17/5/11

El rincón de Chechu: Carta a las luces

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

Jorge L. Borges, Poema de los dones.


Esto escribe el más grande de los escritores después de ser nombrado director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, tras darse cuenta de que no era capaz de distinguir los títulos de los libros. Estaba quedándose ciego. Hace unos días volví a escuchar su conferencia sobre la ceguera, de 1975, en la que habla de los colores, del amarillo especialmente, y de lo mucho que los extraña en ese mundo de niebla ‘que ni siquiera es negro puro.’ Es desgarrador y a la vez poético oír las palabras heridas de un hombre cuya vida entera fue la literatura; que fue, mejor dicho, él mismo la literatura. Y es emocionante para mí, emocionante y duro, recordar mientras las oigo.

"Qué lejos ha llegado todo. Qué desagradecida velocidad llevan los años. Aquí estoy, ya veintitrés, la barba salpicándome el cuello y la piel tan morena como siempre. He terminado aquel curso tembloroso e ingenuo en el que te vi por última vez, he terminado también los tres siguientes y he aprobado el bachillerato. He vivido en Santiago, estudiando historia -una de tus pasiones- y la he abandonado por crío y por inmadurez, quizás por miedo. Soy maestro desde hace un año. He viajado y he crecido. He amado y he escrito tanto, he llorado tantas veces. Ahora estoy en Salamanca, corriendo detrás de mi sueño. No sé por qué comienzo contándote esto, porque tú esto ya lo sabes. Querría decirte todos los libros que he leído y todos los cuadros ante los que me he maravillado, cómo uno crece de pronto y se da cuenta también de pronto que rodeando la casa, habituales ya de tantas veces que pasaron los ojos sobre ellas, cuelgan tus acuarelas purísimas, difuminadas y grises como Galicia, coloridas y brillantes como las colinas verdes, serenas y frías como la nieve en Canadá. Los pescadores comiendo sardinas en el Pedrido, la torre de Hércules con gaviotas en nuestras escaleras, el llano blanquísimo de Toronto a veces sobre la chimenea y a veces en el pasillo, la canción a mamá en su boda, el autorretrato, las gafas, el pelo hacia atrás, las fotos blancas y negras.

Me gustaría hablarte de los colores porque te lo debo, porque la vida nos arrebató ese derecho a charlar sobre cualquier cosa, porque la noche se llevó todos los consejos que podría haber recibido de ti y que me hubiesen hecho mejor de lo que soy, y que me hubiesen guiado en momentos difíciles. Por las palabras que nunca escucharé y las críticas a mi escritura de las que nunca podré aprender, por la lucidez que me habrías aportado y lo que hubiésemos discutido sobre literatura y sobre cine. Por eso déjame hablarte hoy de películas, porque sé que las amabas y porque yo también las amo.

Ciudadano Kane 
No sé cómo empezar a escribirte sobre Ciudadano Kane, porque tú la has visto y yo hace tan poco que la disfruto... sabrás por descontado la época que marcó, inaugurando la profundidad de campo y revolucionando la manera de filmar, con ese travelling imposible a través de la ventana ante el que seguro te has relamido observando la claridad de la nieve sobre el trineo, el plano avanzando entre las paredes de madera, ese niño que juega resaltando sobre la pureza del suelo como nace una flor en mitad del prado. Todo eso y más habrás visto en la famosa escena de la chimenea, cuando Charles Foster Kane se mueve de atrás hacia delante y el espectador comprueba las dimensiones gigantescas de esos troncos y de los techos. Los techos, por supuesto: fue seguro en esa película la primera vez que comprobaste que estaban allí, gracias a los contrapicados abrumadores, como aquel de la escalera. Pero lo que más te fascinó fue el claroscuro, estoy casi convencido, ese juego de luces y sombras tan nítidas y contrastadas pero a la vez tan difusas y misteriosas como la niebla en tus cuadros. Mejor que el expresionismo alemán, o quizás no mejor pero sí más refinado, más elegante, más evolucionado. Recuerda todo esto ahora mientras te lo digo y revive en tus retinas las imágenes de las que hablo.

