15/10/16

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada VIII)

Por Carlos Rodríguez.

El día de hoy ha venido definido casi en su totalidad por la Sección Oficial. Tenemos en primer lugar Shelley, cinta danesa de terror que parece haber pasado muy de tapadillo por la programación del Festival, sin apenas atención del público, pero que, curiosamente, ha sido la única película hasta el momento en generarme verdadera inquietud. La trama es eminentemente deudora de La semilla del diablo de Polanski, pasada por un tamiz muy danés que recuerda a Anticristo sobre todo, con algunas ideas de Nymphomaniac (II), de Von Trier. La historia consiste en una pareja que, incapaz de concebir, decide solicitarle a su recién llegada asistenta la posibilidad de prestarles su vientre en alquiler.

Shelley

La película relaciona la maternidad con lo maligno, le niega el sustrato de obligatoriedad existencial al presentarla como un elemento degenerativo de manera hiperbólica, en relación con la naturaleza salvaje del entorno, de igual manera que hacía Anticristo, pero usando la forma cinematográfica claramente diferente. El terror se apodera del metraje como una ponzoña que lo va inundando todo a medida que avanza, instalándose en la psique de sus protagonistas. El deterioro físico de la protagonista va de la mano de la escalada de terror e inquietud. El tema me produce especial desasosiego, y por suerte la dirección acompaña, elegante, generando una atmósfera malsana, con toda la violencia sugerida, o fuera de plano. Casi siempre es más potente lo sugerido que lo mostrado explícitamente, y esta película es un buen ejemplo de ello. Solo le echo en falta mayor desgarro al final, que se termine de desatar para dejar un regusto más potente, una guinda que hubiera podido completar la mejor película del Festival. Casi.

Zombi

Haciendo un pequeño receso en la Sección Oficial, nos volvemos a encontrar con un clásico entre los clásicos: Zombi (1978), de George A. Romero. Su visionado me ha servido para reafirmarme en lo que opino de ella. Creo que su iconicidad está muy por encima de la calidad real de la película. Valoro muy positivamente toda su aportación al género de zombis, el enorme acierto de ambientar la película en un centro comercial… Empero, su sustrato filosófico está un poco sobredimensionado, y no tan bien desarrollado como se piensa. En este sentido, encontramos dos ideas interesantes: la sociedad está muerta, el consumismo nos hace vivir como zombis, totalmente alienados; y no hay nada más peligroso para el hombre como el hombre en sí mismo. Esto así enunciado queda muy bien, pero en la película está demasiado soslayado, y no lo suficientemente bien acompañado de escenas que revistan esas ideas con potencia. Vemos así la parte del asalto por parte de una banda al centro comercial, la que desata el desenlace de la película, que es tan ligera y cómica (voluntariamente, vale) que no se puede tomar en serio. Siendo así, no se justifican las más de dos horas de idas y venidas sin un sentido claro de la tensión. El montaje de Dario Argento (muy a su manera, con la cual no comulgo) y la música de Goblin (especialmente irritante) no me ayudan en nada. Aquí los protagonistas absolutos de la función son el centro comercial y los míticos efectos y maquillajes de Tom Savini.

 Operation Avalanche

Volvamos a la Sección Oficial. Operation Avalanche es una película que ya se hizo. Partiendo de esta base de innecesariedad, lo que en 2002 se realizaba en formato falso documental en Operación Luna, aquí se revisa y desarrolla dramatizado, aunque empleando la cámara en mano imitando el formato reportaje o documental. Se trata de una película de intriga en torno a la idea de que la llegada del hombre a la Luna, las imágenes que todos conocemos, son una farsa rodada con la ayuda de Stanley Kubrick, que acababa de rodar su 2001. Justifica con calzador su presencia en la SO de un Festival de Cine Fantástico, ya que se trata de un drama de intriga muy convencional, bien desarrollado y con buena factura, también con sentido del humor cuando quiere tenerlo, pero finalmente nada memorable y prescindible. Destaco lo bien medida que está la tensión. Esto es lo que más disfrutable la hace. Cuenta con una escalada de emoción hacia el final que le hace oscurecer el tono y me parece lo mejor de la película.

