30/5/16

Un día en el 18º FICMEC

Ficmec

Hoy 30 de mayo, día de Canarias, es la clausura del 18º Festival Internacional de Cine Medioambiental de Canarias (FICMEC), que se lleva desarrollando desde hace cuatro años en Garachico, un pueblo costero del norte de la isla de Tenerife con una gran historia detrás; antaño fue la capital económica de la isla, pero una serie de catástrofes, erupción volcánica incluida, terminó con su liderazgo, no así con el encanto que desprende el lugar. Garachico es un perfecto emplazamiento para este festival cuyo eslogan, “Tiempo para pensar”, resume perfectamente su espíritu reflexivo en torno a las relaciones del hombre con el medio ambiente. Ayer pasé el día disfrutando del festival y a continuación cuento lo que dio de sí la jornada.

 

Poster Las abuelas de ChernobilLa programación oficial para el domingo 29 arrancaba a las 12.00 horas con la exhibición del documental Las abuelas de Chernóbil (The Babushkas of Chernobyl, 2015) pero la inesperada presencia en el festival de Kurt Diemberger, alpinista alemán y uno de los protagonistas del film K2-Tocando el cielo, programada para la tarde, propició la proyección de tres pequeños videos sobre sus escaladas y un turno de preguntas del público. Terminado el encuentro, empezó el documental dirigido por Anne Bogart y Holly Morris sobre las mujeres ucranianas que, tras el escape radiactivo de la base nuclear de Chernóbil, decidieron desafiar a las autoridades y poner en peligro su salud volviendo a sus hogares, situados en la conocida como “zona de exclusión”.

Las abuelas de Chernobil

El documental funciona tremendamente bien gracias a lo entrañables y cachondas que resultan ser las abuelas de Chernóbil, en contraste con el aislamiento, la soledad y el entorno decante en el que viven. También hay cabida en la cinta para abordar las secuelas de la radioactividad y la temeridad de aquellos jóvenes que se cuelan en la zona de exclusión para visitar las ruinas, lo cual no deja de ser interesante, pero con lo que nos vamos a quedar del conjunto es con esas conmovedoras señoras que han luchado contra la adversidad y han sobrevivido a un desastre nuclear sin perder la sonrisa, aferrándose a sus hogares, alimentándose de lo que cultivan en esas tierras contaminadas que no dejan de ser suyas, y donde permanecerán hasta el fin de sus días.

 

Poster El abrazo de la serpienteTras la proyección, comimos en un puesto de hamburguesas y cervezas ecológicas muy ricas y descansamos un poco porque a las 17.00 h. arrancaba la proyección de la colombiana El abrazo de la serpiente (2015), nominada a mejor película de habla no inglesa en la última edición de los Oscar. El film de Ciro Guerra se centra en Karamakate, un poderoso chamán del Amazonas, último superviviente de su pueblo, que vive en un aislamiento voluntario en lo más profundo de la selva. Un día se encuentra con Evan, un etnobotánico que va en busca de una poderosa planta sagrada. Juntos emprenden un viaje que avivará los recuerdos perdidos de Karamakate, que ya realizó hace tiempo un viaje similar junto a otro explorador en busca de la misma planta.

El abrazo de la serpiente

A lo largo de sus dos horas de metraje, El abrazo de la serpiente no deja de plantear cuestiones interesantes, valiéndose de la alternancia entre dos líneas temporales diferentes para reflexionar sobre la fe, la religión, las luces y las sombras del intervencionismo en las tribus nativas, el medio ambiente o la naturaleza destructiva del ser humano. Todo ello acompañado por una fotografía en blanco y negro que enfatiza el carácter misterioso, húmedo y místico del Amazonas. Sin embargo, su ritmo pausado y denso no la convierte en la película más idónea para visionar a la hora de la siesta, menos aún sentado en una silla que a la larga se hace bastante incómoda. En cualquier caso, es una muy buena película que se vale del género de aventuras para crear una expedición introspectiva sobre la complicada relación entre las poblaciones nativas y las conocidas como “civilizadas”.