Blade Runner 
Luego también estará Blade Runner, fabulosa historia sobre el hombre y sobre sus miedos pero también sobre la lluvia y la suciedad de las calles. La verías seguro, yo era pequeño y por lo tanto no lo recuerdo, pero conociéndote y conociendo tus pasiones, tu amor a la belleza y al progreso, no me cabe duda. Fue la primera en mezclar luces cálidas con tonalidades frías, los interiores de las casas desangeladas o el color anaranjado del sol tras las ventanas contra las publicidades, los fríos neones mojados de los edificios, los chispazos eléctricos, brillantes, saltando de todas partes y reflejándose en el rostro de Harrison Ford. Esa paloma que al final vuela entre claridades, sombras y hechizos, entre magia y sobre el azul metálico de la ciudad, ‘se perderán, como lágrimas en la lluvia.’ Pero qué hago yo hablándote de esto, yo que nada sé a ti que tanto conocías.

Amelie 
La charla que hubiésemos tenido y que hoy te escribo nos hubiese llevado seguro a una película reciente que tú ya no has podido ver. Es francesa y ha sido muy halagada por todos, por la crítica y por las jovencitas que comienzan a despertar al arte, pero también por hombres mayores y por mujeres ancianas. Se llama Amélie, como el nombre de la protagonista. El argumento cautiva quizás, pero quizás no definitivamente: es una mujercita que quiere hacer el bien y todas estas cosas. Amar al prójimo y conseguir que la gente sea feliz. De todas formas no es eso lo que me fascina, sino el poder visual y la belleza cromática que irradia cada fotograma. Te juro, de verdad estoy convencido de ello, que cada plano de esa película podría ser un cuadro. No he visto nunca una composición tan equilibrada, tan calculada, tan bella y tan pura en cuanto a colores se refiere. Azules, rojos, verdes, todos muy saturados pero perfectamente encajados en la imagen. Como un gran pastel concentrado, demasiado bello, demasiado bien elaborado. ¿Sabes? Creo que si te fijas en cada escena, los colores del decorado hacen juegos y contrastes con el vestuario, con el tono del cielo, con el amarillo de las calles. Hubieses disfrutado tanto viéndola... es el cine más cercano a la pintura que he conocido jamás.

Volver 
Luego hay muchos estilos distintos, seguramente más genéricos y vagos, pero de los que me gustaría hablarte también: la especie de cortina apagada que tiende David Lynch sobre sus fantásticos delirios; los bailes oscuros, marrones y negros de los hermanos Coen en exteriores; el espectáculo vivo y descarado de todas las películas de Pedro Almodóvar, que tampoco has tenido ocasión de ver. Volver, su penúltima, creo es la más lograda en ese aspecto: tanto mantel a cuadros de aldea y tantos vestidos chabacanos derrochan elegancia en sus manos, o mejor dicho en sus lentes. La magia de los maestros, ese poder que tú también imprimías a tus cuadros, ese talento innato que tanto se persigue y que tan difícil es de poseer.

Casablanca 
Podría seguir hablando contigo mucho tiempo más, pero no me respondes. En la cabeza tengo grabadas esas palabras de Borges con las que antes empecé: ‘que ni siquiera es negro puro.’ También tengo grabada una frase de mamá, la entonación exacta con que me decía, la primera vez que vi Casablanca: ‘¿Sabes? Tu abuelo veía esta película todos los días cuando se estaba quedando ciego. Quería recordarla para siempre.’ Antes comencé contándote las cosas que he hecho desde que ya no estás, pero no hacía falta, porque ya las sabes. Igual que no hacía falta hablarte sobre los colores en el cine. Es sólo que estoy siempre triste porque no he podido tenerte en mi madurez y nunca me responderás. Sin embargo, te siento aquí, como cada día que pasa y cada vez que amo, cada paso que doy y cada cuadro que veo, cada libro que leo y cada palabra que escribo, yo te siento aquí, vigilando lo que hago y sonriendo desde dentro, con esa risa cargada de ironía que iluminaba la familia como un faro, como lo que siempre fuiste para todos. Te siento aquí tranquilo, conmigo, viviendo a través de mí y tecleando a través de mis manos, venciendo la ceguera porque ahora, ahora y desde siempre, ves a través de mis ojos."

