16/5/20

En la autopista – Bebé y vagabundo



Dir.: Logan Marshall-Green
Int.: Ethan Hawke, Elaine Hendrix, Diane Gaeta, Betty Gabriel, Chris Sullivan
¿De qué va?: Russ Millings es un ex convicto que acaba de salir de prisión, tras 20 años de condena. Una noche, cuando saca la basura de su lugar de trabajo, escucha los gritos de un bebé, provenientes del contenedor.

Reseña: Logan Marshall-Green es un actor que parece que nunca va a lograr desprenderse de la etiqueta de “marca blanca de Tom Hardy”. Y es una pena, porque aunque no consiga acceder a los proyectos del nivel que le ofrecen a este último, ha participado en películas tan estimulantes como La invitación (2015) o Upgrade (2018), esta última con un argumento similar a Venom (2018) pero mucho mejor. Upgrade fue producida por Blumhouse, que también ha financiado la película con la que Marshall-Green ha debutado como director y guionista: En la autopista (Adopt a Highway). A diferencia del grueso de títulos de la productora, no se trata de un film de terror, sino de un drama pequeñito sobre Russ Millings, un hombre que sale de prisión tras cumplir una condena de 20 años.


Al principio de la película se explica cómo Russ fue víctima de la conocida como ley de los tres strikes, ya abolida en muchos estados norteamericanos, y que consiste en que alguien puede ser condenado a una larga sentencia en prisión por un delito grave si ya había cometido dos infracciones anteriormente. Junto a ello se muestra la forma en la que los ex-convictos son recolocados en la sociedad: tener trabajo y “fichar” cada cierto tiempo es esencial, pero Russ carece de una red de apoyo que le guíe en un mundo que ha cambiado tanto en dos décadas, pues cuando se le da la oportunidad de reportarse ante las autoridades a través de correo electrónico ni siquiera sabe lo que es Internet. Sin familia ni amigos, está solo en un mundo que le resulta desconocido. Y de repente, encuentra un bebé abandonado. Una fuente de amor incondicional tan perdida como él. En vez de llamar a la policía, decide quedárselo aunque suponga un riesgo para su recién adquirida libertad.


En la autopista es una tierna historia sobre alguien que intenta recuperar una vida arrebatada durante 20 años sin hacer mucho ruido. La fantástica interpretación de Ethan Hawke hace que Russ parezca un niño asustado, ingenuo y triste, que intenta hacer las cosas bien sin tener ni idea de lo que quiere hasta que se cruza en su camino ese bebé, la primera persona de su vida que depende de él y que no le juzga. El film no llega a durar ni 90 minutos, y aunque no logre profundizar demasiado en los temas que toca, se compone de episodios diferenciados entre sí pero centrados en construir la auténtica reinserción de Russ en la sociedad. La ópera primera de Logan Marshall-Green es una pequeña victoria, modesta y poco llamativa, pero con un corazón perfectamente ubicado y funcional. Empecemos a  llamarle por su nombre y no por su parecido físico con otro actor.

6’5/10

10/5/20

Crónica del D’A Film Festival 2020 (2/2)

La gran y más comentada sensación de esta edición del D’A Film Festival ha sido sin lugar a dudas My Mexican Bretzel, un documental de Nuria Giménez Lorang que cuenta a través de imágenes caseras la relación de Vivian y León Barrett entre los años 40 y 60 del siglo pasado. La originalidad viene a través de la forma en la que está contada, con una voz en off presente únicamente en subtítulos y con el  acompañamiento sonoro de efectos muy concretos. Si entran en el juego, disfrutarán mucho de una historia cortada por el mismo patrón de los grandes melodramas clásicos de Hollywood, con una lúcida reflexión sobre la construcción de la realidad y la importancia de lo ficticio en nuestras vidas. A mí particularmente se me atragantó a mitad del metraje su peculiar estilo narrativo, pero le reconozco su mérito y valor.