 

Poster RamsMedia hora después del final de El abrazo de la serpiente arrancaba la proyección (con llenazo absoluto) de K2-Tocando el cielo, documental que gira en torno al verano de 1989, en el que la montaña acabó con la vida de 13 alpinistas. Lamentablemente tuve que saltarme la sesión porque necesitaba reponer fuerzas para estar en condiciones de ver la última película de la jornada, Rams (El valle de los carneros, 2015). Se trata de una producción islandesa dirigida por Grímur Hákonarson, ganadora del premio a mejor película tanto del último Festival de Valladolid como de la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes del año pasado. Cuenta la historia de dos hermanos que, a pesar de ser vecinos y compartir la pasión por los rebaños de carneros, no se hablan desde hace 40 años. Todo cambiará cuando un virus pone en peligro la cría de estos animales en el valle donde residen.

Rams

Rams es una película muy curiosa, parca en palabras y aparentemente tan fría como los paisajes en los que se ambienta, que luego sorprende con unas notas de humor muy cálidas y efectivas, al tiempo que desarrolla la arisca relación entre esos dos hermanos tan testarudos como solitarios y apegados a sus carneros. Se trata de una historia mínima que parece detenida en el tiempo, en ese majestuoso valle del que parece que se puede respirar su aire puro, y que contiene imágenes poderosísimas, pero ninguna como la que cierra el film: tierna, dolorosa, humana y perfecta. Tuve que arrancar los aplausos en la sala porque el público se había quedado entumecido con ese desenlace.

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Tras la proyección, empezó un concierto de jazz en la plaza, pero el cansancio acumulado del día y el trayecto por carretera que me esperaba de vuelta a casa fueron dos poderosas razones para perdérmelo. Atrás había quedado un día de buen cine con conciencia ecológica y una pequeña aproximación al FICMEC, que me ha dejado con muchas ganas de repetir el año que viene… y de comprobar si alguna de las películas que vi rasca algo en el palmarés.

27/5/16

Ya nadie quiere a los Teleñecos

Banner The Muppets

Creador: Bob Kushell, Bill Prady
Emisión: 2015 – 2016, ABC
1 temporada

En el año 2004, Disney adquirió los derechos de los Muppets (o Teleñecos, como los conocimos en España), el mundialmente famoso grupo de títeres  creado por Jim Henson. Siete años después, llegó a los cines la película co-protagonizada por Jason Segel y Amy Adams que, entre la nostalgia y la parodia autoconsciente, traía a Gustavo y compañía al mundo del siglo XXI. Aunque su regreso fue por todo lo alto, la baja recaudación de su secuela, El tour de los Muppets (2014), acabó con la posibilidad de continuar con la saga en la gran pantalla, no así en la pequeña, pues la cadena ABC, propiedad de Disney, aprobó el desarrollo de una serie protagonizada por Gustavo, Peggy y compañía, iniciando una potente campaña promocional en torno a la noticia de que la rana y la cerdita habían roto su relación. Un año después, la serie ha sido cancelada debido a sus decrecientes índices de audiencia.

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Dando un giro al formato de El show de los Teleñecos (1976), este relanzamiento partía de la premisa de que todos los Muppets están trabajando en un ‘talk show’ presentado por la cerdita Peggy. Con formato de falso documental al estilo Modern Family y ambientándose en las oficinas donde se prepara el programa de entrevistas, parecía que nos íbamos a encontrar ante una suerte de 30 Rock con la Rana Gustavo emulando a Liz Lemon y con Peggy haciendo de Jenna Maroney. En parte ha sido así, pero a medio gas. El principal problema al que se han enfrentado sus guionistas es la indefinición del tono, entre el humor adulto y el familiar. Sus gags, sin llegar a los niveles de incorrección de Padre de familia o de Los Simpsons en sus mejores tiempos, provocó la ira de varias asociaciones de madres de familia preocupadas por las ligeras alusiones sexuales, lo cual, sumado a la erosión de las audiencias (perdió en un mes más de la mitad de los 9 millones de espectadores que registró su piloto), provocó que la serie cambiase de showrunner en el parón navideño para intentar reconducirla.

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Y lo cierto es que la serie mejoró sustancialmente con el cambio: los episodios dejaron de centrarse exclusivamente en los caprichos de diva de Peggy, incluyeron el fantasma de la cancelación de la propia serie en la trama, y dieron más cancha a secundarios con un potencial por explotar, como la pareja de vividores formada por Rizzo y Pepe, pero ya era demasiado tarde. Ni las apariciones estelares y entusiastas de estrellas como Reese Witherspoon, Joseph Gordon-Levitt, Jason Bateman o Elizabeth Banks (unos más aprovechados que otros), consiguieron enganchar a la audiencia, y la cadena no confió lo suficientemente en ella como para darle una segunda oportunidad en forma de renovación.