A mi abuelo Bernardo Riveira (1934-2001), arquitecto y pintor que perdió la vista un año antes de que yo naciese.

15/5/11

The Other Fanboy Blog a fondo


Todo empezó el día en el que la profesora de Comunicación e Información II nos mandó a realizar un reportaje como último trabajo para la asignatura. El tema tendría que ser una afición o un talento de alguno de los integrantes de cada grupo. En el mío éramos todos unos artistas, faltaría más, pero escaseábamos de talentos que pudieran quedar bien delante de una cámara, así que nos decantamos por hacerlo sobre este blog.

Durante la filmación no estaba muy seguro de si iba a quedar bien, y sólo estaba dispuesto a colgarlo aquí si el resultado era satisfactorio, pues ya me daba bastante vergüenza acaparar tanto plano. Y aquí lo tienen, por lo que sobra decir que el reportaje ha quedado niquelado.

Gracias a todos los integrantes de mi grupo, Rubén, Chechu, Raquel y Toni, por todo el esfuerzo y el entusiasmo que han volcado en la elaboración de este video (sobretodo cuando se petaba el Sony Vegas y parecía que nunca lo íbamos a terminar) y a todos los que aportaron su granito de arena: Jairo, Dei, Belén, el Big Orange en peso... Bueno, esto parece un discurso de agradecimiento y yo sólo quería hacer una pequeña introducción del reportaje. Les dejo con él, espero que les guste:


14/5/11

París bajo la lluvia

Poster Midnight in Paris
Dir.: Woody Allen 
Int.: Owen Wilson, Rachel McAdams, Marion Cotillard, Michael Sheen, Kathy Bates, Carla Bruni, Corey Stoll, Léa Seydoux
¿De qué va?: Un escritor norteamericano viaja con su prometida y los padres de ésta a París, donde florecerá su entusiasmo por la ciudad y por los artistas que ésta acogió en tiempos pasados. Mientras que por el día pasa el tiempo con su novia y un amigo pedante de ella, por la noche se escabulle a un lugar donde podría encontrar la inspiración que tanto ansía.

Reseña: Antes de rodar su primera película en Europa, Match Point, Woody Allen ya había abandonado su querida Nueva York para rodar en París parte de Todos dicen I love you, pero su paso fue tan fugaz que no le dio tiempo a rendir el tributo que se merecía la ciudad de la luz. Ahora llega el momento de resarcirse con Midnight in Paris, pues nada más comenzar la película y antes de los títulos de crédito marca de la casa, el director nos regala una serie de estampas de numerosos rincones de París en los que se intuye la admiración que siente hacia ella, y que luego transforma en palabras su álter ego en la película, encarnado por Owen Wilson.

Midnight in Paris2 
La labor promocional y turística que tanto se le criticó a Vicky Cristina Barcelona sigue estando presente pero de una forma no tan descarada. Las calles de París son un personaje más en la historia, pues son las responsables de la aventura que vive nuestro protagonista cada noche, la cual no voy a desvelar por una vez que el tráiler lo mantiene en secreto y aunque se haya convertido en un secreto a voces tras su paso por Cannes. Sólo diré que Allen vuelve a ofrecer un cuento fantástico del corte de La rosa púrpura de El Cairo, y que contiene un montón de chistes y gags que agradecerán los que tengan unas inquietudes artísticas y literarias afines a las del director neoyorkino.

Midnight in Paris 
Midnight in Paris es una película de Woody Allen en toda regla, lo que implica que sus personajes pertenezcan a la clase alta, que realicen actividades de “cultureta” y que frecuenten espacios con toda clase de lujos (¿un hotel con un médico y un detective en su plantilla?), pero al menos hace muchos chistes a costa de los pedantes y esnobs que abundan en estos círculos, personificados en el personaje de Michael Sheen. Pero si el contenido erudito no te atrapa, Allen nos deleita a todos con una de esas moralejas brutales con las que culmina sus fábulas/películas. En esta ocasión tiene que ver con el autoengaño nostálgico, al confiar en que cualquier tiempo pasado fue mejor cuando en realidad el problema reside en cada uno de nosotros.