Swiss Army Man

Vamos con la película indie sobredimensionada del año (que todos los años nos encontramos alguna). Swiss Army Man es lo que es su premisa, enunciada en su magnífico prólogo: un náufrago, al borde de la desesperación y el suicidio, es salvado gracias a la aparición del cadáver flatulento de Daniel Radcliffe. Genial. A partir de aquí, se desarrolla una bizarra historia de amistad que consiste en estirar el chicle del gag. Verdaderamente, admiro la valentía de hacer algo así, porque ha salido un producto poco convencional solo por la premisa, y además demuestra cierta inventiva al crear escenas cómicas en torno a la relación de náufrago y cadáver. Hay algunas pretensiones filosóficas que se quedan en la superficie de una película en la que lo que destaca es su particular humor, pero sí añaden un poso extrañamente poético que no le viene mal. También atisbo un ligerísimo regusto de realismo mágico que, extrañamente, no me molesta, supongo que justo por ser ligero, pues entiendo que esta película dirigida por el francés de turno habría apestado a la legua. Finalmente, se queda en una película simpática y ligera, sin más alardes, con un Radcliffe ofreciendo su faceta más hilarante. Fan del agente que le haya conseguido este papel.

Raw

Finalmente, una de las más sonadas en este Festival: Crudo. Se trata del primer largometraje de la francesa Julia Ducournau, un drama universitario que se enfoca decididamente al terror psicológico, con la temática principal del canibalismo. Este motivo se desarrolla añadiendo con elegancia ligeros elementos sobrenaturales, como la pérdida de la voluntad ante la necesidad acuciante de carne humana. Existe una enunciación del vegetarianismo que parece ir a conducir a algún tipo de mensaje concreto pero que finalmente se abandona para centrarse en el desarrollo de la historia de canibalismo familiar. Destacan especialmente su actriz principal, cargada de matices en un papel nada sencillo, consiguiendo naturalidad o inquietando cuando es necesario; un guion bien dosificado que sabe crear momentos desagradables con solvencia, añadiendo notas de humor negro al conjunto, aunque presente un desarrollo algo ramplón; y una banda sonora potente y bien dosificada. El final está un poco cogido con calzador, pero le salva la distancia irónica con que rueda la directora.

14/10/16

No sin mis niños raritos

Poster Miss Peregrine

Dir.: Tim Burton
Int.: Assa Butterfield, Eva Green, Ella Purnell, Samuel L. Jackson, Terence Stamp, Chris O’Dowd, Judi Dench, Allison Janney, Rupert Everett, Kim Dickens
¿De qué va?: Una tragedia familiar provoca que el joven Jacob viaje hasta una remota isla de Gales, donde descubre las ruinas del hogar de niños peculiares de Miss Peregrine. Mientras explora los destartalados cuartos y pasillos, se da cuenta de que los niños que vivían allí eran realmente excepcionales y, algo aún más sorprendente, que aún podrían estar vivos.

Reseña: Tras la decepción que sintieron muchos ante la ausencia de “burtonismo” en Big Eyes, llega El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, con el objetivo de traer de vuelta la característica magia gótica de Tim Burton, un tanto diluida desde que el cineasta decidió sustituir el stop motion por el CGI. Pero aunque la película nunca consigue alcanzar las cotas de brillantez narrativa y estética de Eduardo Manostijeras o Sleepy Hollow, al menos no se sitúa en la la senda del esperpento plomizo iniciada por Alicia en el país de las maravillas y continuada por Sombras tenebrosas. Algo es algo.

Miss Peregrine3

La película tarda en arrancar demasiado y mete una trama familiar que luego se olvida de concluir, pero cuando por fin los niños peculiares hacen acto de presencia y se muestran sus poderes a través de curiosas presentaciones, la narración gana interés y agilidad, con pequeñas pero agradecidas dosis de humor negro. Y a pesar de que su mitología no dista demasiado de las de cualquier best-seller de fantasía para adolescentes, presenta un buen puñado de escenas y detalles realmente macabros que recuerdan a aquellos tiempos en los que se hacía cine juvenil sin miedo a resultar demasiado espeluznante. Incluso se rescata la técnica del stop motion para dotar de su característico movimiento a una serie de elementos que no nombraré para evitar spoilers.