Otra película entre autobiográfica y experimental dentro de la programación del D’A Film ha sido La educación sentimental de Jorge Juárez. El film mezcla imágenes de un malogrado documental sobre el proyeccionista de un cine poco antes de la digitalización de las salas con las que plasman la relación de su director y protagonista con su novia, concretamente el distanciamiento que se produjo entre ambos tras pillarles de lleno la crisis económica al terminar la universidad. La película es una amalgama de ideas, historias y sensaciones en torno al fin de la ingenuidad y el celuloide para dar paso a una vida adulta complicada, gris y con menos encanto. Me interesa porque he pasado por muchas de las situaciones que se reflejan en ella (un voluntariado europeo como válvula de escape a una España decadente, la fascinación por el cine en 35 mm…) pero creo que su alcance es corto y muy pocos lograrán conectar con ella.



Las filmaciones caseras se han adueñado de esta edición del D’A Film. En Las buenas intenciones, la argentina Ana García Blaya parte de grabaciones de su infancia que introduce en la propia película para relatar el momento en el que su madre encuentra una vida mejor fuera del país, lo que provocaría que tanto Ana (Amanda en el film) como sus dos hermanos ya no podrían pasar tanto tiempo con su padre, que lleva años separado de su madre. Las buenas intenciones es una película muy sencilla pero muy tierna, una carta de amor que le dedica García Blaya a su padre, todo un personaje al que encarna Javier Drolas con muchísimo carisma. Es de ese tipo de personas despreocupadas que tienen el don de caer siempre de pie, pero con la que es muy complicado enfadarse, y con unas amistades a cada cual más peculiar. El cariño con el que Ana/Amanda mira a su progenitor es contagioso y se adueñe de este estupendo film.



Monsters es una película rumana dirigida y escrita por el debutante Marius Olteanu que sigue los pasos de una pareja en crisis. Mientras ella pasa la noche en un taxi, él acude a un encuentro con un hombre que ha conocido a través de una aplicación. Monsters versa sobre cuando en una relación llega el momento de decidir si merece la pena seguir engañándose a uno mismo, ya sea por comodidad, por miedo a lo que vendrá después o por presión social. Olteanu desvela de forma pausada y haciendo un inteligente uso de los cambios de la relación de aspecto de la imagen el conflicto interno de sus personajes, al tiempo que demuestra una gran habilidad a la hora de plasmar situaciones cotidianas, como las interacciones con el vecino pesado o el egoísmo y la despersonalización que se suele producir en los encuentros sexuales concertados por la red. Los protagonistas, Judith State y Cristian Popa, están fantásticos. En definitiva, una ópera prima muy sólida y notable.



Otro debut presente en el D’A Film es el de Mamen Díaz y su Violeta no coge el ascensor, película inspirada en Hannah Takes the Stairs (2007). Violeta Rodríguez, hija de David Trueba y Ariadna Gil, toma el testigo de Greta Gerwig encarnando a una joven que pasa el verano en Madrid como becaria de una editorial, donde se verá metida en un conflicto sentimental con dos compañeros de trabajo. La película es el mumblecore (subgénero del cine indie americano caracterizado por la naturalidad y el bajo coste) trasladado al cine español. Aunque al principio chirría que en algunas escenas aparezca la claqueta o la propia directora dando indicaciones a sus actores, al final no queda mal, y le da a la producción ese toque de “película hecha con los colegas” que en realidad es. No es gran cosa pero, al igual que La virgen de agosto (2019), retrata el verano en Madrid como algo más maravilloso de lo que seguramente sea, se le coge cariño a algunos personajes (ojalá un spin-off sobre la compañera de piso de Violeta) y retrata bastante bien la confusión millennial.



Los lobos de Samuel Kishi es un film mexicano sobre dos niños de 8 y 5 años que viajan con su madre de México a Alburquerque. Cuando llegan a territorio norteamericano, la madre se marcha cada día a trabajar prohibiendo a sus hijos que salgan del departamento donde residen, por lo que los críos tendrán que hacer uso de su imaginación para no aburrirse, con la esperanza de que algún día su madre cumpla su promesa de llevarles a Disneylanda. Los lobos ha sido definida como la The Florida Project (2017) mexicana, aunque también tiene un poco de Nadie sabe (2004). Con todo, la película de Kishi tiene suficiente personalidad propia, una producción muy cuidada, acertados insertos animados y unos niños protagonistas (y una casera asiática) muy entrañables. Como retrato de una situación extrema y dramática desde el ingenuo punto de vista infantil es tal y como se puede esperar, pero igualmente funciona a todos los niveles.