The Muppets

Porque hay veces en las que las series necesitan un poco de tiempo para definirse y echar a volar. 30 Rock y Parks and Recreation no despuntaron demasiado en su primera temporada y estuvieron al borde de la cancelación, pero fueron renovadas y acabaron convirtiéndose en dos de las mejores comedias de la televisión americana. Nunca sabremos si The Muppets habría continuando mejorando en su segundo año en antena, y ya solo queda esperar al siguiente intento de recuperar la vieja gloria de estos entrañables personajes. Lamentablemente, puede que sólo nos volvamos a encontrar con ellos en forma de merchandising.

26/5/16

Cataclismo de mentirijilla

Poster XMen Apocalipsis

Dir.: Bryan Singer
Int.: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Oscar Isaac, Nicholas Hoult, Rose Byrne, Evan Peters, Lucas Till, Tye Sheridan, Sophie Turner, Kodi Smit-McPhee, Olivia Munn, Alexandra Shipp
¿De qué va?: Apocalpsis, el primer y más poderoso mutante del planeta, despierta tras miles de años dormido en un mundo que no le gusta, y por ello recluta a sus cuatro jinetes para acabar con la humanidad y empezar otra vez desde cero. Sin embargo, Charles Xabier, Mística y un grupo de jóvenes mutantes hará todo lo posible por impedírselo.

Reseña: Apocalipsis despierta en los años 80 y se siente decepcionado con el mundo que se encuentra… Pues si llega a levantarse tres décadas más tarde se habría arrancado los ojos directamente. Tras intermediar en la crisis de misiles de Cuba y jugar con las paradojas mentales, los X-Men retro se preparan para enfrentarse con el mismísimo fin de la raza humana. Pero… ¿eso no había pasado ya? Sí, pero esta vez se supone que va más en serio, con más destrucción masiva y un villano prácticamente invencible. ¿Y la sensación de que todo está perdido y de estar al borde del abismo? Eso se lo han ahorrado porque, para qué molestarse, si ya todo el mundo sabe que la franquicia mutante está lejos de terminar.

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Bryan Singer volvió a la saga con Días del futuro pasado (2014), que contaba con la jugosa premisa de cruzar dos líneas temporales diferentes con sus respectivos elencos mutantes. Podía haber dado un poco más de sí pero no decepcionó. En Apocalipsis se supone que la mayor atracción reside en contar con uno de lo malvados más poderosos y destructivos del cómic, pero exceptuando el prólogo ambientado en el Antiguo Egipto, el personaje jamás resulta distintivo, imponente o temible, sino un malote que parece sacado de un capítulo de los Power Rangers con las archiconocidas ansias de destrucción. A Oscar Isaac le ha tocado la tremenda papeleta de sacar adelante este marrón y, por suerte para él, es probable que en poco tiempo nos olvidamos de que era él quien estaba debajo de esa caracterización imposible.

XMen Apocalipsis

Ante un malo decepcionante, la galería de mutantes está más desdibujada que nunca y las relaciones que se establecen entre ellos son más bien pobres, sin que pase nada especialmente interesante o trascendental en las dos horas y media de metraje; prueba de ello es que se recurra a flashbacks de las anteriores películas para reforzar los momentos supuestamente emotivos. James McAvoy y Michael Fassbender siguen dando lo mejor de sí mismos, no así Jennifer Lawrence, cuyo desinterés por lo que está ocurriendo a su alrededor resulta evidente, con un rol clavado al que ejercía en Los juegos del hambre. Por otra parte, es estupendo que traigan a vuelta a Rose Byrne como Moira MacTaggert… pero no para ventilar los orígenes de Apocalipsis y decir alguna obviedad de vez en cuando para que recordemos que está ahí.