Miss Peregrine

Assa Butterfield encaja perfectamente en el prototipo de héroe taciturno de las películas de Tim Burton, pero resulta bastante soso e insípido, quedando totalmente eclipsado ante una Eva Green maternal, magnética y exuberante, haciendo suya la película aun teniendo una participación secundaria; si está destinada a ser la nueva musa de Burton en sustitución de Helena Bonham Carter, bienvenida sea. Mientras que los intérpretes jóvenes están muy correctos (esos ojazos de Ella Purnell sí que son realmente peculiares), la cuota veterana está bastante desaprovechada, salvo por Samuel L. Jackson, que sigue rentabilizando su vena histriónica en papeles de villano que dan más risa que miedo; esa era la intención en Kingsman. Servicio Secreto, pero aquí no estoy tan seguro.  

Miss Peregrine2

El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares es una entretenida y vistosa celebración de lo raro, demasiado convencional pero mejor de lo que cabría esperar, sin llegar a ser nada del otro mundo. Donde más destaca es en su segundo acto, pues el primero se dilata más de lo necesario y el tercero se lía demasiado retorciendo las propias normas que ha establecido sobre bucles y saltos temporales. El desenlace deja abierta la posibilidad para una segunda parte, aunque es probable que si no se hace realidad nadie la echará de menos, puesto que no consigue intrigarnos por el devenir de la historia y de sus personajes una vez aparecen los títulos de crédito finales. Puestos a hacer una secuela, que Tim Burton haga la de Beetlejuice de una vez por todas.

6/1o

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada VII)

Por Carlos Rodríguez.

I Am Not A Serial Killer

A pesar de que solo he tenido la posibilidad de adentrarme en la Sección Oficial en una sola de las películas, la jornada de hoy ha sido de las más completas y variopintas. La abríamos con la irlandesa I Am Not a Serial Killer, de Billy O’Brien. Protagonizada por Max Records, el niño repelente e insoportable de Donde viven los monstruos, su trabajo en esta ocasión es más que decente, soportando todo el peso de la película junto a un Christopher Lloyd sobre el que tengo una debilidad especial. La historia, un chaval cuya familia trabaja en una funeraria comienza a percatarse de sus acuciantes inclinaciones sociópatas y psicopáticas, tratando de ponerles freno, mientras que en el pueblo un misterioso asesino en serie perturba a la población. Posee un sentido del misterio y la intriga bastante logrado, que funciona sin agotarse incluso ya descubierta la identidad del asesino. No es una película muy importante ni de altos vuelos, pero sí mucho más solvente que la media, atreviéndose incluso a crear una cierta iconicidad con algunas imágenes e ideas potentes que son muy de agradecer, aportando solidez al conjunto.

The Inverted Peak

Una de las secciones sobre las que más debilidad tengo es Anima’t Cortos, porque adoro el formato y porque el nivel suele ser más que decente. Me esperaba en esta ocasión la segunda tanda de cortos de animación a competición. Constato un nivel variado, pero destacaré los dos cortometrajes que me han parecido de una calidad mayor. Uno es The Inverted Peak, de los hermanos Greg y Myles Mcleod. Es un cortometraje de animación experimental, que basa toda su fuerza en sus bellas imágenes surrealistas con algunos nexos en común en su diseño (figuras que gotean, triángulos, representaciones de la muerte o irónicos smileys), en un impresionante y subyugante diseño sonoro y en una narración que se cuestiona preguntas filosóficas en torno al libre albedrío: ¿quién controla todo?

Love

El otro cortometraje a destacar es Love, del húngaro Réka Bucsi, muy laureado con su anterior trabajo en Festivales como la Seminci, donde se llevaría la Espiga de Oro. Con Love, Bucsi nos articula un relato planetario en torno al amor, dividiéndolo la historia en anhelo, amor y soledad. Un agente externo planta la semilla del amor en un planeta cualquiera, habitado por una serie de criaturas surgidas de la imaginación del animador, que consigue un trabajo de una belleza y una inventiva más que notable.