Midnight in Paris3 
Los que echaron de menos en Conocerás al hombre de tus sueños al Woody Allen más perspicaz e ingenioso se reconciliarán con el director en esta película, pues Midnight in Paris recoge algunos de los mejores diálogos y ocurrencias de sus últimos trabajos. Asimismo, el plantel de actores actúa en consonancia a su estilo; Owen Wilson recoge el testigo del personaje que habría interpretado Allen cuando era más joven sin fotocopiarlo pero manteniendo su esencia. Rachel McAdams está estupenda y Marion Cotillard es simplemente irresistible. Incluso Carla Bruni y Adrien Brody, de los que no nos esperábamos gran cosa, sorprenden en sus breves intervenciones.

Midnight in Paris4 
Y volvemos con París, que es el corazón y el alma del filme. Los parisinos dirán que esa no es su ciudad como ya dijeron los neoyorkinos, los británicos y los catalanes de sus respectivas metrópolis, aunque en realidad sean las mismas de siempre pero bajo el fascinante punto de vista de Woody Allen, ese hombrecillo tan neurótico, pesimista y romántico que nos vuelve a regalar portentosos y mágicos momentos fílmicos, esta vez, por las calles mojadas de París.

8/10

13/5/11

O.C: El halcón maltés (1941)

Poster El halcon maltes¿De qué va?: El detective privado  Sam Spade y su socio, Archer, aceptan el encargo de una joven que quiere encontrar a su hermana, que ha desaparecido junto a un peligroso hombre. Lo que parecía un caso sencillo se convertirá en una compleja investigación, con varios asesinatos de por medio y la preciada estatuilla de un halcón dorado como el objeto de deseo de todos los implicados.

Reputación: Tercera ocasión en la que la novela de Daniel Hammet fue adaptada para la gran pantalla; la primera fue en el año 31 y la segunda en el 36. La tercera en discordia es la más aclamada y popular del trío, fue la primera película que dirigió John Huston, director clave en la evolución del cine negro norteamericano. El halcón maltés está considerada como una de las mejores óperas primas de la historia, la cuarta según una lista confeccionada por la Sociedad de Críticos de Cine Online. La cinta obtuvo tres nominaciones a los Oscar, mejor película, actor secundario (Sydney Greenstreet) y guión, poca cosa comparado con la repercusión que tendría a posteriori, plantando la semilla del género noir norteamericano y brindando uno de los mejores personajes que interpretó Humphrey Bogart en la gran pantalla.

El halcon maltes 
Comentario: El halcón maltés concibió los ingredientes clásicos del cine negro que más tarde otras películas repetirían hasta la saciedad, algunas desarrollando el esquema del género y otras sin apenas importar innovaciones. Tenemos al astuto detective, interpretado a la perfección por Humphrey Bogart haciendo suyos todos los chascarrillos del guión, una femme fatale ambivalente y un misterio retorcido que abarca asesinatos, traición, manipulación y codicia, con los oscuros callejones de San Francisco como telón de fondo. La película cuenta con una dirección tan competente que supone difícil de creer que corriera a cargo de un director novel, así como el sólido guión, que también es de Huston, la dirección de actores y todo lo demás. Una de esas frases que sólo tienen cabida en la ficción pone el broche de oro de una intriga perfectamente articulada.

Próximo visionado: Muerte de un ciclista (1955)

12/5/11

France, je t’aime

¿Qué tendrá Francia que nos atrae tanto, que nos pone tan melosos, románticos y bohemios? Coincidiendo con la 64ª edición del Festival de Cannes y con el estreno de Medianoche en París de Woody Allen, les presento un repaso de las últimas películas de nacionalidad francesa que he visto, tres visiones diferentes del amor, la muerte, la familia y la vida bajo el pensamiento galo.  Viva La France!

