Robert Rodríguez contra Quentin Tarantino. La sesión doble de películas titulada Grindhouse que fue mutilada en su distribución española al estrenar por separado las dos películas que la componían ya tiene solución: las alquilas y las ves seguidas. O te las bajas. En cualquier caso, dos amigos muy particulares han rodado sendas películas que suponen un homenaje al cine de serie B (o Z) que ha sido relegado en la actualidad al estante inferior de algún videoclub. Ambas películas se han creado de forma similar pero son dos experiencias cinematográficas muy diferentes. ¿Zombis o tías buenas? ¿Y por qué escoger?

Lo mejor: Freddy Rodríguez y Rose McGowan, divertidísimos.
Lo peor: Puede que el exceso de vísceras llegue a provocar alguna arcada espontánea.
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Y no digo que esté mal, al fin y al cabo es su sello, pero me da la impresión de que se preocupa demasiado por esos detalles y desaprovecha la historia de la película, que se reduce a dos grupos de amigas hablando sin parar, un choque automovilístico brutal y una persecución.
Los que disfruten urgando dentro de la atípica mente de Tarantino se lo pasarán pipa, pero los que mantenemos cierta distancia nos quedaremos con la incómoda sensación de que el resultado podría haber sido mejor si la historia se hubiera desarrollado aunque sea un poquito.
Lo mejor: El choque frontal.
Lo peor: El final sabe a poco, mucho
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VEREDICTO: Los zombis putrefactos de Rodríguez son más divertidos que las salidorras de Tarantino.
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