Hardcore Henry

La nota divertida de la jornada viene de la mano de Hardcore Henry, una coproducción estadounidense y rusa de acción en primera persona. La premisa de rodar en primera persona no es tan original como pareciera, pero sí lo es su incursión en exclusiva en una película de acción. El recurso recuerda demasiado a un videojuego, pero su factura es tan potente que impresiona. Es un cine ligero, para disfrutar de la acción frenética sin pensar demasiado. Valoro muy positivamente su feroz inventiva y la frescura en la dirección, con un total dominio del espacio y de los recursos del entorno. Su historia, que incluye elementos fantásticos y de ciencia ficción, es casi anecdótica, un pastiche de otras películas que ya hemos visto antes, pero sirve bien de hilo conductor, como excusa para desarrollar la acción. Esta se apoya en una banda sonora muy cañera, casando a la perfección con el estilo del filme. Por último, destacar los geniales títulos de crédito iniciales, y el icono pulp que se consigue crear con la película. Auguro un culto importante a Harcore Henry.

Santa Fiesta

Santa Fiesta es uno de esos documentales que ya tardaban en existir. Necesario. Miguel Ángel Rolland se encarga de documentar diversos festejos tradicionales españoles en los que se emplean y maltratan animales, ofreciendo algunos datos demoledores. Con un trabajo casi clandestino durante un año, ofrece imágenes de festejos celebrados durante 2015 con enorme raigambre en las diversas localidades, como el famoso Toro de la Vega, o los Bous a la mar. Y estos son algunos de los más conocidos, pero es posible que la gente desconozca que hay pueblos cuya diversión consiste en pelearse lanzándose ratas…

Poster Santa FiestaPartiendo de esa necesariedad y del orgullo por el atrevimiento, que aplaudiré hasta la saciedad, sí que me habría gustado un material más potente. Tengo la sensación de que, posiblemente por lo difícil que puede resultar grabar esas imágenes, no termina de ofrecer una dimensión completa del maltrato que sufren los animales en esas fiestas, limitándose al material que se ha logrado conseguir, que no es poco, pero tampoco suficiente, ofreciendo así un alcance relativo. Por ejemplificar esto, vemos la fiesta de los Bous a la mar, y el material se corta cuando el toro cae al mar y comienza a ser remolcado por las barcas, pero no se muestra lo que ocurre con él después, ni claro está, antes. Con todo, sigo opinando que toda lucha por erradicar según qué lacras de una sociedad que se cree civilizada es poca, así que bienvenido sea Santa Fiesta, y le deseo la mejor de las difusiones.

Terraformars

Finalizamos con la Sección Oficial, en este caso con la nueva película del incombustible Takashi Miike, que esta vez nos presenta una adaptación de imagen real de un manga. Terraformars es una historia futurista en que un grupo de desechados de la sociedad es enviado al planeta Marte, en proceso de colonización, para destruir unas cucarachas enviadas tiempo atrás. Pronto descubrirán que las cucarachas han mutado y ahora son humanoides de fuerza extrema. Pero ellos mismos esconden mutaciones que les permiten desarrollar súper poderes basados en características de insectos. La idea no puede ser más loca, y qué mejor director que Miike para llevarla a cabo, que ni tiene vergüenza ni la conoce. Y no se corta ni un pelo: la película es voluntariamente cómica, pagada de sí misma, excesiva por los cuatro costados y libérrima. Me mata su apego a la estética manga. Tengo la sensación de estar viendo un anime, cosa que cada vez soporto de menor agrado. Encima uno chusco, algo así como Super Sentai (los Power Rangers, vamos) mezclado con Sailor Moon y aderezado con Starship Troopers. Me hace cierta gracia, pero no termino de entrar en el juego. Para el que lo aguante.

13/10/16

Crecer entre vinilos y cassettes

Poster Sing Street

Dir.: John Carney
Int.: Ferdia Walsh-Peelo, Lucy Boynton, Jack Reynor, Mark McKenna, Maria Doyle Kennedy, Aidan Gillen
¿De qué va?: Debido a la recesión económica sufrida en Dublín en los años 80, Conor se ve forzado a abandonar la comodidad de la escuela privada en la que estudiaba para empezar de nuevo en la escuela pública, donde el clima es mucho más tenso. Sin embargo, allí encontrará un rayo de esperanza en la misteriosa Raphina, a la que intentará conquistar creando una banda musical y pidiéndole que protagonice sus videoclips musicales.