Poster Un verano en la provenzaEl padre de Antoine está enfermo y no puede hacerse cargo del camión que conduce y con el que abastece a los ancianos que habitan en las aisladas aldeas de la Provenza, por lo que su hijo acepta a regañadientes ocupar su puesto. Con el tiempo, Antoine empieza a cogerle cariño a sus clientes mientras soluciona las diferencias que le han mantenido alejado de su familia desde siempre.

Un verano en la Provenza es de esas películas que pasan muy desapercibidas por la cartelera para luego disfrutar de una segunda oportunidad en los videoclubes y los pases televisivos; yo mismo la vi en uno de esos largos trayectos de guagua en los que ves cualquier cosa que pongan en la tele para que el viaje resulte más ameno. El filme se encuadra perfectamente en la categoría de “pelis de autocar”, situándose por encima de la media habitual: entretiene lo justo y razonable, se deja ver con agrado, muestra una galería de paisajes campestres que serán similares o mejores a los que podrás ver por tu ventanilla y es tan previsible y lineal que puedes echarte una cabezadita durante un rato sin perder el hilo de la historia.

Un verano en la provenza 
Además, da una imagen positiva de los mayores, pues aunque se nos cuelen en la cola del supermercado y a veces no paren de hablar se nos olvida que siguen siendo unas personitas entrañables con mucha más experiencia y sabiduría que el resto de mortales, la mayoría al menos. En definitiva, Un verano en la Proveza gustará tanto en los viajes del Imserso como en todos los demás.

6/10


Poster El ultimo vuelo El último vuelo supone el reencuentro cinematográfico de la pareja formada en la vida real por Marion Cotillard y Guillaume Canet, que se conocieron en la deliciosa Quiéreme si te atreves. En esta ocasión, ella es una aviadora que viaja al desierto del Sahara en busca de su prometido, el piloto Bill Lancaster, del que no se ha vuelto a saber nada desde que se estrelló con su avioneta; para su expedición por el desierto contará con la ayuda de de un lugarteniente del ejército francés (Canet).

La película arranca bien, con una buena introducción del contexto histórico, de los personajes y del conflicto, estableciendo las bases en las que se sustentará el desarrollo de la historia. Pero cuando los protagonistas se pierden en las dunas del árido páramo la película se vuelve arrítmica, sin sustancia, tan sólo dos personas perdidas en el desierto a las que no les pasa nada remarcable, tan sólo una muda desesperación. El momento cumbre llega cuando parece que va a ocurrir algo y la película se acaba, eso sí, previo a una explicación escrita de lo que les ocurrió después a los personajes, justo la parte que habría sido interesante de ver en la pantalla.

El ultimo vuelo 
¿Se quedarían sin presupuesto en mitad del desierto? Quién sabe, pero de lo que estoy seguro es que El último vuelo es tan profundamente decepcionante que ni se logra atisbar una pizca de la química que consiguió desplegar el tándem Cotillard-Canet en Quiéreme si te atreves. Otra cosa que se perdió entre las dunas.

3’5/10
 

Poster Hace mucho que te quieroJuliette sale en libertad tras quince años de prisión. Su hermana,  Léa, con la que no ha mantenido contacto durante todo ese tiempo la acoge en su casa, con su familia, y aunque en un principio se sientan como dos completas desconocidas, poco a poco empiezan a confiar la una en la otra, sacando a relucir las verdades a medias y las cosas que nunca se dijeron.

Hace mucho que te quiero es uno de esos dramas tranquilos en los que las miradas y los gestos son tan significativos como las propias palabras. Desde el principio sabemos que hay algo que no va bien, que hay un gran muro que se interpone en la relación de las dos hermanas, una tragedia que en ningún momento se esconde pero que provoca situaciones realmente incómodas. Tan sólo necesitan recuperar el tiempo perdido para que las viejas heridas se cierren y den paso a las segundas oportunidades.

