejor no tomárselo a pecho.
La camarera es recomendable sobretodo para personas románticas con los pies en la tierra y para aquellos que como yo fliparon con The Good Girl, una pequeña gran película protagonizada por Jennifer Aniston con la que guarda algunas similitudes y de la cual tendré que hablar en alguna ocasión.
***1/2
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