Reseña: De entrada, lo primero que nos preguntamos al leer la sinopsis de Sing Street es si necesitamos otro revival de los 80 este año, en el que hasta los Carnavales de Santa Cruz de Tenerife han decidido homenajear dicha década. Afortunadamente, la tercera película de John Carney es mucho más que un desfile de looks y de tributos a la escena musical de la época, fruto de combinar lo mejor de sus primeros trabajos: la naturalidad y la delicadeza de Once y la armonía y el buen rollo de Begin Again. Y qué temazos tiene, tan buenos y pegadizos como los que tenían aquellas dos.

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Mientras Irlanda estaba sumida en una recesión económica en los años 80, la MTV se convertía en un icono pop con la retransmisión continua de videoclips musicales. Es en este contexto, de creatividad nacida en tiempos de crisis, es en el que se mueve el protagonista de la historia, Conor, de tal forma que vuelca todo su drama familiar, los vaivenes del primer amor y la rabia por el acoso escolar que sufre, en su pasión por la música, bajo la influencia de algunas de las bandas más destacadas de aquellos años y bajo la tutela de su hermano mayor, quien le ofrece toda la sabiduría adquirida por una vida de fracasos y decepciones. Porque hacerse mayor implica afrontar la cruda realidad y los primeros desengaños de la vida, pero también tiene más que ver con tomar decisiones y arriesgarse que con conformarse y aceptar la derrota al no poder cumplir esos sueños inalcanzables. Sing Street es un ‘Coming-of-Age’ de pura cepa, siendo su sabia combinación de aprendizaje vital y optimismo juvenil uno de sus muchos encantos.

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Otra buena parte de su atractivo radica en su reparto, la mayoría intérpretes jóvenes y desconocidos; lástima que la película no profundice más en los carismáticos miembros de la banda que da título al film, pues tras la formación de la misma el foco se centra casi exclusivamente en el líder, al que da vida Ferdia Walsh-Peelo, perfectamente creíble en la continua búsqueda de su identidad, y en su particular musa, encarnada por una joven promesa, Lucy Boynton, que dependiendo del look que lleve y de cómo la enfoque la cámara, recuerda a Amy Adams, a Felicity Jones o a Gemma Arterton. Sorprende para bien Jack Raynor como el hermano inconformista, contrariado y erudito musical de Conor, con el que Carney aprovecha para concebir una bonita subtrama sobre los vínculos y las dinámicas fraternales.

SING STREET

De marcado carácter agridulce, rebelde y romántico (en el sentido revolucionario del término), Sing Street se erige como una de las películas más deliciosas de la temporada, respaldada por una fenomenal banda sonora que aglutina temazos clásicos de The Jam, Duran Duran o The Cure con uno de los mejores repertorios de canciones originales que nos ha dado el género musical en la última década. Podemos sospechar que John Carney continuará su carrera en este género, pero de momento le ha quedado una estupenda trilogía en torno al poder terapéutico, expresivo y reivindicativo del bien llamado arte de las musas.

8’5/10

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada VI)

Por Carlos Rodríguez.

I tempi felici verranno presto

Hoy sí es la lluvia lo que ha hecho gris el día. Más allá de la meteorología, la jornada festivalera ha sido productiva. Nos encontramos en primer lugar con la italiana I tempi felici verranno presto. Se trata de una suerte de cuento de hadas sui generis, en el que el principal protagonista de la función es ese elemento que tantos y tantos cuentos tienen en común: el bosque. La trama está plagada de lugares de indeterminación, apoyándose en un cripticismo al amparo de un bosque omnipresente, que aparece retratado sin apenas artificios. Es un cine lento y pretencioso, pero consigue momentos de enorme atractivo, sobre todo al atisbar sutiles relaciones entre sus personajes, atracciones ocultas, a veces fatales. Rodado con elegancia y calma, estirando mucho los tiempos, encontramos escenas especialmente delicadas, como aquel baño en el río que da imagen al poster del film. Es un cine muy sugestivo, aunque desde luego no fácil de digerir.