Por último llegó A Stormy Night, la película de clausura del festival. El debutante David Moragas dirige, escribe y co-protagoniza esta historia en la que da vida a Marcos, un documentalista que se queda atrapado en Nueva York por culpa de una tormenta. Marcos es rescatado por una amiga, que aunque no está en la ciudad, le invita a pasar la noche en su casa, donde también vive un amigo suyo. En la presentación de la película, Moragas declara que su película es un homenaje a las comedias románticas con las que creció, sobre todo las de Julia Roberts, aunque la verdad es que no hay nada de eso aquí. Los nombres de Woody Allen y Agnès Varda también son invocados a lo largo del film, pero su influencia no es demasiado acusada. A Story Night es el choque frontal que se produce entre dos personajes con personalidades tan opuestas como sus ideas acerca del amor, las relaciones, el trabajo y la vida, lo cual debería incentivar una atracción sexual que se ve mermada por la escasa química que hay entre los actores. Se agradece que no caiga en algunos de los lugares comunes del cine de temática homosexual, pero termina siendo una propuesta más ambiciosa de lo que consigue abarcar.



Y esto es todo lo que ha dado de sí el D'A Film Festival para un servidor. Ojalá volver a experimentarlo de nuevo, pero ya de forma presencial.

8/5/20

O.C: Cuentos de Tokio (1953)

¿De qué va?: Un matrimonio de ancianos afincado en la zona más rural de Japón decide iniciar un viaje a la gran ciudad, Tokio, para visitar a sus hijos a los que llevan muchos años sin ver. Cuando la pareja llega a la ciudad no obtienen el recibimiento que esperaba. Los hijos, incapaces de seguir con su vida y atender a sus padres, envían a estos a un balneario. El único miembro de la familia que parece interesarse un poco por ellos es Noriko, una nuera que quedó viuda al morir su hijo, años atrás.

Reputación: El director Yasujirō Ozu y el guionista Kogo Noda escribieron el libreto de Cuentos de Tokio durante una estancia de 103 días en una posada de campo. A partir de ahí, el rodaje y el montaje avanzaron tremendamente rápido, por lo que la producción duró un total de cuatro meses. El film se basó, levemente, en la película americana Dejad paso al mañana (Leo McCarey, 1937). Fue Noda quien sugirió la adaptación de la película, pues Ozu no la había visto. En la cinta se puede apreciar el uso del conocido como plano “tatami-mat”, por el cual la cámara graba a baja altura y se mantiene estática en todo momento. Debido a la utilización de este plano tan característico de Ozu, todos los sets tuvieron que construirse con techos. Tras su estreno en Japón, el film no ganó reconocimiento ni viajó fuera de sus fronteras por ser considerada “demasiado japonesa”. Años más tarde, en 1957, fue proyectada en Londres, y en 1972 en Nueva York, siendo alabada por todos los críticos que la vieron. En 2012, fue elegida como la mejor película de todos los tiempos en una encuesta a directores de cine realizada por la revista Sight & Sound. Siendo una película que se pone del lado de los padres, no es sorprendente saber que Ozu nunca se casó y vivió con su madre durante toda su vida. En 2013 se estrenó un remake, Una familia de Tokio, dirigida por Yôji Yamada, que no tuvo mala acogida.