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En cuanto a los cuatro jinetes, a Magneto nos lo encontramos en una situación diferente e interesante, pero resuelta de la peor manera posible, y del resto apenas sabemos cómo se llaman (pobre Olivia Munn). Y tres cuartas partes de lo mismo ocurre con los viejos conocidos interpretados por actores jóvenes; todos y cada uno de ellos son excelentes decisiones de casting, pero el guionista se confía en que ya los conocemos de las películas precedentes, y que por tanto no debe reparar demasiado en ellos. Error, porque necesitamos de algún vínculo emocional para desear que sobrevivan en esas batallas en las que los efectos especiales resultan rutinarios e incluso algo chuscos. Cuatro párrafos rajando de X-Men: Apocalipsis cuando, en realidad, no me pareció mala en absoluto. Si te gusta la familia mutante permanecerás atento y entretenido a lo largo de su abultado metraje, pero dados los talentos involucrados (no hay que olvidar que Singer es en buena parte responsable del fenómeno actual de los superhéroes) hay que exigir más, mucho más, que este rutinario blockbuster con poco que recordar y mucho que olvidar. Da más pena aún cuando se recuerda lo buenísima que fue X-Men: Primera generación (2011).

5’5/10

24/5/16

O.C: Sospecha (1941)

Poster Sospecha¿De qué va?: Lina es una joven de la alta sociedad que conoce por accidente en un tren a un vividor llamado Johnnie, al que acabará pagándole el billete. Poco después, vuelven a encontrarse en una fiesta e inician un romance, ante el miedo de ella por convertirse en una solterona. Pero tras pasar por el altar, la atracción por el dinero y las apuestas de Johnnie inquietarán a Lina, y le harán pensar que, en realidad, su marido es un misterio para ella.

Reputación: Vigésimo octavo largometraje de Alfred Hitchcock y primero en el que ejerció labores de producción, basado en la novela Before the Fact (1932) de Anthony Berkeley Cox, que publicó bajo el pseudónimo de Francis Iles. A Joan Fontaine le gustó tanto el personaje de Lina que le mandó una nota al director ofreciéndose a interpretarlo gratis. No hizo falta llegar a ese extremo, y su entusiasmo y dedicación fue recompensado con el Oscar a mejor actriz, siendo la única interpretación de un film dirigido por Hitchock poseedor de una estatuilla dorada (también logró nominaciones a mejor película e historia). Fue la primera ocasión en la que Hitch trabajó con Cary Grant, repitiendo con él en otras tres películas: Encadenados (1946), Atrapa a un ladrón (1955) y Con la muerte en los talones (1959), siendo esta última la más célebre de todas. Tal y como se recoge en el libro de Truffaut, El cine según Hitchock, el director rodó un final mucho más oscuro, pero el estudio le obligó a cambiarlo ante la mala respuesta del público en los pases de prueba. La película se convirtió en tal éxito de taquilla que le permitió a Hitchcock gozar de una mayor libertad creativa en sus trabajos posteriores, los cuales empezaron a contener su famoso apellido en sus respectivos títulos.

Sospecha

Comentario: La filmografía de Hitchcock tiene tantas películas tremendas e icónicas, que un thriller tan bien ejecutado como Sospecha puede pasar desapercibido. Aún así, sería injusto menospreciar esta película que arranca como una comedia romántica desvirtuada (Lina decide casarse para espantar al fantasma de la soltería interminable) y progresa transformándose en una cinta de suspense que pivota sobre el comportamiento extraño de la figura masculina, manipulando eficazmente y de forma constante la percepción que tiene tanto la protagonista (fantástica Joan Fontaine) como el espectador sobre él. Lástima que no dejasen terminar la historia como Hitchcock deseaba, mucho más impactante que el desenlace definitivo. Mirando el lado positivo, gracias al cambio tenemos esa tensa secuencia final en la carretera, que es, junto con aquella en la que Cary Grant sube las escaleras sosteniendo un baso de leche fluorescente, la escena más memorable del film.

Próximo visionado: El hombre elefante (1980)

23/5/16

Con rabos y a lo loco

Poster TangerineLa democratización digital ha traído muchas cosas buenas. Hoy en día, realizar un corto o una película está al alcance de cualquiera que tenga un teléfono móvil, pudiéndose hacer auténticas virguerías. El cineasta Sean Baker rodó su quinta y más exitosa película, Tangerine, con tres iPhones 5 y una aplicación móvil que le costó 8 dólares, y si no hubiese dicho nada no se habría dado cuenta nadie, porque la calidad de la  imagen es tan nítida como la de cualquier cámara digital. No obstante, la técnica debe ir acompañada de talento, energía e ingenio, que es, al fin y al cabo, lo que convierte esta película en algo tan notable y refrescante.