Hace mucho que te quiero

Kristin Scott Thomas realiza una portentosa interpretación de una mujer de carácter frío y distante que en realidad está rota por dentro, cargando con un gran trauma a sus espaldas. La película está llena de momentos tiernos, nunca sensibleros, en los que la protagonista encuentra la redención junto al abuelo que nunca habla, tocando el piano junto a su hermana o jugando con sus sobrinas. El momento en el que todas las verdades salen a la luz rompe con el anterior dramatismo tranquilo y mesurado, pero a esas alturas la película nos tiene tan ganados que nosotros también sentimos que hemos encontrado la esperanza al final de un largo túnel, y damos por finalizada la espiral de emociones en la que nos ha sumergido la película. Eso sí, con una renovada fe en el ser humano.

7’5/10

11/5/11

Había una vez un circo a medio gas

Poster Agua para elefantes 
Dir.: Francis Lawrence
Int.: Robert Pattinson, Reese Witherspoon, Christoph Waltz, Hal Holbrook, Paul Schneider, Jim Norton, Mark Povinelli
¿De qué va?: En la época de la Gran Depresión, un joven veterinario que se queda huérfano empieza a trabajar en el circo de los hermanos Benzini. El joven se enamora de la gran estrella del espectáculo, Marlena, que está casada con August, el cruel y agresivo propietario del circo y adiestrador de animales.

Reseña: Guardo sentimientos encontrados respecto al circo: por un lado me fascina toda la magia que desprende, las acrobacias imposibles, ver tan cerca a los animales salvajes… pero eso es precisamente lo que me repele, pensar que aprendieron esos trucos a base de leña y que cuando no hacen de payasos ante un público entregado viven enjaulados en vez de ser libres. Estas contradicciones también las siente Jacob, protagonista de Agua para elefantes; ¿la película circense definitiva? Casi pero no.

Agua para elefantes2 
El director Francis Lawrence aparca la ciencia ficción de sus anteriores películas, Constantine y Soy leyenda, para empaparse del romanticismo trágico que proporciona la vida del circo ambulante. De sus trabajos previos hereda la cuidada factura técnica; el abuso de la pantalla verde para trazar paisajes digitales espectaculares no desentona porque nos sumerge de lleno en la época, donde no hace falta ver muertos de hambre y penurias para saber que se trata de una época crítica en la que el circo supone una vía de escape tanto para sus empleados como para los asistentes.

Agua para elefantes 
El contexto es excelente, el fallo está en que la historia no va más allá de lo convencional, desechando a mitad del trayecto las tramas secundarias (el maltrato animal, la crisis económica) para centrarse en un clásico folletín romántico que para colmo es lo que más desluce del espectáculo. Robert Pattinson y Reese Witherspoon no están nada mal, pero su flechazo intempestivo no desprende ni la mitad de la pasión de otros romances trágicos con shows de por medio como Moulin Rouge, que es el primer precedente que me viene a la cabeza. De hecho, es Hal Holbrook, interpretando al personaje de Pattinson de anciano, quien en una sola mirada a una vieja fotografía consigue transmitir la mayor y más sincera emoción que es capaz de proporcionar la película. Bueno, él y la elefanta Rosie.

WATER FOR ELEPHANTS 
Richard LaGravenese realiza un trabajo de guionista similar al que hizo en Posdata: te quiero, adaptando con pulcritud un best-seller que al igual que habrá pasado con los lectores de aquel embaucará a los espectadores más sensibleros; la fachada es incomparable pero el corazón es de cadena de montaje. Atentos fanáticos de Malditos bastardos, pues Christoph Waltz encarna a un adiestrador de animales que se gasta casi tanta mala leche como el ya legendario coronel Hans Landa.

6’5/10

10/5/11

El rincón de Chechu: Mierda española

La rabiosa actualidad me devora. Me refiero a mi vida, a lo que he estado haciendo esta semana, a lo que mis pasiones se inclinan y a la marca que dejan en mi cabeza los acontecimientos recientes. Así que hoy les hablaré de cierta cosa que me ocurrió estos días; cinematográfica, por supuesto, pero también bochornosa. Y es que tuve el dudoso honor de ver una de las peores películas que he visto en toda mi vida. Palabra.