Comentario: Nunca había visto una película de Ozu antes, aunque le conocía principalmente por la serie documental The Story of Film: An Odyssey (2011) y por las comparaciones que se suelen hacer de su cine y el de Hirokazu Kore-eda. El símil es evidente, dado el interés de ambos cineastas por retratar el costumbrismo japonés, así como la complejidad de los lazos familiares que se establecen en el seno de las estirpes niponas. Cuentos de Tokio es un relato sencillo a través del cual salen a relucir multitud de rasgos de la cultura japonesa, como el pudor a la hora de expresar emociones o pedir ayuda, la vergüenza y el derrotismo que sintió la nación tras perder la guerra, la resignación ante la soledad o algo tan universal como la desatención a los padres cuando estos se hacen mayores. Dura unas dos horas y cuarto pero nunca se hace pesada o aburrida porque desde el primer momento se establece una conexión con esa entrañable pareja de ancianos, además de estar bellamente rodada, con esos planos en los que parece que los personajes hablan directamente a cámara. En resumidas cuentas, una maravillosa delicia.

Próximo visionado: Cautivos del mal (1952)

6/5/20

Huérfanos de Brooklyn – Rascacielos de ambición



Dir.: Edward Norton
Int.: Edward Norton, Gugu Mbatha-Raw, Willem Dafoe, Alec Baldwin, Bruce Willis, Bobby Cannavale, Cherry Jones, Ethan Suplee, Dallas Roberts, Michael Kenneth Williams
¿De qué va?: Lionel Essrog  es un detective privado con una extraña peculiaridad: padece el síndrome de Tourette. Tras la muerte de su mejor amigo y mentor, Frank Mina, a manos de un asesino desconocido, decide investigar, teniendo que enfrentarse a matones, a la corrupción y al hombre más peligroso de la ciudad para honrar a su amigo y salvar a la mujer que podría ser su propia salvación.

Reseña: Edward Norton tiene fama de actor complicado. Es la razón más probable de que su carrera se haya desinflado en la última década, aunque se haya sumado al selecto grupo de intérpretes fetiche de Wes Anderson y pese a su nominación al Oscar por Birdman (2014), donde su encarnación de un actor controlador, irritante y pagado de sí mismo fue celebrado como una auto parodia. No deja de ser curioso que alguien con esta reputación solo haya tenido hasta hace nada una experiencia detrás de las cámaras, y para más inri, en una comedia romántica tan naíf como Más que amigos (2000). Su segunda película como director y primera como guionista, Huérfanos de Brooklyn (Motherless Brooklyn), es una producción mucho más ambiciosa... pero quizás demasiado.


Norton no solo se ha encargado de dirigir y adaptar para el cine el libro homónimo de Jonathan Lethem, sino que también se ha agenciado el papel protagonista, el de un detective privado con síndrome de Tourette cuando a este ni siquiera se le había dado un nombre. Estamos en el Nueva York de los años 50 y el mentor de Lionel (Norton) ha sido asesinado mientras trabajaba en un misterioso caso. Es entonces cuando empezará a tirar del hilo hasta destapar una trama de especulación inmobiliaria que evidencia cómo las minorías fueron forzadas a abandonar sus hogares  en pos del aburguesamiento del corazón de la Gran Manzana. Huérfanos de Brooklyn emula el noir clásico con una cuidada ambientación de época, detectives atormentados, secretos mortales, corruptelas, una chica en peligro y mucho jazz. Sin embargo, el cóctel no resulta tan emocionante como parece, por culpa sobre todo de un guion con tendencia a desarrollar la trama con diálogos explicativos, que por muy bien que expongan el contexto no resultan especialmente cautivadores.


No es solo un problema de que a la película le falte acción, que también, sino de que tampoco es capaz de ofrecerle a su lujoso elenco un material con el que pueda lucirse, exceptuando al propio Norton; el síndrome de Tourette de su personaje no resulta demasiado forzado, y da pie a la mejor escena del film, en el que da rienda suelta a sus tics al ritmo de un concierto de jazz. La banda sonora de Daniel Pemberton, ganadora del Globo de Oro, está muy bien, así como el tema que ha compuesto Thom Yorke para la ocasión, pero en general, a Huérfanos de Brooklyn le pesa como una losa su propia ambición, y como muestra un botón: dura 144 minutos. A este misterio con trasfondo social le sobra metraje, personajes desaprovechados e ínfulas de gran cine. Como diría Rosalía… “¡madre mía Edward Norton bájale!”.