Solaris

El día ha continuado inmejorablemente con una vista atrás, nada menos que al cine de Tarkovsky con su mítica Solaris. De nuevo, no me quiero extender en una obra que ha hecho correr tantos ríos de tinta, y prefiero centrarme en las novedades, pero siempre es un placer poder recuperar estos clásicos en pantalla grande. No es la obra más redonda del maestro soviético (para mí Zerkalo sigue siendo insuperable), pero aún con eso, es un clásico imprescindible del cine de ciencia ficción que es muy loable reivindicar. Y me sigue impresionando su final, y sigue resonando en mi cabeza la inmortal música de Bach, que retomaría para sí muchos años después un Lars von Trier finalizando su trilogía sobre la depresión con Nymphomaniac.

The Handmaiden

Palabras mayores: Park Chan-Wook. Aunque tras su anterior película, para mi gusto la más floja de su filmografía, perdí un poco el hype por el coreano, qué duda cabe que sigue teniendo tirón, hasta el punto de que su nueva cinta es de las películas más esperadas del Festival. La doncella es un drama ambientado, cómo no, en la época de la ocupación japonesa, articulado casi como una película de espías, en que no sabes quién engaña a quién, y quién planeó qué. Dividida en tres actos, cada uno de ellos cuenta un punto de vista diferente de la historia, con una técnica narrativa cercana a la de Rashomon, de la que se sirve Chan-Wook para general la intriga y dosificar así los datos de su historia. Curiosamente, ya fuera del registro habitual del coreano, por las temáticas, constato que se sabe adaptar perfectamente a las necesidades de la historia que quiere contar, que requiere de mayor sutileza, destacando por encima de todo su sentido del erotismo, que rueda con una fuerza y una elegancia que no recuerdo vislumbrar en ninguna película suya anterior. Tampoco me parece de sus películas más apasionantes, pero se las arregla para ser cautivadora y que su largo metraje no sea un problema. Mención especial a las dos actrices principales, muy entregadas a su papel, y a la banda sonora, con mucha fuerza, compuesta al estilo minimalista de Glass, sobre todo en los temas más expansivos.

31

Para acabar, una pequeña decepción. Voy a tener que empezar a pensar que The Lords of Salem es una rara avis dentro de la filmografía de Rob Zombie, destacando especialmente por su sensibilidad macabra, por su fuerza visual y su calidad, en general, muy por encima del resto de sus películas. Como este era el precedente, no era difícil suponer que su siguiente cinta podría continuar esa senda. Nada más lejos de la verdad. 31 es casi como una regresión a los tiempos de La casa de los 1000 cadáveres, solo que más refinada y con mejor factura. Los problemas se le amontan por los cuatro costados. Rob Zombie demuestra que no sabe ir más allá de su premisa, por otro lado nada original, ofreciendo una película sin ningún argumento ni nada que contar. Toda su inventiva se agota en el maquillaje de los psicópatas. Ni consigue escenas de tensión llamativas, ni los asesinatos tienen fuerza, ni una mínima implicación con los personajes. Sí que tiene cierto sentido de la diversión algo tontorrón que potabiliza un poco el visionado, haciéndolo digerible, pero es una lástima que la película acabe tan pronto y se quede dando vueltas como pollo sin cabeza (más o menos, cuando superan la primera prueba, no desvelo mucho, y el resto son repeticiones del mismo esquema). Su estética feísta combinada con la esperpéntica se queda pronto sin demasiada gracia, sin ninguna garra. También encontramos demasiadas escenas resueltas con torpeza, abusando desde la dirección de la cámara temblorosa y los ralentís. En definitiva es, por desgracia, un patinazo importante en su filmografía.

12/10/16

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada V)

Por Carlos Rodríguez.

Jornada gris en Sitges. Y no porque el día haya venido lluvioso, no. Sino porque continúan las medianerías y el tedio se apodera de mí película tras película. A esto hay que sumarle un plus de sueño, de ese tipo especialmente virulento que sentimos los acreditados de prensa, que nos levantamos a diario antes de las 7 para reservar con la celeridad de un DeLorean a punto de viajar en el tiempo aquella entrada que prevemos es más jugosa, en pases con buenos horarios pero poco cupo para prensa (pues a nosotros se nos adjudican los horarios más intempestivos). Más flagrante es que muchas de estas películas se hallen compitiendo en Sección Oficial, pero entiendo que una Sección Oficial con treinta películas (una barbaridad), debe tener de todo.