El viernes pasado fui a la biblioteca de las Conchas, aquí en Salamanca, para devolver dos cintas y coger otras tantas. Llegué al edificio, precioso por dentro y por fuera, subí las escaleras hasta el tercer piso, aguanté el insoportable calor, devolví los deuvedés y entré en la sala de audiovisuales. Hasta aquí, todo normal: nada difería de lo que hago habitualmente en ese lugar. Repasé las estanterías de cine español un par de veces -estoy ahora centrándome en nuestros clásicos, asignatura quizá un poco abandonada en mí- y escogí Muerte de un ciclista, de J. A. Bardem. Debajo de la sección de Buñuel, director magistral en el que he profundizado bastante este año -se lo recomiendo encarecidamente, algún día escribiré sobre él-, está la de Basilio Martín Patino, cineasta originario de esta ciudad antigua y empedrada al que, como es lógico, dedica la biblioteca de las Conchas un amplio espacio. Sin embargo, no estaba todavía muy seguro de qué otra cinta coger. Normalmente me decido por un clásico y otra más actual, por aquello de no saturarme demasiado, pero esta vez no me veía con fuerza para afrontar un Bigas Luna, un Almodóvar primerizo o una debutante Bollaín. Así que me fui a la sección de comedia. Y, oh, craso error. Nunca vayan a la sección de comedias españolas en un sitio así. Nunca.

Poster Chechy y familiaLo que me pasó en realidad fue que sin querer vi, entre los  Condemor y las tetas de Victoria Abril, un título en blanco sobre fondo rojo que se me hacía muy familiar, demasiado familiar, excesivamente familiar: Chechu y familia. ¡Coño! Ya me dirán, con el común nombre que gasto, las probabilidades de encontrarme con algo de este cariz. Así que sin dudarlo un instante la agarré. En la portada un niño travieso de unos trece años sentado en un hinchable sobre el agua azul de la piscina, bebiendo Coca-Cola. Aspecto desenfadado. Socarrón. Aspecto españolete. Y claro: Fernando Fernán Gómez, Antonio Flores, Neus Asensi (¡!). Ya me dirán cómo narices no iba a verla.

Dos días después, tras un intenso sábado de trabajo en casa de Blanch -la universidad, mayo-, propuse que viniesen él y otra amiga a mi casa para verla juntos. "¡Pero si se llama Chechu y familia! ¡Tiene que ser la polla!", les dije. Imagínense la coña que tiene todo el mundo con mi nombre, desde que nací hasta hoy mismo, y los juegos de palabras, entonaciones graciosas y chistes que hacen. Por lo tanto, cargados de jocosidad, vinimos a verla. "A ver qué carallo hicieron éstos con mi nombre", pensaba yo. "Qué estúpida tontería de película vamos a ver por culpa de este memo", pensaban ellos.

Chechu

Y claro. Tuvieron ellos razón. Empezaré por trazar brevemente el argumento: el susodicho Chechu, un chavalín espabilado de catorce años, se queda solo en casa un fin de semana porque sus padres se van de vacaciones. Sin embargo, un elenco de personajes lo acompañan en su juvenil aventura: la cocinera, la chacha, el tío, el abuelo, el jardinero, el vecino y el novio de la chacha a ratos. La casa es enorme, lujosa, situada probablemente en una Moraleja o en un Las Rozas, gente burguesa, gente de pasta. Pero gente, como suele ser habitual en este país, profundamente ignorante.

Ahora hagamos un juego. Yo voy a ir nombrando cada personaje y ustedes párense, antes de leer su descripción, a pensar en el mayor tópico y estereotipo en el que se le pueda encuadrar. De veras, háganlo. Y después cuenten mentalmente cuántos han adivinado.

Primero, el niño Chechu: gamberrete, mordaz, salido hasta niveles ilegales incluso, se pasa el día grabando en vídeo a su abuelo mientras caga, a su tío mientras come comida de perro, a la chacha mientras se desnuda o mientras su novio le mete mano. Por supuesto, está profundamente enamorado de ella, así que aprovecha que sus padres no están como excusa para enseñarle a nadar en la piscina. A lo largo de la peli le toca las tetas, le mete la mano por debajo de la falda, se casca una paja mirando cómo se lía con su mozo, le toca el coño en la piscina. Todo esto ante la complicidad de la chica. Y al final, prepárense, no es broma, al final... se acuesta con ella. Chechu, con catorce años, se tira a Neus Asensi.