5’5/10

5/5/20

Crónica del D’A Film Festival 2020 (1/2)



Debido a la crisis del coronavirus, muchos festivales de cine han sido aplazados con la esperanza de poder celebrar su edición del 2020 antes de que acabe este aciago año. No es el caso del D’A Film, un festival barcelonés que ha tomado la valiente decisión de mantenerse estoico en sus fechas, pero trasladando la programación al streaming a través de Filmin. Cumpliendo el refrán que reza “no hay mal que por bien no venga”, esta iniciativa nos brinda a quienes no vivimos en la ciudad condal a conocer y disfrutar del festival. Mi idea original era verme dos o tres películas de su programación de 65 títulos y al final, entre lo que se encuentra rebuscando en el programa y las recomendaciones que llegan de las redes sociales, terminaré visionando bastantes más. Entre esta crónica y otra que llegará en la clausura del festival, haré un recorrido por todo lo que he llegado a ver en él.

Comenzamos con la película que inauguró el festival, Habitación 2012, la nueva película de Christophe Honoré (Vivir deprisa, amar despacio). Se trata de una comedia dramática sobre María (estupenda Chiara Mastroianni), una mujer que, tras tener una pelea con su marido al descubrir este que le era infiel, va a pasar la noche a un hotel enfrente de la casa donde viven. Como si de un Cuento de navidad sexual se tratase, María recibirá en su habitación la visita de diferentes personajes del pasado amoroso de ambos que le ayudarán a tomar una decisión sobre su matrimonio. La película empieza muy arriba pero conforme pasan los minutos va perdiendo la chispa, y aunque su reflexión acerca del amor presente, pasado y futuro contiene lecturas interesantes, su juego de espejos y fantasmas se queda a medio gas.



Hay que tener cuidado al hablar de Adam, pues se puede acabar de lleno en un jardín como en el que se mete la propia película. El debut en la dirección de Rhys Ernst, productor de Transparent, es la adaptación al cine la una novela homónima de Ariel Scharg que versa sobre un adolescente que pasa el verano del año 2006 en Nueva York con su hermana y los amigos de esta, quienes están metidos de lleno en el movimiento activista LGTBIQ. Al chico, que tiene las hormonas desatadas, se le ocurre la brillante idea de hacerse pasar por transgénero para ligar con una chica lesbiana. La película ha causado controversia en Estados Unidos, en parte por su propio contenido y en parte por el maltrato que recibieron los extras trans durante el rodaje. No creo que la película sea tan abominable como la pintan, pero sí que ofrece una imagen muy estereotipada y falocéntrica de las lesbianas, el guion se inventa cosas para no condenar los actos del protagonista, forzando la empatía hacia él, y la realización es plana tirando a cutre-televisiva. La verdad es que no me queda claro si es o no tránsfoba, así que solo añadiré que lo mejor es que sale Margaret Qualley.



De momento la película que más me ha gustado del festival ha sido Una vez más, pero porque siento que está hecha a partir de películas que me gustan mucho. La ópera prima de Guillermo Rojas versa sobre Abril, una chica que emigró a Inglaterra cuando empezó la crisis económica y que vuelve a su Sevilla natal por unos días. Allí se reencontrará con Daniel, su ex pareja, con el que pasará un día recorriendo la ciudad, poniéndose al día, rememorado sentimientos pasados y replanteándose su futuro. Las referencias de Rojas son más que evidentes: la trilogía Antes de… de Richard Linklater, Jonás Trueba, Woody Allen y muchas de las películas románticas de culto de los últimos años. El resultado es sólido, uniforme (salvo por la acumulación de desenlaces), traza una historia de un viejo amor creíble, expone el daño que hizo la crisis económica tanto a los que se fueron como a los que se quedaron, y aprovecha todo el encanto y la belleza de Sevilla sin parecer un vídeo promocional. Además, la protagonista, Silvia Acosta, es toda una revelación.