Sin-De Rella es una prostituta transgénero que sale de la cárcel en la víspera de Navidad. En plena celebración de su libertad, su mejor amiga, Alexandra, le dice que su novio y proxeneta Chester le ha estado engañando, creyendo que ella ya estaba informada. Decidida a descubrir la ciudad, Sin-De  iniciará enfurecida una búsqueda por la ciudad de Los Ángeles. Esta premisa, que podría haber sido perfectamente la de un drama social en la línea de Princesas (2005), se rebela como el detonante de una estupenda comedia, que sigue a lo largo de un día las peripecias de sus protagonistas por los barrios menos glamurosos de L.A., sí, pero también los más vivos y auténticos, alcanzando el culmen en una escena donde todas las tramas convergen, dando lugar a una tragicómica situación a la altura de los clásicos americanos del ‘slapstick’.

Tangerine

Tangerine es la antítesis de La chica danesa, una película protagonizada por personas transexuales que supone una celebración de la diferencia sin afectación y sin recalcar su carácter reivindicativo. Los gags fluyen con la misma naturalidad que posee su reparto, en el que destaca  Mya Taylor, la amiga y confidente de la particular Cenicienta de este cuento, justa ganadora del Independent Spirit Award a mejor actriz de reparto. La película hace reír, y mucho, con las ocurrencias de sus personajes, pero Baker se guarda para el final la tristeza implícita en sus historias, dejando un regusto agridulce, pero necesario para que la película no quede desconectada de la realidad. Netflix ha tenido el buen ojo de rescatar Tangerine para distribuirla en España a través de su plataforma streaming, y yo no puedo hacer otra cosa que recomendar encarecidamente que rescaten este pequeño y desinhibido diamante orgulloso de ser en bruto.
8/10

20/5/16

Como cerdos en un lodazal

High Rise

Dir.: Ben Wheatley
Int.: Tom Hiddleston, Jeremy Irons, Sienna Miller, Luke Evans, Elisabeth Moss, James Purefoy, Sienna Guillory, Keeley Hawles, Stacy Martin
¿De qué va?: El doctor Robert Lang se muda a su nuevo apartamento en un lujoso rascacielos donde los residentes no tienen intención de dejarlo en paz. Resignado a las complejas dinámicas sociales que lo rodean, Lang se convierte en un buen vecino, pero cuando las luces se empiezan a apagar y los ascensores dejan de funcionar, la salud mental de Lang se desintegra al mismo tiempo que el edificio.

Reseña: Si eres de los que creen en la bondad innata del ser humano, esta no es tu película. Si por el contrario crees que la propia raza humana será la responsable directa de su extinción, bienvenido seas. Basada en la novela homónima del profético J.G. Ballard, High-Rise se ancla en los años 70 para hablarnos de un futuro próximo en el que las diferentes clases sociales habitan un rascacielos donde la diferencia de libertades y privilegios entre los de arriba y los de abajo provocará, cómo no, una batalla campal que sacará el animal salvaje que todos llevamos dentro. Es como la hija bastarda y descocada de La naranja mecánica (1971) y Snowpiercer (2013), heredando la violenta desidia burguesa de la primera y el pesimismo social de la segunda.

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Aquella pareja de excursionistas bobalicones que se revelaban como auténticos asesinos en serie de Turistas (2012) bien podrían haber sido inquilinos del rascacielos protagonista de la nueva película de su director, Ben Wheatley, que trata al edifico donde se desarrolla casi toda la acción como un personaje más: es una figura robusta, distante y segura de sí misma que va debilitándose paulatinamente hasta que se revela como el caos putrefacto que en realidad es. La gracia está en que la tesis de la propuesta consiste en afirmar que esa anarquía demencial es, en realidad, el estado por el cual las personas seremos coherentes con nuestra propia naturaleza. La lucha de clases es tan inevitable como el momento en el que perderemos las formas y actuaremos bajo instintos tan primarios y amorales como los que sacan a relucir los personajes en el tercio final de la historia, resultando ser más feroces y carroñeros que los propios animales.

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Wheatley se contagia de esa vorágine decadente en la que se sumergen los vecinos del rascacielos, pero la faltan tablas para evitar que la claridad narrativa se resienta. En consecuencia, el conflicto estalla casi sin avisar y todo lo que sucede a continuación resulta inconexo y confuso, sobrecargando la película con metáforas que no hacen más que subrayar varias ideas que ya se comprenden por sí solas. Otras, en cambio, necesitan de un segundo visionado para poder ser digeridas de lo sutiles que resultan, por lo que no sería de extrañar que High Rise fuese la película más trastornada y contradictoria del año, pero también una de las más fascinantes y farragosas.