Chechu y familia2

Segundo, el abuelete (Fernando Fernán Gómez): cascarrabias, maleducado, puerco, fumador y bebedor a escondidas. Está todo el día preocupado de que Chechu no sea homosexual y de tocarle los pechos a la cocinera, lo cual intenta y consigue entrando en el baño y metiéndole la mano por el escote mientras ésta se cambia de vestido.

Chechu y familia4 
Tercero, el tío: un gordo enorme, con trazas de algún problema psíquico, que está obligado por su hermana -la madre ausente de Chechu- a hacer régimen. Pero como no puede, se dedica a esconderse entre los abetos con hierbas en la gorra para camuflarse y robar la comida de los perros, que después devora asquerosamente en medio del jardín. También hay un chino que viene a darle masajes en la barriga. Y también se intenta suicidar bebiendo lejía porque es demasiado obeso.

Chechu y familia6 
Cuarto, la cocinera: una gigantesca gorda, gallega, que se pasa toda la película imitando mal nuestro acento, cantando muiñeiras entre dientes y entremezclando palabras en galego en sus frases, que por supuesto acaban todas en -iño/a. Se deja tocar las tetas por el abuelo en el servicio y se apoya en la mesa antes de comer, cuando nadie la ve, para que el jardinero se la folle por detrás.

Chechu y familia5 
Quinto, el jardinero: un hombre mayor, paleto y castellano, que no habla sino mediante gruñidos y se tira a la cocinera en la mesa del comedor mientras come asquerosamente, con cortes a plano detalle, un zanco de pollo al curri.

Chechu y familia3 
Sexto, la chacha (Neus Asensi): chica andaluza, ignorante, que se pasa media película desnuda o provocando a todo dios, especialmente a Chechu, y que se deja tocar los pechos, el culo y hasta la entrepierna por el mentado zagal. Su novio le pega unas hostias pero ella lo quiere mucho y lo perdona, hasta que lo descubre en la piscina desnudo con el vecino, se deprime y por consiguiente se acuesta con el niño de catorce años.

Neus Asensi 
Séptimo, el vecino: homosexual llevado al límite del esperpento, profesor de tenis de Chechu. Está todo el día diciendo vulgaridades y guarradas sobre otros hombres y sobre su propia mariquitez, llevando al más puro bochorno todas y cada una de sus acciones. Preocupado específicamente de tocar el paquete del novio de la chacha y de que éste le penetre.

Chechu y familia7 
Octavo, el novio de la chacha (Antonio Flores): un gitano que es muy celoso y va en moto. Acude a la casa porque quiere follarse a su novia, pero ya que ésta no quiere y le dice que tiene la regla, él le pega un hostión, va en la mentada motocicleta a atropellar a Chechu -porque piensa que le pone los cuernos con él, idea no muy descabellada, por cierto- y se cae. El gay lo cura, dándole un masaje disimulado en los huevos, y luego se baña con él. Su novia lo descubre y los dos -homosexual y gitano- se van corriendo de la piscina en pelotas, perseguidos por todo dios a grito de "¡maricones en mi casa no!", y pasan la noche en un árbol para que no se los coman los perros.

Chechu y familia8 
Todo esto aderezado con unos impresionantes encadenados y dos tipos de imágenes recurso: la cara de los canes y, sí, no miento, planos directos y cerrados del sol.

Fin. Éstos son los protagonistas y ésta es la historia. ¿Qué les ha parecido? A mí, personalmente, un insulto. Me siento profundamente atacado. ¿Quién les ha dado permiso para usar mi nombre en esa estúpida, homófoba, racista, sexista gilipollez?

Pero esperen, no se vayan todavía. He dejado dos perlas para el final. Prepárense: el vecino maricón se llama Florito y el guionista es Rafael Azcona. Hala. Ahí queda eso.