Museum

Pues eso, nos adentramos en competición con otro thriller policíaco oriental como ya estamos viendo muchos en esta Edición del Festival. Se trata de la japonesa Museum, de Keishi Ohtomo. La historia bebe indudablemente de Seven, sin aportar nada nuevo, y la estética añade además un aire manga bastante marcado (se trata de una adaptación), muy habitual, como venimos viendo, en el cine nipón (lo cual, en la mayoría de los casos, me parece una importante rémora de la que no se saben zafar). Su factura es decente, con un manejo de la tensión más o menos medido, pero es demasiado tramposa, previsible, y deja las cosas a medio enunciar. La escritura es mayormente desastrosa, con diálogos vergonzantes y ocurrencias ridículas de la trama. Este pastiche de demasiados filmes conocidos no es nada memorable y tan pronto acaba, muere en tu recuerdo.

Mon Ange

Peor aún la belga Mon Ange, una afectadísima cinta romántica que deseas poder ver con un poco de insulina inyectable delante, para un momento de necesidad. La trama tiene cierta originalidad: un chico invisible, que nunca se ha relacionado con nadie, se enamora de una chica ciega que, por razones obvias, no es capaz de discernir la nula opacidad del novio, que se calla lo suyo como una perra. Ambos crecen, ella se opera de la vista y recupera el sentido, lo que puede suponer algún problema que otro en la relación… El limitadísimo núcleo dramático de esta película se reduce a esta breve sinopsis. No va más allá. No hay dirección, ni hay mensaje aunque se pretenda (esas disertaciones de primero de filosofía no sé a quién se las piensan vender). No solo el fondo es vacuo; la forma es empalagosa, cargada de primeros planos ultra iluminados, apoyándose en la belleza de su actriz principal (o actrices) hasta límites insospechados. Le concedo el mérito de alguna sutileza más o menos elegante, por ejemplo al rodar escenas de sexo (no era tan fácil de conseguir como podría sonar). El final no podía ser más inocente (para mal).

Pet

Aunque más digerible, Pet es otra cinta mayormente prescindible. Protagonizada por Dominic Monaghan y dirigida por Carles Torrens, no consigue urdir una trama mínimamente coherente, por lo que el castillo nace ya derribado. La estupidez de la trama apenas merece la pena ni ser explicada, pues ni el mismo guion se preocupa de justificar sus decisiones para hacerlas mínimamente verosímiles. Y como aquí ni el director tiene claro lo que nos quiere contar, enseguida uno se pierde en una cinta de 90 minutos que parecen 180. Además, el tratamiento de la violencia es exasperantemente poco imaginativo. Lo que debería servir como vehículo para manejar la tensión y los clímax, se hunde en un pozo de indiferencia, que casi roza el ridículo y la risa involuntaria.

In a Valley of Violence

Menos mal que una película ha salvado el día, y casi justifica el Festival en sí. Hablo de la última de Ti West, In a Valley of Violence. Se trata de un western cuyo tono homenajea al spaghetti, con la temática de la venganza como eje central en la trama. El personaje protagonista es épico pero también humano, y Ethan Hawke sabe otorgarle los matices y la presencia necesarios, con una interpretación magnífica. Ti West sabe moverse por diferentes tonalidades, a veces intimista, a veces cómico, o serio. La banda sonora apuesta decididamente por los recursos compositivos más característicos de los westerns italianos, con esa opulencia épica y esas instrumentaciones tan características. Los secundarios están excelentes también, a destacar un Travolta con un papel más que solvente que le viene al dedo. No se mueve en cotas dramáticas demasiado elevadas, y se le ven un poco las costuras, pero es modesta y consigue una complicidad con el espectador que hace que durante 100 minutos, te olvides de todo y disfrutes plenamente de la película, que es justo de lo que va esto del cine. Ojalá estuviese en Sección Oficial…

11/10/16

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada IV)

Por Carlos Rodríguez

El día de hoy ha venido cargado de jugosas novedades, algunas de las cuales se encuentran entre lo más esperado del Festival.