Durante 48 horas se pudo ver Little Joe dentro del marco del D’A Film, la nueva película de Jessica Hausner (Amor fou), directora a la que el festival le dedica su retrospectiva de este año. Emily Beecham ganó el premio a mejor actriz en el último Cannes dando vida a una madre soltera que trabaja desarrollando nuevas especies de plantas. Su última creación produce un olor que garantiza sentir la felicidad cuando está bien cuidada. Sin embargo, pronto empezarán a suceder cosas que le harán pensar que su obra no es tan inofensiva como parece. A medio camino entre La pequeña tienda de los horrores (1960) y La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), Little Joe es una inquietante y paranoico relato que cuestiona la dictadura de la felicidad y la conciliación familiar con un trasfondo de ciencia ficción. La dirección de Hausner recuerda a Yorgos Lanthimos en la utilización de largos planos sostenidos, zooms lentos y el fuera de campo, así como el uso de una música compuesta esencialmente por sonidos que generan incomodidad y muy mal rollo. Asimismo, el uso del color es exquisito. Sin embargo, el detonante de la trama arranca muy pronto y a mitad de metraje esta se torna un tanto monótona y reiterativa, y aunque el final es muy bueno, el tedio impuesto en su segunda mitad le resta impacto.



Lo mejor que he visto en el festival hasta la fecha ha sido Carne, un cortometraje brasileño que se vale de una animación muy creativa y variada para ilustrar la percepción que tienen cinco mujeres de distintas edades sobre sus propios cuerpos. Imprescindible. Otros cortos que se pueden ver en el marco del festival son Greata (Nàusea) y Gang, que ilustran, cada uno a su manera, el individualismo de las generaciones más jóvenes y su indiferencia respecto a los problemas del prójimo. La primera es tan breve y sencilla que se queda en anécdota, mientras que la segunda, famosa en las redes a cuenta de que no se corta mostrando a Àlex Monner masturbándose, muestra de forma efectiva cómo pueden producirse situaciones horripilantes como el caso de La Manada. En próximas días, continuamos con el D’A Film Festival. 



3/5/20

O.C: Pather Panchali (1951)

¿De qué va?: Apu nace en el seno de una familia pobre, en un pequeño pueblo de la India. Su padre, escritor y poeta, está casi todo el tiempo fuera de casa intentando ganar dinero. Su hermana mayor Durga y su anciana tía viven con ellos, pero la madre es quien se lleva la peor parte de la situación del clan. Obligada a vender sus posesiones personales para poner comida sobre la mesa, tiene que soportar las burlas de sus vecinos que acusan a su hija de robar fruta de sus huertos.

Reputación: Primera parte de la conocida como trilogía de Apu del director Satyajit Ray. La segunda parte, Aparatijo (1956), se centra en la adolescencia de Apu, mientras que Apur Sansar (1959) abarca su vida adulta. La palabra pather significa literalmente "del camino" en bengalí. Panchali se refiere a un tipo de canción folklórica que se cantaba en Bengala, precursora de otro tipo de canción que se llama ŷatra. A mitad del rodaje, Ray se quedó sin fondos. El gobierno de Bengal Occidental  le prestó el resto, permitiéndole completar la producción. Además, le otorgaron financiación para que pudiera completar la trilogía por orden del primer ministro de la India. Cuenta la leyenda que en el primer día de rodaje, Satyajit Ray nunca había dirigido una escena, su cámara, Surata Mitra, nunca había filmado nada, y ninguno de los niños actores había pasado por una prueba de casting. El éxito internacional de la película permitió que Ray pudiese abandonar su trabajo en una agencia de publicidad para dedicarse completamente al cine, la literatura y el arte. El negativo original de la película se quemó en un incendio en 1993. Asombrosamente, la película dañada pudo ser restaurada cuando el negativo fue rehidratado, reparado y escaneado en resolución 4K.