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Aun siendo excesivamente estilizada, el look entre la moda setentera y el retro-futurismo no deja de ser hipnótico, destacando asimismo el espectro sonoro, con una taciturna y lúgubre versión del SOS de Abba a cargo del grupo Portishead como joya de la corona, y un reparto, liderado por un estupendo y desinhibido Tom Hiddleston, comprometido con la enajenación de los personajes a los que encarnan, cuyas acciones no siempre entendemos. Quizás no haya nada que entender y todo sea una feliz aberración con todo el (sin)sentido del mundo. O una interpretación hueca de la novela de Ballard. O todo a la vez. Sospecho que a cualquier apreciación que se haga de la película no le faltará razón.

7/10

17/5/16

Temerosos de Dios

Poster La bruja

Dir.: Robert Eggers
Int.: Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw, Ellie Grainger, Lucas Dawson
¿De qué va?: En la Nueva Inglaterra del año 1630, un matrimonio de colonos cristianos, con cinco hijos, vive aislado cerca de un bosque. Cuando el hijo recién nacido desaparece y los cultivos no crecen, los miembros de la familia se rebelan los unos contra los otros, mientras un mal sobrenatural les acecha de cerca.

Reseña: En los últimos años, se ha producido una llegada de cineastas noveles que han insuflado con ideas nuevas y creativas al maltrecho género de terror, jugando con sus mecanismos y sus golpes de efecto para elaborar historias que no se conforman con sobresaltar al espectador a base de los sustos manidos de siempre: a Fede Álvarez (Posesión infernal), Jennifer Kent (Babadook) y David Robert Mitchell (It Follows) hay que sumar ahora a Robert Eggers, cuya encomiable ópera prima, La bruja, llega dispuesta a entusiasmar a unos pocos y a irritar a aquellos incautos que se acerquen al cine creyendo que van a ver una película de miedo convencional. La culpa es de Universal, por hacer una campaña de marketing tramposa en la línea de la de El bosque (2004).

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Porque La bruja no es una película de terror, sino sobre el terror. El terror que experimenta una familia puritana del siglo XVII hacia el aislamiento, a la amenaza de inanición, a las leyendas que hablan de brujas que se comen a los niños, a alejarse de su Dios y, en consecuencia, a ser castigados y ganarse un merecido puesto en el infierno. Eggers desmantela la fe y la armonía de esta familia valiéndose de elementos cotidianos e inofensivos y detalles perturbadores, creando una atmósfera densa y lúgubre, con la inestimable ayuda de la sombría partitura de Mark Korven y de una dirección de fotografía que enfatiza el carácter pictórico y espeluznante de sus imágenes, sin grandes alardes técnicos, pues muchas veces se resuelven los momentos más inquietantes con un simple plano-contraplano, y en algunos casos con un único plano sostenido.

La bruja3

Y mientras la violencia se va haciendo más y más patente entre los miembros de la familia, encarnados por unos intérpretes perfectamente aclimatados (los jóvenes Anya Taylor-Joy y Harvey Scrimshaw deslumbran), el director expone las maneras y costumbres de la época, haciendo especial hincapié en la represión sexual y la discriminación femenina, dejando entrever que las brujas no son más que la consecuencia de una sociedad patriarcal que utiliza a las mujeres para las tareas del hogar y para procrear, siendo repudiadas y proscritas cuando se atreven a contradecir a sus mayores o a pensar por sí mismas. ¿Existen las brujas o son producto de la histeria colectiva de una comunidad que censura cualquier atisbo de libertad o de razonamiento crítico?

La bruja

La bruja provocará los abucheos y las risas de todos aquellos que se desesperen al encontrarse con una película que no les mantiene despiertos a base de golpes de efecto. Para todos los demás, se trata de una película hermosamente perturbadora, cocinada a fuego lento, que utiliza las convenciones del género para componer un relato perfectamente cohesionado, entre el costumbrismo y la fábula, entre lo clásico y la innovación, sobre la fragilidad del ser humano, y sobre cómo sólo hace falta tocar unas teclas para que todo se venga abajo y la rendición ante el Mal se produzca. Sus imágenes aspiran a convertirse en iconos del cine contemporáneo.

8/10