Blair Witch

Sobre todo, claro, hablo de la nueva cinta de Adam Wingard para la Sección Oficial: Blair Witch, remake del ya clásico del cine de terror de los 90 El proyecto de la bruja de Blair. Lo más decepcionante de todo no es que, finalmente, sea una cinta mediocre, que lo es. Es que nos haya vuelto a vender otra vez la misma película, con este remake indisimulado que no aporta prácticamente nada. La trama es la misma, está estructurada prácticamente igual, los sustos son igual de tontos, y lo único bueno que tenía la primera, que era precisamente la originalidad del formato, se pierde, ya sin apenas factor sorpresa. Una atmósfera conseguida con solvencia es lo poco que salva de la mayor de las quemas a esta película innecesaria, que parece querer confiar todo su éxito al estruendo y la sucesión de sobresaltos. Para el que le guste.

Dog Eat Dog

Dog Eat Dog es un thriller dirigido por Paul Schrader, también en Sección Oficial. La historia gira en torno a tres ex convictos que se dedican a realizar encargos delictivos para ganar dinero. Las fantásticas interpretaciones principales de Cage (sí, se lo tengo que reconocer) y Dafoe, sostienen una película que no aporta demasiado, pero que está rodada con pulso firme, aludiendo a los thrillers de los 90 con un estilo pulp muy característico. El resultado, por suerte, es bastante entretenido. Y como no se propone otra cosa, se puede decir que objetivo conseguido. Pretende, eso sí, algunas florituras formales que en realidad ya están más vistas de lo que se cree, pero siguen funcionando en pantalla. Además, la letra de Schrader es, como de costumbre, más que potente.

Creepy

Lo mejor del día ha sido sin duda la tercera de esta Sección Oficial, que viene a confirmar lo fuerte que está pegando el cine asiático este año. Hablo de la cinta del gran Kiyoshi Kurosawa Creepy. La urdimbre tejida por Kurosawa en este tenso thriller psicológico de terror posee una fuerza virulenta que traspasa la pantalla y se clava en el espectador, que solo puede permanecer indefenso a merced del talento del japonés. Tras un soberbio arranque, Kurosawa nos monta una película de intriga policíaca de asesinatos completamente envolvente, con atmósfera, con personajes muy bien escritos, con una banda sonora apabullante, y dirigida con la elegancia marca de la casa, que le viene al pelo al tono de la película.

Under the Shadows

Decente, aunque a un nivel modestamente inferior, la producción británica-iraní Under the Shadows. Se trata de un drama familiar en que una madre y su hija, solas en su vivienda de Teherán, intentan sobrellevar el pánico por la guerra en su país, en la década de los 80. El elemento fantástico y paranormal que aparece en la película se refiere a la paranoia y el miedo por las bombas en un momento en que ningún lugar es seguro por culpa de la guerra. Estos elementos sobrenaturales se manifiestan en forma de pesadillas, aunque cada vez parecerán más y más reales. El mensaje es expansivo y su director sabe el rumbo que ha de llevar para contarlo, pero el resultado es demasiado convencional y poco atractivo como para destacar demasiado (si dejamos a un lado la ambientación y el contexto de la historia, que son algo circunstancial y accesorio al mensaje).

Rupture

Finalizamos el día con la pésima Rupture, una cinta de terror protagonizada por Noomi Rapace que alude directamente a Martyrs por su historia con bastantes elementos de similitud, en que una mujer es secuestrada por una extraña sociedad científica que busca hacer mutar el ADN de las personas a base de enfrentarlas, mediante torturas sistemáticas, con sus mayores temores (¿?), transformándoles la cara en un precioso cuadro de Picasso. No solo la idea es una soberana gilipollez, sino que está realizada de manera tosca, aburrida, visualmente intenta copiar el atractivo del cine de Argento sin acercarse ni de lejos a Refn, más bien empalagando, con unos efectos especiales paupérrimos, y con uno de los cierres más anticlimáticos y patéticos que haya podido ver en lo que llevamos de Festival y parte de los anteriores. Para olvidar, por el bien de todos.