Comentario: Pather Panchali es costumbrismo indio. Aunque se supone que se centra en la infancia de Apu, en realidad presta más atención a su hermana y su madre, esta última encargada de mantener  la familia a flote durante las largas ausencias del progenitor. Satyajit Ray narra la historia desde una perspectiva contemplativa, convirtiéndonos en inquilinos que asistimos invisibles al día a día de esta empobrecida familia. Pese a los duros efectos que tiene la miseria en los personajes, la película se las ingenia para ser luminosa y triste al mismo tiempo, contrastando la ingenuidad y alegría de los niños con las tribulaciones de los adultos. Y qué decir de la tía abuela, un personaje tan magnífico como memorable personaje. En definitiva, Pather Panchali es la prueba de que en la India se puede hacer muy buen cine sin el "brilli brilli" de Bollywood.

Próximo visionado: Cuentos de Tokio (1953)

1/5/20

Actriz del mes: Riley Keough



Nombre completo: Danielle Riley Keough

Fecha de nacimiento: 29 de mayo de 1989

Lugar de nacimiento: Santa Mónica, California (EE.UU.)

Filmografía destacada:

Daisy Jones & The Six (Miniserie) (¿?)
The Devil All the Time (2020)
Zola (2020)

The Lodge (2019)
La música del terremoto (2019)
Noche de lobos (2018)
Lo que esconde Silver Lake (2018)
La casa de Jack (2018)
Welcome the Stranger (2018)
La suerte de los Logan (2017)
Llega de noche (2017)
Dixieland (2017)
The Discovery (2017)
American Honey (2016)
The Girlfriend Experience (Serie de TV) (2016)
Lovesong (2016)
Mad Max: Furia en la carretera (2015)
Magic Mike (2012)
El buen doctor (2011)
The Runaways (2010)


Méritos: Si unos nacemos con estrella y otros estrellados, Riley Keough nació en una de las constelaciones más luminosas del universo: hija de Lisa Marie Presley, nieta de Elvis, hijastra de Michael Jackson durante dos años. Sin embargo, nunca le interesó la música, y tras empezar a trabajar como modelo desde la adolescencia, decidió dedicarse a la interpretación, carrera donde su linaje ha pasado desapercibido por llevar el apellido de su padre, Danny Keough, bajista de la banda de su madre. Riley empezó a a hacerse notar en películas de éxito como Magic Mike (2012) o Mad Max: Furia en la carretera (2015), pero su consagración como actriz llegó cuando Steven Soderbergh, algo así como su padrino cinematográfico, la escogió para protagonizar la muy recomendable primera temporada de The Girlfriend Experience, serie en la que daba vida a una estudiante de derecho que empieza a trabajar como escort de lujo.

Al margen de Mad Max, Keough no se ha prodigado en el cine comercial de gran presupuesto. Su versatilidad y nulo pudor a la hora de participar en películas que puedan ser demasiado raras, incómodas o extremas para el gran público la han convertido en musa del cine indie y le ha llevado a trabajar con directores tan sugestivos como Andrea Arnold, Jeremy Saulnier, David Robert Mitchell, Lars von Trier. Este mes estrena en Rakuten The Lodge, film de terror que supone el debut en inglés de los austriacos Severin Fiala y Veronika Franz (Goodnight Mommy, 2015). Si el coronovarius no lo impide, este año también deberíamos poder verla en Zola, el salvaje viaje por carretera de una stripper que se presentó con éxito en el último Festival de Sundance, así como en The Devil All the Time, una producción de Netflix con reparto de escándalo: Robert Pattinson, Tom Holland, Mia Wasikowska, Sebastian Stan, Bill Skarsgård… Habrá que esperar un poco más para verla en su nueva incursión televisiva, Daisy Jones & the Six, serie producida por Reese Witherspoon para Amazon sobre el auge y la separación de una banda de rock durante la década de los 70. En definitiva, Keough tiene currículo más que suficiente para dejar de ser presentada como “la nieta de”; es más, deberíamos empezar a hablar de Elvis Presley como “el abuelo de Riley Keough”.



Extras:

Tráiler de The Lodge

iMDB No Small Parts

Justin Timberlake – TKO

Sesión de fotos para Glamour